
Cuando me ofrecieron la oportunidad de ilustrar este número de La Linterna del Traductor pensé inmediatamente en Chillida. Soy traductor y utilizo el lenguaje para ampliar la comunicación, conseguir que lo que un autor dijo a un público concreto, pueda llegar a otro público más amplio. En eso no soy más que un aprendiz de los grandes artistas, que son capaces de crear su propio lenguaje para comunicarse con todo el mundo.
Eduardo Chillida fue uno de ellos, fue capaz de manipular el hierro y la piedra para expresar ideas y sentimientos que iban mucho más allá de las palabras y el idioma. También utilizó el papel como vehículo de expresión, supo plasmar sobre su ligereza la solidez del hierro y de la piedra, junto con su rotundidad de formas, para seguir hablando su propio lenguaje. Un lenguaje en el que las palabras son secundarias, son meras comparsas casi innecesarias.
Las ilustraciones que he hecho para este número pretenden ser a la vez un homenaje y una muestra de admiración por uno de los grandes comunicadores de mi tiempo.
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