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No solo de pan vive el traductor

La donna è mobile

Las ilustraciones de este número

CONTEXTO

CONTRAPORTADA

Colofón: No solo de pan vive el traductor

La donna è mobile

Harold Mastropiero explotaba un sórdido local en el que funcionaban un cabaret clandestino, un salón de juegos prohibidos y un centro de apuestas ilegales. Pero en realidad, su local era sólo una pantalla para ocultar la verdadera fuente de sus fabulosos ingresos: en los fondos funcionaba un almacén.

Lazy Daisy, de Les Luthiers

Tina Parcero Tina Parcero es traductora de inglés y portugués a español, principalmente literaria, y mezzosoprano con un chorrito de voz.

En mi familia, toda celebración que se precie debe finalizar impepinablemente con un repaso a canciones populares gallegas, boleros, fados y rancheras, en especial las de argumento alcohólicamente melancólico. Mi madre, con su chorro de voz, lidera el grupo, mientras el resto intentamos hacerle los coros. Entre airadas discusiones por los cambios de ritmo y las diferentes versiones de la misma letra, a veces conseguimos armonizar y suena hasta bonito.

Lamentablemente no he heredado el chorro de voz materno. Sí un buen oído, al menos, que me ha venido bien para el aprendizaje de idiomas y para colarme en el Coro Universitario de Vigo, donde me aceptan sin saber solfeo porque son muy buena gente. Llevo en sus filas desde el año 2008. El primer día entré solo a curiosear, simplemente porque era el coro que me quedaba más cerca de casa. Lo primero que me impresionó (y no es peloteo) fue la magnífica voz de la directora, la mezzosoprano Nuria Lorenzo. Lo segundo (tampoco, desconfiados), el estupendo ambiente y la cariñosa acogida que me brindaron mis compañeros. Lo tercero, que estaban preparando una selección de coros de ópera de Verdi, para presentarlos en el teatro más importante de mi ciudad. Glups.

Nuestra directora es una persona inquieta y luchadora que ha conseguido que un coro formado por universitarios, inestable por definición (¡se callen esas risitas!), saque adelante repertorios arriesgados e innovadores, lo cual ha llamado la atención en nuestro entorno. Por otro lado, hasta hace dos años, por falta de medios, a nuestra ciudad no llegaban ya las grandes producciones de antaño. Pero la Asociación Amigos de la Ópera de Vigo ha decidido apostar por traer solistas de calidad y, a la vez, aprovechar la base musical de la ciudad, echando mano del coro y de la orquesta locales, en vez de «importarlos». Nuestro buen hacer —baja, Modesto— y el respaldo de la Universidade de Vigo consiguieron que nuestro coro fuese el escogido (¡toma!) para la primera producción de este tipo, Il Trovatore, estrenada el 22 de diciembre de 2013.

Para reforzar el coro, algo escaso de voces masculinas, organizamos un casting y hasta un flash Mob por todo el campus universitario, y seguidamente nos lanzamos a la tarea, con tanta ilusión como atrevimiento.

CoroPara mí y mis compañeros, entrar en el mundo de la ópera «de verdad» fue como vivir dentro de un sueño. A los ensayos habituales, de coro solo o con orquesta, se sumaron los del director de escena —que nos marcaba los movimientos y nos explicaba cómo gesticular para ser unos gitanos creíbles, unas devotas monjas o unos feroces soldados—, las pruebas de vestuario, los ensayos generales... Sacrificábamos horas de descanso, de estudio, pero daba igual: íbamos flotando de un lado a otro como duendecillos ojerosos de garganta irritada.

Por supuesto, la noche del estreno lo dimos todo. Los cuatro harapos de las gitanas lucían muy vistosos con los enormes collares y los pendientes de aro. Bajo los focos, las botas de goma de los soldados parecían de cuero auténtico. Los hábitos de monja con los que salíamos vestidas en el segundo acto eran pesados, de lana como los de verdad, y picaban que daba disgusto.

CoroLas chicas teníamos poco papel sobre el escenario, aunque muy lucido, especialmente en el delicado coro de monjas Ah!... se l'error t'ingombra, difícil de «empastar», sobre todo con el enorme crucifijo que dominaba la escena, tras el cual algunas no podíamos ver las entradas que nos marcaba el director. Los chicos sí tenían mucha presencia en escena. Como la acción iba in crescendo, cada vez que los soldados salían del escenario las maquilladoras les añadían un poco más de sangre artificial con una esponjita, con lo cual los pobres acabaron con una pinta lastimosa.

El público que llenaba el teatro notó la diferencia con las producciones anteriores, y la agradeció con unos aplausos atronadores, especialmente tras el famosísimo coro de los gitanos. Vale, sí, gran parte del entusiasmo procedía de amigos y parientes de los coristas. Envidiosos...

Aquella oportunidad que se nos concedió casi de favor hace año y medio se ha convertido en una colaboración sólida, que continuó con el estreno en 2014 de Lucia di Lammermoor y que seguirá, según acaban de anunciarnos, en la próxima temporada.

Qué pesados: acabaré teniendo que aprender solfeo.

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