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Filomena Ama

Miguel Jelelaty

Miguel Jelelaty Obeid es intérprete de conferencias desde 1999. Es licenciado en Traducción e Interpretación por la UAB y ha cursado los estudios de doctorado en Comunicación Multilingüe de la UPF en 2002-2003. Fue profesor de interpretación en la UPF del 2006 al 2013 y es docente de Protocolo con el Mundo Árabe en el Máster de Protocolo de la URL. Nació en Madrid y ha vivido en Beirut, Madrid, París y Barcelona. Es bajo-barítono, habla siete idiomas y un dialecto, colecciona pasaportes y busca desesperadamente una ciudad donde jubilarse. Ha trabajado más de mil días como intérprete.

Filomena ama, pero viene de un país pequeño y conservador en el que algunas formas de amar están prohibidas. Un país en el que priman la generosidad y la solidaridad, pero donde solamente se puede amar siguiendo las reglas férreas de una estricta tradición.

Filomena creció envuelta en paradojas de costumbres ancestrales que enaltecen el sacrificio incondicional a la vez que castran el simple acto de amar entre dos personas. Entonces, Filomena aprendió a esconder su amor y a no compartir sus sentimientos más que con las hadas que la visitaban en su sueño.

Y así, Filomena fue descubriendo la inmensidad del amor que yacía en su alma que, según pasaban los años, le costaba cada vez más mantener escondido.

Y Filomena se fue sometiendo a las absurdas reglas de su sociedad. Así, con el paso de los años, el amor que no conseguía escaparse de sus entrañas se fue amansando, perdiendo brillo y, poquito a poco, se marchitó.

Una guerra sobrevino, y al amor enclenque que le quedaba, los protagonistas de la guerra terminaron de darle el hachazo final.

Y a Filomena la castraron.

La sociedad con sus leyes, la guerra con sus señores, la religión con sus pecados y la familia con sus frustraciones le fueron dando golpes de gracia que acabaron apagando el remanente de luz que aún guardaba en su interior.

Más tarde, sin red de seguridad, sin previo aviso y sin armas para defenderse, a Filomena la lanzaron al gran continente, un inmenso espacio que ha alcanzado niveles inauditos de riqueza y bienestar pagados con casi su reserva entera de humanidad y compasión. Filomena aprendió a adoptar el ritmo del gran continente, se fue haciendo mayor, pero siguió aferrándose a su humanidad y a su compasión y nunca fue feliz.

De vez en cuando, a Filomena se le han ido escapando de las entrañas restos de amor aún en vida. Han surgido sin control, a borbotones, pero Filomena, asustada, los ha devuelto a su interior. Amar debilita, pensaba. Bastante trabajo le costaba mantenerse viva como para ponerse a analizar por qué, a pesar de sufrir una represión sistemática, el amor persistía en mantenerse vivo a toda costa en sus entrañas.

A pesar de estos episodios aislados de desajustes emocionales, Filomena ha conseguido, durante una vida entera, mantener siempre su estabilidad vital.

Filomena jamás ha amado.

A pesar de cumplir varias décadas de vida estable y solitaria, Filomena no ha dejado de nutrirse en las dos fuentes de sustento que siempre la han mantenido en vida desde pequeña, la música y la literatura. Sus alimentos han sido notas y palabras y, cuando estaba sola y lejos de miradas inquisidoras, también han sido sueños.

Filomena leía y cantaba pero no amaba. Había desaprendido a amar desde joven y se había hecho a la idea de que en el libro de su vida, así estaba escrito.

Así que, cuando el amor rompió a la vez todas las compuertas e irrumpió desatado a la luz, anegando sus defensas y sometiéndola a su titánica fuerza, Filomena no tuvo otra posibilidad más que rendirse.

Así es como la fortaleza de una vida entera de contención y de temor se vio barrida por una gigantesca ola de amor.

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