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Mónica Parcet: una urbanita fascinada por la naturaleza

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Mónica Parcet: una urbanita fascinada por la naturaleza

Mónica Parcet Mónica Parcet Ordóñez nació y se crio en Madrid, donde también estudió Psicología. Tras finalizar la carrera, se trasladó a Berlín para ver un poco de mundo con una beca del DAAD. En el mundillo de la traducción entró de la mano de una cadena de televisión alemana traduciendo documentales. Desde 1998 trabaja como traductora, revisora y gestora de proyectos en el Servicio de Traducción de la empresa Bayer en Leverkusen, tarea que simultaneó durante algunos años con la docencia en el Máster en Traducción Biomédica y Farmacéutica de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona. Actualmente es también presidenta de la Asociación de Traductores y Redactores en Medicina y Ciencias Afines Tremédica.

 

Desde que puedo recordar me han atraído los lugares con carga histórica, esos que han sido escenario de momentos que, para bien o para mal, han cambiado el devenir de la historia o que nos han dejado vestigios de otros tiempos y todavía conservan la magia de otras épocas. Y, si bien soy urbanita hasta la médula —mi lugar actual de residencia, Colonia, con casi un millón de habitantes, es la ciudad más pequeña en la que he vivido nunca—, siempre me ha gustado la naturaleza.

Si bien soy urbanita hasta la médula, siempre me ha gustado la naturaleza.

En mi niñez fue sinónimo de pueblo de los abuelos, de vacas, jatos, madreñas, forcas, conejos, gallinas, gocho, de aprender a distinguir el trigo de la cebada, de montar en un trillo tirado por la pareja de vacas, de ir subida a un carro cargado de pacas, de imponentes gargantas de piedra y de chapuzones en un río de aguas heladas. En la adolescencia, escenario de correrías, de piernas arañadas por las zarzas, de fruta robada a la luz de la luna y de encuentros furtivos. Con el correr del tiempo, la descubrí como remanso de paz y de desconexión del ajetreo de la vida diaria y, en los últimos tiempos, como motivo fotográfico.

Siento debilidad por la imperfección: a veces encuentro una belleza sublime en una flor marchita.

Me fascinan sus formas y colores, esa enorme filigrana que solo se puede apreciar cuando te detienes a contemplarla de cerca. Siento debilidad por la imperfección: a veces encuentro una belleza sublime en una flor marchita; en lo que queda cuando pasó el apogeo y ha desaparecido la vistosidad colorista. Y, por encima de todo, admiro su fuerza: la naturaleza colándose por cualquier resquicio, la naturaleza abriéndose paso entre el hormigón… La naturaleza —en definitiva— reconquistando su espacio. En el pulso que el ser humano a veces mantiene con la naturaleza, ella, antes o después, siempre termina imponiéndose.

Amanita Drachenzähne Drachenzähne Dedalera y belloritas
Dedalera Ricino Prímulas Anémonas
Acónito Cardo bendito Cardo mariano Brugmansia
Brugmansia Belladona Belladona Vellberg
Estramonio Convalaria Dedalera Colchico
Despachapastores Lupinus Garita

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