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2.º congreso Words to Deeds: El valor de los profesionales de la traducción jurídica

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2.º congreso Words to Deeds: El valor de los profesionales de la traducción jurídica (Londres, 2 y 3 de febrero de 2018)

Los días 2 y 3 de febrero de 2018 se celebró en Londres la segunda edición del congreso Words to Deeds. Una magnífica oportunidad para aprender y promocionar el valor de la figura del traductor jurídico y de la labor que realiza. Un reportaje muy legal de la delegación asetradera desde el mismísimo Londres.

Belén Carneiro se licenció en Traducción e Interpretación por la Universidad de Vigo en 1998 y es traductora jurada de inglés. Desde el año 2000 trabaja como traductora autónoma de inglés a español y se ha especializado en traducción legal y financiera a través de su amplia experiencia y de formación continua específica (posgrado en finanzas y varios cursos sobre banca, Common Law y Derecho civil, entre otros).

Béatrice Pépin es licenciada en T&I (homologación) y titular de un máster en Traducción Jurídica y Económica (Universidad de Cergy-Pontoise). Autónoma desde el 2003, está especializada en traducción financiera y comunicación corporativa (inglés-español > francés). Su actividad también abarca la revisión, la redacción y la traducción humanística y cultural (español-gallego > francés).

Ruth Gámez y Fernando Cuñado son licenciados en Derecho y traductores especialistas en traducción jurídica. Ruth, además, es licenciada en Traducción e Interpretación y traductora e intérprete jurada. Desde el año 2008 trabajan en equipo como traductores freelance y publican regularmente artículos sobre su campo de especialización en el blog Traducción Jurídica.

Comenzamos la jornada de este gélido 2 de febrero en plena City londinense con una cálida acogida en las oficinas centrales del bufete Irwin Mitchell, uno de los más importantes del Reino Unido, con una historia centenaria.

Juliette Scott, autora del blog From Words to Deeds y organizadora del evento, nos recibió recordándonos los objetivos de la conferencia: ofrecer formación continua de alto nivel, congregar a diversos perfiles profesionales del ámbito jurídico de todo el mundo, dar visibilidad a la profesión y sensibilizar sobre su relevancia.

La organizadora cedió más tarde la palabra a dos abogados del bufete anfitrión, que nos explicaron el alcance internacional de su labor, así como el papel esencial que desempeñan los traductores y que les permite defender los intereses de sus clientes.

En este contexto, el primer taller no podía venir más al caso, «Colaborar con los clientes para conseguir mejores resultados». La ponente Christina Guy es traductora de holandés a inglés, especializada en Derecho de la competencia, y entre sus clientes se encuentran prestigiosos despachos de abogados de los Países Bajos. Para empezar, destacó la importancia de que las grandes empresas con necesidades de traducción dispongan de un plan estructurado para la subcontratación del servicio y subrayó la necesidad de la desintermediación y de un trato directo entre el traductor y el autor del documento de origen.

Christina recomendó crear un glosario de los términos clave del proyecto y dedicar tiempo a acordar su traducción con el cliente. Debemos explicar cómo funcionan las memorias de traducción, separar los recursos de cada cliente para no vulnerar la confidencialidad y emplear correctamente los recursos públicos (por ejemplo, una memoria con la legislación europea pertinente en las diferentes lenguas oficiales para detectar posibles errores en las citas incluidas en el texto original). Christina defendió un proceso de traducción paralelo al de redacción del original, en el que autor y traductor intercambien comentarios y documentos, se mejore el texto original a lo largo del proceso y se resuelvan cuestiones fundamentales: ¿queremos usar un estilo complejo y enrevesado o redactamos textos más sencillos (plain English)?, ¿mantenemos las ambigüedades o las resolvemos? Según la ponente, con este planteamiento conseguiremos que cuando los clientes redacten sus documentos lo hagan pensando en la posterior labor de traducción.

Tras la pausa para el café, pasamos al segundo taller, «Cruce entre lo legal y lo financiero: nuevo marco europeo de información financiera y no financiera». Robin Bonthrone, experto traductor en finanzas, auditoría y contabilidad, encargado durante varios años de coordinar la versión en alemán de las NIIF, repasó las normas de presentación de informes financieros y no financieros.

Words to DeedsRobin se refirió en primer lugar a la información de carácter financiero y nos habló de los principios contables generalmente aceptados (los GAAP), las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC) y las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), así como de la legislación europea en esta materia. Hizo un repaso de su evolución y se detuvo a analizar la Directiva 2013/34/UE: reduce los requisitos impuestos a las entidades de menor tamaño y aumenta las exigencias para las grandes empresas, en especial para las entidades de interés público (PIE o public interest entities) formadas por los bancos, las empresas de seguros y las sociedades cotizadas. Sin embargo, sus exigencias se consideran mucho menos estrictas que las recogidas por las NIIF, las cuales permiten generar informes más pormenorizados y específicos porque se basan en principios y no solo en la cumplimentación de determinados apartados en los informes (check-the-box requirements). Respecto a los informes no financieros, las Directivas 2014/95/UE y 2013/34/UE imponen la publicación de informes de responsabilidad social corporativa y medioambiente, responsabilidad social y gobernanza a las PIE con más de 500 empleados (más de 8000 sociedades, según estimaciones de la CE). Para saber cómo se concretarán finalmente tales requisitos, tendremos que estar atentos a la transposición de las directivas en los diferentes Estados miembros. Por último, se destacó la introducción del European Single Electronic Format, que deberán utilizar todos los emisores de mercados regulados de la UE para presentar sus informes anuales a partir del 1 de enero de 2020. Entre sus ventajas está la adaptación automática de las cifras y, entre sus inconvenientes, el uso de etiquetas que pueden dificultar la visualización del contexto.

Nos desplazamos al Canary Wharf para los talleres de la tarde, nada menos que a la sede de Thomson Reuters.

Gianluca Pontrandolfo, profesor del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Trieste, comentó las «Dificultades de traducción de las sentencias penales», poniendo como ejemplo textos en inglés, español e italiano, sus lenguas de trabajo. El ponente abordó el texto como una superestructura o «caja» y analizó las diferentes partes de una sentencia en estas tres lenguas, destacando las diferencias formales. Nos recordó, citando a Borja Albi, que el traductor debe respetar siempre estas particularidades del texto origen (por ejemplo, el hecho de que los jueces ingleses dicten sentencia utilizando la primera persona, mientras que los españoles recurren para el mismo cometido al estilo indirecto e impersonal). Más tarde se detuvo en «el contenido de la caja» o los microelementos que conforman el texto, y repasó los recursos que podemos emplear para resolver términos para los que no exista una equivalencia en la lengua meta (préstamos, omisión, neologismo, etc.). Para terminar, analizamos algunos tecnicismos legales que pueden tener multitud de significados dentro del propio ámbito legal (por ejemplo, «sumario»). Destacó la importancia de estudiar el contexto, conocer el ordenamiento jurídico y el uso del lenguaje especializado en este ámbito para utilizarlos correctamente.

Practical Law abarca Reino Unido, Estados Unidos, China, Australia y Canadá y, en el apartado internacional, incluye legislación de la UE y material relativo al arbitraje y la competencia.

Llegó el turno de nuestros anfitriones de la tarde. Jessica Brown, responsable de formación del cliente de Thomson Reuters Legal para Reino Unido e Irlanda, nos habla de «Cómo sacar el máximo partido a los recursos legales electrónicos». La ponente nos hizo una demostración de sus plataformas online Practical Law y Westlaw International, a las que se puede acceder mediante suscripción. Practical Law abarca Reino Unido, Estados Unidos, China, Australia y Canadá y, en el apartado internacional, incluye legislación de la UE y material relativo al arbitraje y la competencia. Permite acceder a documentos tipo, guías o las últimas novedades que se han producido en ámbitos como la prevención de la corrupción, el blanqueo de capitales o las fusiones y adquisiciones, el Derecho laboral o el ámbito inmobiliario, entre otros. El material es elaborado en exclusiva para este servicio por expertos juristas que han ejercido como abogados. Westlaw International consiste en una amplísima biblioteca internacional de información jurídica y empresarial, noticias, libros, guías, etc. En ella podemos hallar jurisprudencia, legislación, tratados y directorios de Australia, Canadá, la Unión Europea, Hong Kong, Reino Unido y Estados Unidos.

Muy acertadamente, dadas las horas, el último taller se desarrolló a modo de conversación entre Louis Beaudoin y Frédéric Houbert. El tema: la «Creación de diccionarios para la traducción jurídica».

Ambos ponentes son traductores legales y financieros de inglés a francés, con una amplísima experiencia, que trabajan para diferentes instituciones internacionales y que han publicado por separado varios diccionarios jurídicos. Nos explicaron que la frustración de no encontrar soluciones en los diccionarios que tenían a su alcance fue lo que les llevó a crear el suyo propio, constituido principalmente por fraseología, más que por términos aislados. Aparte de la solución de traducción, en sus obras incluyen abundante información contextual. «Background information. How much is enough?», se preguntaron. También plantearon en su charla si un diccionario debe ser prescriptivo o descriptivo. Ellos defendieron los diccionarios prescriptivos y, por eso, han aportado en sus obras recomendaciones o sugerencias de cambio cuando el uso actual no era del todo correcto.

Y el viernes terminó con una selfi bajo la mítica ticker-tape de Thomson Reuters, algo cansados, pero con ganas de más. Por suerte aún nos quedaba el sábado.

Las conferencias tuvieron lugar en los magníficos edificios de la Honourable Society of Gray’s Inn, uno de los cuatro Inns of Court londinenses.

Vuelta al barrio de Holborn para el día grande del sábado (lo de variar los decorados ¡es un puntazo!). Las conferencias (¡mejor dicho en plural!) tuvieron lugar en los magníficos edificios de la Honourable Society of Gray’s Inn, uno de los cuatro Inns of Court londinenses. Históricamente, eran unas casas señoriales (manors) que, a finales del siglo xiv, pasaron a ser «pensiones» para abogados (los barristers que defienden los casos en los tribunales). Allí se alojaban los estudiantes y aspirantes a la profesión y se reunían los abogados para cenar juntos, debatir sobre cuestiones de derecho y estudiar casos. Hoy en día sigue siendo un instituto de formación profesional a la par que un comedor. Participar en la vida del Inn es un paso obligado para que un futuro barrister obtenga el derecho a ejercer, una curiosidad del sistema británico. Los que no habíamos participado en la primera conferencia en el 2017 estábamos maravillados y encantados en tan augusto lugar; los demás, igual de asombrados. Fue doble privilegio el nuestro: además de poder asistir a unas jornadas sobre la traducción jurídica profesional (el enfoque académico es interesantísimo, pero aún más si es objeto de conferencias y seminarios), nos abrió sus puertas un lugar emblemático del mundo del derecho y de la abogacía londinense. ¡Y tanto!

Juliette Scott presentó la jornada y pasó el micro a Carmen Olivetti, miembro de la junta directiva del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires, quien además de agradecer la organización del evento, lanzó una invitación para celebrar una conferencia porteña en el futuro. Tomamos nota.

Juliette recordó la vocación de la conferencia y la necesidad de defender la profesión. Las empresas suelen ver a los traductores, bien como activos, recursos, proveedores, o bien como freelance (en la acepción despectiva de quien trabaja de forma muy relajada: decorado e indumentaria inclusive). El padrino del evento, Lord Neuberger of Abbostbury, que fue en su día presidente del Supreme Court of the United Kingdom, no pudo estar presente, pero dejó constancia en un mensaje de su admiración por la labor realizada por los traductores jurídicos (es consciente de las dificultades) e insistió en su inmensa contribución al trabajo de los profesionales del derecho.

John Coleman insistió en que era imprescindible para un traductor conocer bien la cultura del país y, para el traductor jurídico, manejar también dos sistemas y tradiciones legales.

El discurso inaugural corrió a cargo de John Coleman, eminente abogado y actual representante del gobierno de Quebec ante el Reino Unido, Irlanda y los países nórdicos. Por su trayectoria personal, académica y profesional, tiene gran interés en la traducción. Recurrió, no sin humor, a anécdotas deliciosas para ilustrar la importancia de la traducción (e interpretación) para los negocios internacionales. Insistió en que era imprescindible para un traductor conocer bien la cultura del país y, para el traductor jurídico, manejar también dos sistemas y tradiciones legales. En Canadá, la redacción de textos legales se hace en paralelo en inglés y en francés (co-drafting). Y en Quebec, los estudios son «bi» (dos lenguas, dos sistemas). Se mostró optimista en cuanto al futuro, convencido de que la inteligencia artificial difícilmente podrá sustituir al traductor humano, quien, además de sus estudios y de su formación, tiene un conocimiento de otra índole (códigos, matices, sutilezas, lenguaje no verbal, etc.), aspectos también necesarios para trasladar un mensaje de un idioma a otro.

Para Karen Rückert, la especialización ayuda a definir un perímetro de prospección y mejores tarifas, a atraer el tipo adecuado de clientes y a destacar.

La primera mesa redonda, moderada por Christine Schmit, versó sobre la superespecialización y el valor que aporta (para todas las partes). Fernando Cuñado y Ruth Gámez explicaron cómo llegaron a especializarse en un aspecto concreto de una rama del derecho. En un mercado exigente y en constante evolución, el no cerrar puertas puede poner en peligro la actividad o simplemente no hacerla viable. ¿Una salida? Nutrirse de buenos consejos (¡el papel de las asociaciones profesionales es fundamental!) y reinventarse. La clave está en el valor añadido que el traductor crea para sus clientes (ofrecer calidad, dar servicio, resolver problemas, anticipar necesidades). Y da sus frutos, no solo económicos. La presentación de Karen Rückert, traductora de alemán a inglés, fue en la misma línea: ¿cómo buscar su subnicho dentro el mercado? Presentó su estrategia (ella ha encontrado el suyo): una reflexión muy elaborada (en base a la formación, la experiencia, las afinidades, un riguroso análisis de mercado y las perspectivas lucrativas) y decisiones (con criterio). La especialización ayuda a definir un perímetro de prospección y mejores tarifas, a atraer el tipo adecuado de clientes y a destacar. Por su parte, Madalena Ferreira Ahman, traductora freelance principalmente para el Tribunal de Justicia de la UE, presentó rápidamente esta institución (papel, multilingüismo —nada menos que 552 combinaciones lingüísticas—, necesidades en traducción). Luego presentó el amplio abanico de documentos jurídicos traducidos, con algunos que otros cruces. De ahí el concepto de textos legales «híbridos» y superespecializados: se solapan el sistema jurídico europeo y los nacionales (con sus prácticas) y los distintos documentos tratan cuestiones de lo más variopintas. ¿Y hay que traducir? ¡No hay derecho!

Claudio Petrozziello demostró cómo errores en la traducción financiera transfronteriza pueden tener graves consecuencias para una víctima o un investigado.

La calidad era el tema de la segunda mesa redonda moderada por Malcom Fowler, abogado (solicitor) y gran orador. Claudio Petrozziello, experto de la embajada italiana de Londres en asuntos tributarios y de aduanas, demostró cómo errores en la traducción financiera transfronteriza pueden tener graves consecuencias para una víctima o un investigado. Con un enfoque práctico y ejemplos truculentos (transposición de la Directiva europea contra el blanqueo de capitales en el derecho italiano, entre otros), insistió en que competencias lingüísticas y de la materia insuficientes (cuando no deficientes) suponen un verdadero riesgo para los clientes. De riesgos también habló Ingemar Strandvik, responsable de la calidad en la DGT de la Comisión Europea. Explicó lo que está en juego en el multilingüismo institucional (traducción o redacción en paralelo del derecho europeo). Es importante definir el valor de la calidad y su coste (para la mala también) y adaptarse a los tiempos. La necesidad creciente de subcontratar conlleva nuevos retos: competencias, flujo de trabajo, continuidad de los procesos de evaluación de la calidad, comunicación y cooperación con los freelance. Última ponente de esta mesa, Yvonne Fowler, doctora en interpretación y lingüística y formadora de intérpretes para los servicios públicos (y de funcionarios judiciales de cara a su colaboración con intérpretes), nos deleitó con un estudio de evaluación de la interpretación en los tribunales ingleses y galeses. A raíz de la adjudicación de la interpretación judicial a un monopolio (¿de qué nos suena?), la calidad mermó y, con ella, los derechos de los sujetos procesales. La idea fue analizar lo que no funcionaba (ciñéndose a las vistas por videoconferencias) y proponer recomendaciones, entre las cuales un protocolo de mejores prácticas para la interpretación. ¡Apasionante!

Después de una frugal comida y un rápido paseo por los jardines de Gray’s Inn que la lluvia impidió prolongar, comenzó la sesión vespertina.

Congreso Words to Deeds

La organización nos anima a que elijamos un tema y nos reunamos en 4-5 mesas donde hacer brainstorming con los colegas y tratar de dar a luz nuevas ideas que nos ayuden en nuestra práctica profesional. Los temas elegidos fueron: el derecho penal, educar a los clientes, cómo desarrollar una superespecialización, nuevas formas de definir tarifas, inteligencia artificial, la traducción de contratos y el arbitraje internacional y técnicas de marketing para clientes directos. Tras la tormenta de ideas pusimos en común las aportaciones más destacadas, y creo que todos aprendimos un poco sobre estos temas.

Pero todavía nos quedaban dos mesas redondas llenas de interés, así que la organización nos apremió para comenzar sin demora.

Christina Guy fue la moderadora de la mesa titulada «Value in action», donde la abogada británica Sahar Bhaimia comenzó mostrándonos el punto de vista de un jurista en la comunicación legal con los clientes. Además de abogar sin fisuras por el lenguaje claro (plain English), nos instó a que fuéramos puentes: «don’t let the law become a wall, build a bridge instead» fueron sus palabras. A continuación, John O'Shea, dueño de una agencia de traducción especializada en comercio entre Grecia y el Reino Unido, expuso algunas de las estrategias que usaban para facilitar a los inversores extranjeros la comprensión de la legislación griega y de las decisiones, no siempre fáciles de entender, del gobierno heleno. La mesa la cerró Mark Baulch, representante de la Cámara de Comercio del condado de Hampshire, quien nos habló de la importancia de elegir al traductor adecuado, e ilustró su planteamiento con un ejemplo personal, explicándonos cómo, tras invertir una cantidad muy considerable de tiempo y dinero en una licitación pública en Suecia, perdió el contrato por una mala traducción.

Joanne Alexander invitó a algunos asistentes a abrir galletas chinas de la suerte, en las cuales había un papelito con una frase sobre marketing y marca personal.

La siguiente y última mesa redonda del día estuvo moderada por Andrew Leigh y respondió al tema «Showcasing value». La primera en intervenir fue Joanne Alexander, quien nos sorprendió a todos con una divertidísima puesta en escena. Joanne, experta en marketing (se notaba) invitó a algunos asistentes a abrir galletas chinas de la suerte, en las cuales había un papelito con una frase sobre marketing y marca personal que ella comentaba de una forma divertida en cada ocasión. A continuación, Gwen Clayton nos habló de los códigos de conducta en la actividad de traducción y de cómo la utilización de dichos códigos eleva el valor percibido del servicio y define los atributos del traductor ideal. Temas como la confidencialidad, la competencia y otros similares suelen aparecer en estos códigos y suponen una norma de calidad muy importante. La última intervención de la mesa corrió a cargo de otros dos españoles, Elena Alcalde y Sergio Pajares, dos jóvenes profesores de la Universidad de Alcalá que están haciendo un estupendo trabajo. En su charla nos hablaron de un reciente estudio que han llevado a cabo para saber si los actores jurídicos conocen el trabajo de los intérpretes judiciales. Las respuestas obtenidas en sus encuestas fueron de lo más divertidas, aunque revelan un panorama desolador de desconocimiento de la labor de estos profesionales por quienes deberían colaborar con ellos.

Tras la última mesa redonda, la organizadora del congreso invitó a los speakers a que se acercaran de nuevo al estrado para decir unas palabras de despedida y comentar con todos sus impresiones de la jornada.

Hasta aquí llegó la parte más académica del congreso. No se puede pedir más en menos tiempo. Con seis talleres, cuatro mesas redondas y 22 conferencias en dos días, poco más se puede pedir en términos de cantidad ni de calidad.

El hecho de que los talleres del viernes se celebraran en sitios tan destacados como un despacho de abogados y una de las mayores empresas de la City y las conferencias del sábado en la Honourable Society of Gray’s Inn (lugar donde todavía se forman los futuros barristers británicos), contribuyó sin duda a que este congreso haya sido una experiencia inolvidable.

Todavía nos quedaban algunas actividades extracadémicas memorables, como la cena de cierre celebrada el sábado por la noche a bordo de un barco sobre el río Támesis.

Pero todavía nos quedaban algunas actividades extracadémicas memorables, como la cena de cierre celebrada el sábado por la noche a bordo de un barco sobre el río Támesis, o el brunch del domingo en uno de los nuevos rascacielos londinenses.

Fueron tantas experiencias en tan poco tiempo y tanta gente extraordinaria reunida en el mismo lugar que harán que todos los que asistimos no podamos olvidar fácilmente aquellos días en Londres.

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