La Linterna del Traductor
Panorama: Reseñas

De palmeras y mesas redondas (que de verdad lo son)

Núria Molines Galarza

El pasado 11 de mayo, en la ciudad de Elche, se celebró la XVII Asamblea General de Asetrad. Como acto de inauguración, la Junta decidió organizar una mesa redonda con el título «Traducción, corrección e interpretación: dudas existenciales para estudiantes y profesionales», en la que participaron Leticia Madrid, Elena Cunchillos y Núria Molines, autora de esta reseña.

Núria Molines Galarza
Núria Molines Galarza es graduada en Traducción (UEV), máster en Interpretación de Conferencias (UEV) y en Traducción Audiovisual (UAB). Compagina su labor como traductora literaria, audiovisual e intérprete con la docencia en el grado de Traducción de la Universitat Jaume I de Castellón y en el máster de Traducción Audiovisual de la Universidad Europea de Valencia.

El pasado mayo fuimos convocadas por Asetrad en la magnífica ciudad de Elche, con sus omnipresentes palmeras y los bonitos paisajes que la rodean. Al llegar al Palacio de Congresos, una ve a las compañeras y se pregunta un poco por dentro: ¿y qué voy a contar yo que pueda resultarles interesante?

El objetivo inicial de la mesa —moderada por Sara de Albornoz, de la Vocalía de Actos— era, principalmente, responder a las dudas más frecuentes de los estudiantes y hablarles de nuestra experiencia con tres perfiles profesionales muy diferentes, así como de las mentorías profesionales que ofrece Asetrad (de las que Elena Cunchillos podía hablar en primera persona). La idea era abordar sus preguntas desde las tres ramas de este mundillo: la traducción, la interpretación y la corrección. Así, íbamos preparadas para responder a las preguntas del millón: ¿cómo se empieza en este mundo?, ¿se puede vivir trabajando por cuenta propia?, ¿cómo empezaste tú en el mundo de la traducción?

El objetivo inicial de la mesa […] era, principal­mente, responder a las dudas más frecuentes de los estudiantes y hablarles de nuestra experiencia con tres perfiles profesionales muy diferentes, así como de las mentorías profesionales que ofrece Asetrad (de las que Elena Cunchillos podía hablar en primera persona).

Sin embargo, entre el público había pocos estudiantes —hacía buen día y era sábado: tienen disculpa— y muchos profesionales, por lo que, en un primer momento, la moderadora nos avisó de que, probablemente, las preguntas y el rumbo de los debates irían por otro lado. Y así fue: la mesa redonda se convirtió en una mesa realmente redonda, como si todos los asistentes estuviéramos dialogando. Los compañeros y compañeras que estaban entre el público tomaron la palabra tanto como nosotras y aportaron perspectivas de lo más interesantes. Aunque no hubiera casi estudiantes, salió igualmente la pregunta del millón —claro—, y debatimos largo y tendido sobre si se puede vivir de esto y cómo. Fue reconfortante escuchar las aportaciones de profesionales de diferentes generaciones y con muchos años de experiencia; todos tenemos altibajos en esta profesión, da igual los años que lleves, y vendrán épocas más flojas y otras con demasiado trabajo. Aunque uno lleve décadas en esto, puede que haya un momento en el que le toque darle un giro a su especialidad, a sus combinaciones de idiomas, a los servicios que ofrece…

Otras de las aportaciones que resultaron muy interesantes tocaron aspectos más concretos, como las cláusulas que aplicamos en nuestros presupuestos o contratos.

Otras de las aportaciones que resultaron muy interesantes tocaron aspectos más concretos, como las cláusulas que aplicamos en nuestros presupuestos o contratos —aquí, por ejemplo, Alessandra Vita nos habló de ese animal fantástico (que parece que no es tan fantástico) que se llama el «pago por adelantado» o de los recargos por falta de documentación en la interpretación—. Alicia Martorell, por su parte, ante la pregunta de cómo buscar clientes, nos dio una gran lección: estudiar minuciosamente al cliente, los documentos que uno envía para presentarse, los correos… Parece algo secundario, pero ella misma nos confirma, por su experiencia, que no lo es. Redactar todos esos documentos que necesitamos tener en la recámara, además, es una tarea de la que nos podemos encargar en las semanas más flojas de trabajo.

Mesa redonda de AsetradSurgió también, en diversas ocasiones, la cuestión de los contratos de traducción editorial y los derechos de autor —se recordó la existencia de un contrato modelo de ACE Traductores—. Se debatió sobre si esta rama de la traducción era viable (pese a estar peor pagada por palabra), y pudimos llegar a la conclusión de que, realmente, no podemos equiparar las tarifas por palabra para hacernos una idea de las ganancias reales, por lo que habría que hacer un análisis por horas para poder extraer datos comparativos más fiables —que incluyesen, además, todo el tiempo de gestión que conlleva cada proyecto, que no es el mismo para un libro de trescientas páginas que para cien proyectos de tres páginas de temas diferentes y para clientes diferentes—.

Leticia Madrid compartió sus experiencias como intérprete y como docente de traducción, los comienzos en el mundo de la interpretación, la formación, el concabinato, la alegría que le daba poder trabajar con antiguos estudiantes suyos…

Desde la mesa, Leticia Madrid compartió sus experiencias como intérprete y como docente de traducción, los comienzos en el mundo de la interpretación, la formación, el concabinato, la alegría que le daba poder trabajar con antiguos estudiantes suyos… Sus recomendaciones fueron realmente útiles y dieron paso a las intervenciones de otros intérpretes de la sala que trabajaban en contextos muy distintos.

Sin duda, lo más interesante fue poder escuchar a los compañeros que estaban entre el público hablar también de sus propias experiencias, dudas, logros y fracasos.

Como se ve, los temas fueron muy variados —perdonad que me deje alguno, la memoria me falla un poco—. Sin duda, lo más interesante fue poder escuchar a los compañeros que estaban entre el público hablar también de sus propias experiencias, dudas, logros y fracasos. Compartir este tipo de historias siempre consigue que nos sintamos un poco menos solos, y no precisamente por aquello de «mal de muchos…», sino porque nos ayuda a ver los escollos y sinsabores de la profesión desde diferentes perspectivas que, probablemente, nos sirvan para capear algunos de los temporales que nos encontremos en nuestra andanza. Y también las alegrías, que las tiene, y muchas, como poder pasar un día en tan buena compañía y rodeados de palmeras.

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