La Linterna del Traductor
Corrección y revisión

La redacción y corrección de los Diarios de Sesiones del Congreso de los Diputados y del Senado

Javier Núñez Hidalgo

Los Diarios de Sesiones de las Cortes Generales constituyen la mejor herramienta para conocer la historia política, social y económica de nuestro país. Su elaboración y redacción corresponde al Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales, función que llevan desempeñando desde hace más de doscientos años, una historia que va de la mano con la historia de nuestro parlamentarismo. Este artículo supone una aproximación a las normas que rigen esta publicación oficial de las Cortes Generales desde el punto de vista de la redacción y corrección continua que exige pasar de un registro oral a un registro escrito.

Javier Núñez Hidalgo
Javier Núñez Hidalgo es redactor del Diario de Sesiones del Senado, miembro del Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales. Coautor, junto con Encarnación Ramos Villajos, del libro Historia del Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales: 1810-2012 (Madrid, 2012). Asimismo, ha sido dos veces campeón mundial de estenotipia y dos veces campeón mundial de la prueba combinada estenotipia-mecanografía (Hannover, 2001 y Roma, 2003), certámenes organizados por la Federación Internacional de Mecanografía y Taquigrafía (Intersteno). Miembro fundador de la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Taquígrafos.

Los Diarios de Sesiones del Congreso de los Diputados y del Senado constituyen la expresión máxima del principio de publicidad que debe regir en toda asamblea legislativa. Así lo entendieron en 1810 los diputados de las Cortes de Cádiz, quienes desde el principio de sus deliberaciones sintieron la necesidad de contar con un Periódico de Cortes que, con absoluta integridad, fidelidad e imparcialidad, reflejara lo acontecido en sus sesiones. Esta idea surgió a causa de la manera parcial y tergiversada —así lo expresaron varios de aquellos diputados— en que los periódicos de la época publicaban las intervenciones parlamentarias. En consecuencia, el Diario de Sesiones de nuestro actual Parlamento cuenta ya con más de doscientos años de antigüedad.

El Diario de Sesiones de nuestro actual Parlamento cuenta ya con más de doscientos años de antigüedad.

Desde entonces, 1810, el Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales tiene encomendada la función de asistir a los debates parlamentarios —es imprescindible su presencia física en la sala— y elaborar el Diario de Sesiones correspondiente, publicación que por su contenido constituye, sin duda, la mejor herramienta para aproximarse a la historia política, social y económica de nuestro país. Ahora bien, ¿en qué consiste el proceso de redacción de esta publicación?

Mañana de taquígrafos

Mañana de taquígrafos, obra de Asterio Mañanós (1906)

Muchas personas consideran que la función del citado Cuerpo está anticuada y que, en cierto modo, es algo que pertenece al pasado, quizá por creer que es suficiente con que las nuevas tecnologías —grabaciones de audio y vídeo, reconocimientos de voz, subtitulados en directo, etcétera— registren las intervenciones parlamentarias. Es cierto que de esta manera podemos seguirlas en directo o realizar un visionado posterior, pero no es menos cierto que si esas intervenciones no se publicaran correctamente redactadas difícilmente podría entenderse mucho de lo ocurrido en un debate parlamentario. Pues bien, es justamente este trabajo, pasar de un registro oral a uno escrito, lo que constituye la esencia de la actividad profesional de un redactor del Diario de Sesiones, independientemente de cómo se registren los debates.

Cuando en el Parlamento se pronuncia un discurso, el mensaje que pretende transmitirnos el orador se entiende con mayor o menor dificultad en función de varios factores, como la calidad del propio discurso, la facilidad oratoria del parlamentario o nuestra formación y el conocimiento que poseamos sobre la materia de que se trate. Ahora bien, al pasar a escrito lo escuchado, es normal encontrarse con equivocaciones en conjugaciones verbales preveyó por previó—, mal uso de determinados vocablos adolecer por carecer—, concordancias inapropiadas, errores con las Es justamente este trabajo, pasar de un registro oral a uno escrito, lo que constituye la esencia de la actividad profesional de un redactor del Diario de Sesiones.preposiciones, desconocimiento en el uso de la voz pasiva, abuso de pleonasmos y redundancias, gerundios imposibles, errores conceptuales, deslices gramaticales de todo tipo, frases inacabadas, incisos interminables; en fin, equivocaciones que, justificadas en un discurso parlamentario por las características que lo rodean —tiempo escaso para debatir, fragor en los enfrentamientos dialécticos, etcétera—, son absolutamente inadmisibles si tuviéramos que leerlas en un Diario de Sesiones.

Esta circunstancia justifica por sí sola la presencia en las sesiones del Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales.

Además, para desarrollar correctamente su trabajo, los redactores deben recurrir con absoluta precisión y conocimiento, como todo corrector-redactor, a su gran aliada: la puntuación. Solo de esta manera podrá evitar graves ambigüedades e, incluso, imperdonables cambios de sentido que podrían alterar en gran medida el discurso político pronunciado.

En todos los departamentos de redacción de Diarios de Sesiones siempre ha habido debate sobre el grado de intervención que deben tener las personas encargadas de la elaboración de esta publicación.

A este respecto, en todos los departamentos de redacción de Diarios de Sesiones siempre ha habido debate sobre el grado de intervención que deben tener las personas encargadas de la elaboración de esta publicación. La respuesta es sencilla: huir de los extremos, es decir, ni ser extremadamente literales y publicar al cien por cien lo dicho por el orador, errores incluidos, ni hacer lo que en nuestro argot denominamos versión taquigráfica, o sea, respetar las ideas del diputado o senador pero expresarlas con palabras del redactor. Esta decisión, el grado de intervención en los discursos parlamentarios, es posiblemente la más delicada, pues tiene cierto grado de subjetividad que el redactor debe valorar para no desvirtuar ni el contenido ni el estilo del orador. A este respecto, es importante señalar que el Diario de Sesiones es muy utilizado por diputados y senadores como herramienta política, por lo que las tres premisas que sirvieron de base para su creación, es decir, imparcialidad, fidelidad e integridad, siguen absolutamente en vigor.

Por otra parte, si se quiere reflejar con exactitud lo ocurrido en las sesiones, de manera que el lector recree el debate con fidelidad al leer el Diario de Sesiones, el redactor deberá estar muy atento a la información que, más allá del significado de las palabras, nos transmite el orador. Así, deberemos publicar también los gestos de negación o asentimiento, aplausos, protestas, rumores, abucheos, pataleos, incidentes en la tribuna pública, cambios en la Presidencia, intervenciones fuera del uso de la palabra o, por poner un ejemplo más, reflejar cómo un orador muestra un determinado documento a la Cámara. Para ejemplarizar esta idea remito al lector al Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados correspondiente al 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados con la intención de dar un golpe de Estado. Así lo reflejó el Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales:

En este momento, y cuando eran aproximadamente las dieciocho horas y veinte minutos, tras escucharse en el pasillo algunos disparos y gritos de ¡fuego, fuego!, y ¡al suelo todo el mundo!, irrumpe en el hemiciclo un número elevado de gente armada y con uniforme de la Guardia Civil, que se sitúa en lugares estratégicos, amenaza por la fuerza a la Presidencia y, tras un altercado con el Vicepresidente Primero del Gobierno, Teniente General Gutiérrez Mellado, conmina a todos a tirarse al suelo, sonando ráfagas de metralleta. Queda interrumpida la sesión.

Si recordamos las imágenes, nos daremos cuenta de que el Diario de Sesiones reflejó con exactitud lo allí ocurrido, hasta el punto de que podemos hacernos una idea cabal de los acontecimientos.

Los discursos parlamentarios deben ser puestos a disposición de los oradores, grupos parlamentarios, prensa y ciudadanos en general a la mayor brevedad posible, generalmente dos horas después de terminada cada intervención.

¿Cómo se desarrolla un día de trabajo con sesión plenaria en los despachos de este Cuerpo? Antes de responder a esta pregunta es importante señalar que hay un principio que guía gran parte de esta actividad: la inmediatez. Esto significa que los discursos parlamentarios deben ser puestos a disposición de los oradores, grupos parlamentarios, prensa y ciudadanos en general a la mayor brevedad posible, generalmente dos horas después de terminada cada intervención. A continuación se describe el proceso mediante el cual se consigue este objetivo.

En las sesiones plenarias entra un taquígrafo-estenotipista que está en sala cinco minutos, acompañado de un redactor que permanece en el Pleno durante treinta minutos. Esto significa que a cada redactor le corresponden seis turnos de taquígrafos-estenotipistas. En esos cinco minutos el taquígrafo-estenotipista toma las notas correspondientes al discurso que se está produciendo, vuelve a su despacho, transcribe y redacta lo escuchado —esto es importante, porque el taquígrafo-estenotipista también redacta, no solo transcribe— y, una vez terminado su trabajo, se lo envía a su redactor. Así comienza, en nuestro argot, la rueda de trabajo, de manera que, una vez iniciada, ya no finaliza hasta que se termina la sesión. Ese taquígrafo-estenotipista dispone de un tiempo aproximado de 55 minutos para terminar su turno y volver a entrar en sala.

Taquígrafo-estenotipista trabajando

Javier Núñez en plena sesión

Los taquígrafos-estenotipistas son también excelentes mecanógrafos, cualidad indispensable para no parar la rueda y que el redactor disponga a tiempo de sus turnos —últimamente también se utilizan reconocedores de voz—. Esto garantiza ese principio de inmediatez, de manera que el redactor, cuando transcurra su media hora de presencia en sala, puede empezar a revisar los textos que vaya recibiendo de sus taquígrafos-estenotipistas y ponerlos a disposición de las personas interesadas. A su vez, los redactores enlazan sus correspondientes turnos de media hora hasta formar el Diario de Sesiones completo de ese día. Evidentemente, hay un número de redactores y taquígrafos-estenotipistas que permite estas rotaciones para garantizar la inmediatez a la que nos referimos.

Al margen de la redacción efectuada por los taquígrafos-estenotipistas y la revisión que corresponde a los redactores, se efectúa una tercera supervisión por las jefaturas de departamento antes de la publicación definitiva de los Diarios de Sesiones. A posteriori, es decir, una vez se ha producido dicha publicación, no existe un control de calidad como tal. Ya se ha dicho que los textos sufren tres revisiones antes de la publicación. No obstante, en ocasiones, muy a nuestro pesar, se produce algún error que exige una nueva publicación con la consiguiente corrección.

Los textos sufren tres revisiones antes de la publicación. No obstante, en ocasiones, muy a nuestro pesar, se produce algún error que exige una nueva publicación con la consiguiente corrección.

Tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado contamos con normas internas para elaborar los Diarios de Sesiones, normas que, a su vez, tienen como referencia a la Real Academia Española. En consecuencia, todos sus diccionarios y obras de consulta son de uso obligado ante cualquier duda. Asimismo, recurrimos con frecuencia, por su claridad y facilidad de consulta, a la Fundación del Español Urgente, incluso para solicitar alguna aclaración.

En conclusión, los miembros de este Cuerpo, si quieren reflejar fielmente en el Diario de Sesiones lo acaecido en el transcurso de una sesión parlamentaria, deberán prestar atención no solo al contenido de los discursos, sino a todo lo que rodea las sesiones, respetando el estilo del orador y, siempre que sea posible, sus palabras, pues es al diputado o senador a quien corresponde el mérito o el demérito de sus intervenciones. De ahí que el mayor halago que han podido escuchar los redactores de las Cortes Generales vino de un orador parlamentario cuando dijo: «Al leerme en el Diario de Sesiones no solamente me entendí, sino que fui capaz de reconocerme».

[…] la responsabilidad que sobre esta profesión vertió don Antonio Maura, el gran político español, cuando afirmó: «Yo, para gobernar, no necesito más que luz y taquígrafos».

En definitiva, el Cuerpo de Redactores Taquígrafos y Estenotipistas de las Cortes Generales, para publicar correctamente los Diarios de Sesiones, deberá entrar en sala, recoger el discurso, volver a su despacho y, valiéndose de su formación, su sentido común, el conocimiento de la materia que acaba de escuchar y su experiencia, proceder a redactar correctamente esta publicación, y hacerlo, además, asumiendo la responsabilidad que sobre esta profesión vertió don Antonio Maura, el gran político español, cuando afirmó: «Yo, para gobernar, no necesito más que luz y taquígrafos», expresión que ha permanecido en nuestro acervo cultural como sinónimo de transparencia y claridad en cualquier ámbito.

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