La Linterna del Traductor
Terminología

Las opiniones contenidas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autora y no reflejan necesariamente las del Consejo de la Unión Europea ni del Consejo Europeo.

El Servicio de Traducción del Consejo de la Unión Europea: al filo de lo posible

Isabel Fernández Cilla

¿Qué traductor no sueña con disponer de una base de datos que lo ayude a utilizar la terminología apropiada en cada texto y le evite tener que hacer búsquedas prolongadas? Más que un sueño, dada la misión que desempeñan el Consejo Europeo y el Consejo de la Unión Europea y la forma en que se organiza el trabajo en su Secretaría General, para los traductores de su Servicio de Traducción la terminología, en general, e IATE, en particular, son esenciales.

Isabel Fernández Cilla
Licenciada en Filología Francesa y en Filología Inglesa por la Universidad de Zaragoza, Isabel Fernández Cilla ha desarrollado toda su carrera como traductora en la unidad española del Servicio de Traducción de la Secretaría General del Consejo, institución en la que trabaja desde 1991. En los últimos años coordina el equipo de terminólogos de la unidad. Es también miembro del Grupo Interinstitucional de Toponimia de la UE.

Prueba de la importancia de las lenguas en el proyecto europeo, el primer acto legislativo de la entonces Comunidad Económica Europea, el Reglamento n.º 1, se dedicó a determinar cuáles serían las lenguas oficiales y de trabajo de sus instituciones.

El régimen lingüístico de la Unión Europea, con veinticuatro lenguas oficiales y de trabajo, garantiza que tanto los Estados miembros y sus representantes —delegados enviados por los ministerios a los grupos de trabajo del Consejo y parlamentos nacionales, por ejemplo— como sus ciudadanos se encuentren en igualdad de condiciones en su participación en la actividad de las instituciones y en la vida democrática de la Unión; también a la hora de acceder a los documentos de las distintas instituciones, órganos y organismos, haciendo así posible la obligada transparencia de los trabajos de estos.

Las lenguas oficiales y las lenguas de trabajo de las instituciones de la Unión serán el alemán, el búlgaro, el castellano, el checo, el croata, el danés, el eslovaco, el esloveno, el estonio, el finés, el francés, el griego, el húngaro, el inglés, el irlandés, el italiano, el letón, el lituano, el maltés, el neerlandés, el polaco, el portugués, el rumano y el sueco.

Reglamento n.º 1 por el que se fija el régimen lingüístico de la Comunidad Económica Europea (DO 17 de 6.10.1958, p. 385), modificado por última vez por el Reglamento (UE) n.º 517/2013 del Consejo de 13 de mayo de 2013 (versión consolidada)

Es importante señalar que, contrariamente a otras organizaciones internacionales cuyos convenios o acuerdos se redactan en una única lengua —mayoritariamente en inglés— o en un número muy reducido de ellas, que son las únicas válidas desde un punto de vista jurídico, tanto la legislación —aplicable a los ciudadanos de la UE, bien directamente, o bien a través de su incorporación al derecho nacional— como otros documentos de aplicación general se «redactan» en las veinticuatro lenguas oficiales y de trabajo a tenor de su régimen lingüístico. Las veinticuatro versiones lingüísticas de dichos actos y documentos se consideran igualmente válidas desde un punto de vista jurídico.

Para mantener este régimen lingüístico, único en el mundo, las instituciones de la Unión Europea disponen de servicios lingüísticos propios que cubren sus necesidades de traducción.

Tanto la legislación […] como otros documentos de aplicación general se «redactan» en las veinticuatro lenguas oficiales y de trabajo a tenor de su régimen lingüístico.

La Secretaría General del Consejo, de la que es parte el Servicio de Traducción, asiste al Consejo Europeo y al Consejo de la Unión Europea, a sus sucesivas presidencias, al Comité de Representantes Permanentes, y a otros comités y grupos de trabajo, ayudándoles a organizar sus trabajos, brindándoles asesoramiento y ayuda en la conducción de negociaciones y apoyo logístico (salas de reunión, documentos, versiones lingüísticas, etc.), además de divulgar información sobre sus actividades.

La actividad del Consejo Europeo es eminentemente política. Compuesto por los jefes de Estado o de Gobierno de los 28 Estados miembros de la UE y los presidentes del propio Consejo Europeo y de la Comisión Europea, define las orientaciones y prioridades políticas generales de la Unión, normalmente por medio de las denominadas «conclusiones». La actividad del Consejo de la Unión Europea es, en cambio, fundamentalmente decisoria e incluye, además de la coordinación de la actuación de los Estados miembros, el impulso de la política exterior y de seguridad común y la aprobación del presupuesto de la UE, la negociación y adopción de legislación y de acuerdos internacionales.

Consejo Europeo

Consejo Europeo de junio de 2019. © Unión Europea

Sin afirmar, como sostienen algunos, que la función pública europea es la más eficaz del mundo, lo cierto es que, por la naturaleza y las características propias del proyecto de construcción europeo, su labor es compleja y ha de seguir estrictos procedimientos que implican la intervención, según los casos, de diferentes servicios, instituciones, órganos, organismos o Estados. En el Consejo Europeo y el Consejo de la Unión Europea, instituciones cuya función, como hemos visto, es eminentemente política y decisoria, estos procedimientos condicionan enormemente la organización y el trabajo de toda la Secretaría y, por consiguiente, del Servicio de Traducción.

La forma de trabajar ha cambiado drásticamente desde que los pioneros llegados a Bruselas antes de la adhesión de España a la CEE se encontraran, atónitos —como todos en aquella época, creyeron que en Europa todo era mejor—, con máquinas de escribir como únicas herramientas de trabajo. Por increíble que parezca ahora, para preparar los textos de legislación tuvieron que realizar las funciones de «cortar» y «pegar» en sentido literal: fotocopia, tijera y pegamento. La informatización llegó, con retraso, pero llegó. Con el tiempo, bases de datos, programas de traducción asistida, sistemas de traducción automática —hasta presuntamente «pensantes»— forman parte del trabajo cotidiano de los traductores de todas las instituciones.

Por increíble que parezca ahora, para preparar los textos de legislación tuvieron que realizar las funciones de «cortar» y «pegar» en sentido literal: fotocopia, tijera y pegamento.

En el Servicio de Traducción del Consejo, las ocasiones en las que pueden traducirse textos libremente son contadas. El grueso del trabajo se dedica a la traducción de legislación, conclusiones del Consejo Europeo, informes, dictámenes jurídicos, declaraciones de las delegaciones de los Estados miembros, órdenes del día de las reuniones que se celebran, posiciones de la Unión en organizaciones en las que es parte o de textos divulgativos sobre las actividades de ambas instituciones. En la mayoría de los casos, se trata de textos evolutivos, que parten de un borrador o proyecto inicial que va pasando por sucesivas fases de análisis y negociación en los grupos de trabajo del Consejo, y en el que se incorporan los cambios acordados. Al término de arduas o ágiles negociaciones entre las partes interesadas, algunos de esos textos llegan a aprobarse. En el caso de los actos legislativos, no sin antes efectuar una formalización jurídico-lingüística que garantiza que todas las versiones lingüísticas —que, como hemos visto antes, se consideran igualmente válidas desde el punto de vista jurídico— sean equivalentes y no haya discrepancias entre ellas.

Por la diversidad misma de los asuntos tratados en el Consejo Europeo y el Consejo de la Unión Europea, para los traductores no es posible la especialización.

Por la diversidad misma de los asuntos tratados en el Consejo Europeo y el Consejo de la Unión Europea, para los traductores no es posible la especialización. Se traducen textos jurídicos, técnicos, médicos, veterinarios, fitosanitarios, sobre educación, economía, medio ambiente, pesca, defensa… Además, el trabajo se realiza generalmente con plazos muy ajustados que se fijan en función de los calendarios de reuniones y de los programas de trabajo de ambas instituciones. Si es necesario para cumplir los plazos —en ocasiones, brevísimos—, los documentos más extensos se reparten entre varios traductores, o se prolonga cuanto sea preciso el horario de trabajo.

Por este motivo, para que el Servicio de Traducción de la Secretaría General del Consejo pueda desarrollar adecuadamente su labor, es fundamental que la calidad y la fiabilidad terminológica de los documentos iniciales en los que van a irse incorporando las modificaciones sucesivas sean óptimas; que las memorias de traducción ofrezcan la versión correcta de los textos; y también que se disponga en todo momento de bases y asistencia terminológicas.

Sugerencias de modificación de la propuesta de Reglamento sobre los planes estratégicos de la política agrícola común, documento 10103/1/19 del Consejo (solo en inglés)

Como en el resto de las instituciones, las consecuencias de la ampliación de 2004 fueron muy importantes en la Secretaría General del Consejo: entre otras cosas, las plantillas de traductores se redujeron a la mitad para dotar de personal, sin aumento del efectivo total, a doce nuevas unidades. Tuvieron así que dejar de traducirse muchos documentos, entre ellos los que recogen las etapas intermedias sucesivas que jalonan las negociaciones de los expedientes legislativos. Si, en el pasado, la traducción de esos documentos intermedios permitía, en el Servicio de Traducción, resolver dudas terminológicas y realizar las oportunas consultas con especialistas, o con los servicios o ministerios interesados, ahora no suele haber tiempo para ello. Los grupos de trabajo utilizan, casi exclusivamente, las versiones inglesas de los textos, que solo se traducen al resto de las lenguas en contadas ocasiones, normalmente en las fases finales. Cuando se trata de expedientes técnicamente complejos o altamente especializados, resolver las dudas terminológicas y garantizar la calidad de los textos resulta así mucho más difícil.

Los grupos de trabajo utilizan, casi exclusivamente, las versiones inglesas de los textos, que solo se traducen al resto de las lenguas en contadas ocasiones, normalmente en las fases finales.

Existen, además, otras dificultades añadidas. Por ejemplo, las propias del trabajo en centros de negociación política: ambigüedades intencionadas y palabras que adquieren significados especiales, mientras que otras se evitan deliberadamente. Lo que pudiera parecer, a simple vista, un error podría corresponder a alguno de estos casos. También las dificultades propias del trabajo en organizaciones internacionales: las equivalencias conceptuales no siempre existen. Por ejemplo, el derecho de la UE incorpora conceptos de sistemas jurídicos diferentes que no tienen necesariamente equivalentes y para los que hay que crear con rapidez términos nuevos en todas las lenguas oficiales. También plantea dificultades el hecho de que las negociaciones se desarrollen habitualmente en inglés, que es una lengua que, por sus características intrínsecas, permite una indefinición mucho mayor que otras lenguas germánicas, romances y —ya no digamos— eslavas. Si además se tiene en cuenta que muchos de los redactores de los textos originales en inglés no escriben en su lengua materna y que no siempre es posible obtener aclaraciones, tendremos una idea del marco en el que se desarrolla la labor de los traductores del Consejo.

Múltiples son las iniciativas con las que el Servicio de Traducción de la Secretaría General viene tratado de solventar estas situaciones: la más importante, la creación de un servicio de terminología.

En términos absolutos, probablemente sea el Consejo el que mayor esfuerzo realiza en materia de terminología.

Por la organización misma del trabajo en la Secretaría General del Consejo, la terminología es esencial para que el Servicio de Traducción pueda producir textos de calidad. La única institución que cuenta con un terminólogo a tiempo completo por lengua es la Comisión. Sin embargo, en términos absolutos, probablemente sea el Consejo el que mayor esfuerzo realiza en materia de terminología. La forma, organización y plantilla del servicio de terminología ha cambiado enormemente con el paso de los años, pero es innegable que su importancia se ha acrecentado: si, en el pasado, un único traductor se ocupaba de todo el trabajo terminológico en cada unidad, estas cuentan ahora con grandes equipos de traductores-terminólogos que dedican, por turnos, una parte de su trabajo a la terminología. En algunas unidades, incluso, todos los traductores deben realizar labores de terminología. El problema fundamental radica en la limitada dotación de las plantillas, en el hecho de que el cumplimiento de los plazos de traducción sea la máxima prioridad y en que solo se dedica tiempo a la terminología cuando la carga de trabajo de traducción lo permite.

Folleto de presentación de IATE

© Centro de Traducción de los Órganos de la Unión Europea

El trabajo de terminología en el Servicio de Traducción se organiza a través de un servicio central de coordinación terminológica. Además de establecer, junto con el resto de las instituciones, criterios y métodos comunes para el trabajo de terminología que se realiza a escala de la Unión Europea, la coordinación organiza la labor de los equipos «locales» dentro de las unidades. Integrada por un pequeño equipo fijo, asistido por voluntarios de turno de las unidades lingüísticas, la coordinación prepara proyectos para la alimentación, actualización y consolidación de la base de datos terminológica de la UE, IATE —lo que en la jerga interna se denomina «proyecto de racionalización»—, imparte instrucciones para que se trabaje de forma coordinada en todas las lenguas, prepara vaciados de documentos importantes, legislación, acuerdos o conclusiones del Consejo, por ejemplo, para anticipar el trabajo terminológico necesario, y centraliza los contactos y consultas con redactores o especialistas.

Por su parte, los equipos de terminólogos de las unidades tienen como misión principal ayudar al resto de los traductores a resolver, sobre la marcha, los problemas terminológicos que surgen en los documentos en traducción, y a los que ellos mismos no pueden dedicar el tiempo necesario, de manera que pueda acelerarse el trabajo y puedan respetarse los plazos. De acuerdo con la planificación establecida por la coordinación terminológica y siguiendo sus instrucciones, realizan asimismo las tareas de alimentación, actualización y consolidación de IATE —incorporando los proyectos de racionalización antes mencionados— en sus lenguas respectivas.

IATE es la herramienta fundamental en la que se recoge, desde la que se divulga y en la que se gestiona toda la terminología propia de la UE.

IATE (Interactive Terminology for Europe) es la herramienta fundamental en la que se recoge, desde la que se divulga y en la que se gestiona toda la terminología propia de la UE. Se utiliza en las instituciones, órganos y organismos de la UE desde 2004 y en ella se volcaron las distintas bases terminológicas que, en su día, existían en las instituciones.

Dada la diversidad de sus funciones, las necesidades de terminología de las distintas instituciones no son necesariamente las mismas. Las bases de datos que existían antes de 2004 se alimentaban así con criterios diferentes. Por ejemplo, la Comisión Europea, institución que tiene la iniciativa legislativa y es la encargada de presentar las propuestas que se estudiarán, modificarán y —en el mejor de los casos— aprobarán ulteriormente en el Consejo y el Parlamento, precisa de gran cantidad de terminología especializada en temas de muy diversa naturaleza. Muchos de los términos que se recogían en su base de datos anterior procedían de vaciados automatizados de glosarios especializados. En cambio, el Consejo, institución en la que, como hemos visto, no hay traductores especializados, daba prioridad a la contextualización de los términos en su base de datos, que servía también —como si de una memoria de traducción se tratase— para recoger fórmulas hechas y expresiones que había que utilizar necesariamente en ciertos contextos o en ciertos documentos.

Edificios del Consejo en Bruselas

Edificios del Consejo de la Unión Europea. © Unión Europea y Philippe Samyn and Partners architects & engineers - lead and design partner, Studio Valle Progettazioni architects, Buro Happold engineers

Pese al ingente trabajo de «limpieza» realizado desde 2004 para eliminar de la base las fichas repetidas generadas por el volcado a partir de varias bases diferentes, y para alimentar IATE con arreglo a los actuales criterios de trabajo, queda aún mucho por hacer. Lo que es indudable, sin embargo, es que utilizar la misma base terminológica y seguir criterios comunes ha contribuido de forma decisiva a reforzar la colaboración entre todos los servicios de traducción de las instituciones, órganos y organismos de la UE.

Salvo en el caso de un reducido número de ámbitos […] cualquier terminólogo puede trabajar en todas las fichas de la base y actualizarlas.

Salvo en el caso de un reducido número de ámbitos, en general directamente relacionados con la actividad o estructura interna propias de cada institución, cualquier terminólogo puede trabajar en todas las fichas de la base y actualizarlas, independientemente de qué institución tenga su titularidad por haberla creado. Colaboramos, de forma permanente, analizando y fijando de común acuerdo, si es necesario, los términos que van a incluirse en IATE. Para garantizar la fiabilidad de las fichas, un segundo terminólogo —en este caso, de la institución que tenga su titularidad— revisa el contenido y lo valida. Aunque el contenido íntegro de la base es visible para los traductores de las instituciones, para mayor fiabilidad, los usuarios externos solo tienen acceso al contenido validado.

Ficha de IATE

Ficha de IATE

IATE es ahora una herramienta imprescindible para todos los traductores que trabajamos para las instituciones, órganos y organismos de la UE, así como para todos los profesionales que, de una manera u otra, abordan temas relacionados con la Unión Europea, ya sean traductores o no. A pesar de sus carencias, por el volumen de información que contiene y por estar en veinticuatro lenguas, IATE constituye una base terminológica excepcional y única en el mundo.

Además del trabajo terminológico, el Servicio de Traducción, en un intento de conseguir un cierto grado de especialización temática, ha adoptado diferentes iniciativas, como la constitución de grupos de traductores a los que se intenta asignar prioritariamente las traducciones de textos sobre temas específicos, con el propósito de que se familiaricen, en cierta medida, con su terminología y particularidades; o el seguimiento por un traductor de cada lengua de expedientes legislativos concretos, desde la presentación de la propuesta por la Comisión, pasando por las fases sucesivas de negociación en el Consejo, en contacto con los funcionarios responsables. Se confía en poder anticipar, de esta forma, los problemas terminológicos o de traducción que puedan surgir cuando los documentos finales, con sus plazos ajustados, lleguen a las unidades. Lamentablemente, como en el caso del trabajo de terminología, la eficacia de todas estas iniciativas se ve mermada por la limitada dotación de las plantillas de traductores y la prioridad absoluta del respeto de los plazos.

La Secretaría General del Consejo funciona al ritmo —a menudo trepidante— de las instituciones a las que da servicio, en las que se gestan las decisiones que van a jalonar la construcción europea. Para todo su personal, en sus ámbitos de competencia respectivos, el principal objetivo es contribuir al correcto funcionamiento del Consejo Europeo y del Consejo de la Unión Europea. Para los traductores que trabajamos en el Servicio de Traducción, el principal desafío, dadas las circunstancias en las que desarrollamos diariamente nuestro trabajo, es conseguir la máxima calidad y fiabilidad en nuestras traducciones. Hacemos todo lo posible.

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