La Linterna del Traductor
Traducción científica y técnica

Peripecias de una lingüista de la OPAQ

María Elena Sevillano Gracia

¿No sería maravilloso que se dotara a los traductores de una sabiduría infinita de serie que nos permitiera especializarnos sin esfuerzo alguno en cualquier tipo de traducción cuando fuera necesario? Lamentablemente, ese conocimiento infinito es una quimera, y a veces terminamos traduciendo sobre temas de los que sabemos entre poco y nada. Por ejemplo, sobre armas químicas.

María Elena Sevillano Gracia
María Elena Sevillano Gracia es licenciada en Traducción e Interpretación (Universidad de Salamanca, 1997) y tiene un máster en Comercio Internacional (Cámara de Comercio de León, 1998). En 2006 empezó a trabajar en el Servicio de Actas Literales de la Secretaría de la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York, donde se traducen los discursos pronunciados en el Consejo de Seguridad, la Asamblea General y otros organismos de la ONU. En 2011 se incorporó al Servicio de Traducción al Español de la Sede de la ONU en Nueva York, donde permaneció hasta su traslado a Holanda en 2013 para trabajar en la Sección de Lengua Española de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Desde 2015 trabaja desde Italia como traductora externa del Servicio de Actas Literales de la Sede de la ONU en Nueva York.

En un mundo ideal, en el momento en que una persona decidiera estudiar Traducción sabría de antemano el tipo de textos que traduciría en el futuro y se formaría, en paralelo a los estudios de Traducción e Interpretación, en materias afines al tema de su elección. Sin embargo, en el mundo real uno no siempre termina traduciendo sobre sus temas predilectos.

En el mundo real uno no siempre termina traduciendo sobre sus temas predilectos.

Cuando me licencié en Traducción e Interpretación a mediados de la década de 1990, en mi facultad no existían especialidades dentro de la propia carrera: se impartían algunos cursos orientativos sobre traducción audiovisual, científico-técnica o jurídica, pero de apenas una semana. De todas formas, aunque hubiera tenido la oportunidad de elegir una especialidad, no se me habría pasado por la cabeza dedicarme a la traducción de cuestiones relacionadas con las armas químicas. Tampoco creo que hubiera encontrado esa especialidad en ninguna facultad.

Cuando años más tarde empecé a trabajar como lingüista (traductora e intérprete) en la Sección de Lengua Española de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), tenía algunos conocimientos sobre desarme, adquiridos en mis siete años como traductora en las Naciones Unidas, pero de ahí a ser experta en la materia... Si bien no cabe duda de que esa experiencia me ayudó, algunos textos parecían verdaderos galimatías de tecnicismos que me sonaban a chino.

Cuando nos encontramos en la tesitura de tener que traducir sobre un tema del que sabemos poco o nada, no nos queda más remedio que buscar el modo de especializarnos sobre la marcha.

Lo que quiero decir con esto es que cuando nos encontramos en la tesitura de tener que traducir sobre un tema del que sabemos poco o nada, no nos queda más remedio que buscar el modo de especializarnos sobre la marcha, leyendo mucho, buscando el apoyo de los colegas y procurando rodearnos de las herramientas y los expertos adecuados (esto último siempre que sea posible, claro está).

Sede de la OPAQ en La HayaEdificio de la sede de la OPAQ en La Haya

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas

La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas se estableció de conformidad con el artículo viii de la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento, el Empleo y la Transferencia de Armas Químicas y sobre su Destrucción (Convención sobre las Armas Químicas). El mandato de la OPAQ consiste en erradicar las armas químicas, asegurarse de que ciertas sustancias químicas no se utilicen con fines prohibidos por la Convención, verificar el desarme de los Estados Partes en la Convención, realizar inspecciones de la industria en coordinación con las autoridades nacionales designadas por cada país y promover el intercambio de información científica con fines pacíficos, entre otras cosas. En los tres órganos principales de la OPAQ —a saber, la Conferencia de los Estados Partes, la Secretaría Técnica y el Consejo Ejecutivo— y en sus órganos subsidiarios se traducen textos de carácter político, económico o técnico, con diversos niveles de dificultad y especialización. Además, los documentos se clasifican con arreglo a cuatro grados de confidencialidad, por lo que al traductor no le resulta fácil encontrar textos de referencia haciendo una simple búsqueda en internet.

Un aspecto positivo de traducir e interpretar para una organización como la OPAQ es que todos los documentos giran en torno al mismo tema, si bien desde distintas perspectivas.

Un aspecto positivo de traducir e interpretar para una organización como la OPAQ es que todos los documentos giran en torno al mismo tema, si bien desde distintas perspectivas. Por ejemplo, a un lingüista le puede tocar interpretar en una reunión cuyo texto de referencia, o al menos una parte, ha traducido o revisado él mismo; o viceversa, es decir, le puede tocar traducir un documento que se ha redactado o consensuado durante una reunión en la que él estaba interpretando. De esa manera, con el paso del tiempo, los lingüistas de la OPAQ van afianzando sus conocimientos de la terminología y el estilo propios de la organización.

Recursos para los lingüistas de la OPAQ

Los lingüistas de la OPAQ cuentan con una serie de bases de datos internas (como DTSearch) y otros recursos que facilitan su labor. La fuente principal de información es, obviamente, la propia Convención sobre las Armas Químicas, que entró en vigor en 1997. La Convención consta de un preámbulo, 24 artículos y tres anexos.

En el preámbulo se describen las obligaciones generales y los objetivos de la Convención, que constituyen la base de todas las actividades de la organización.

Cada artículo se refiere a una cuestión, como la presentación de declaraciones relativas a las armas químicas y las instalaciones donde se fabrican por parte de los Estados miembros, la aplicación de la Convención a nivel nacional, las actividades no prohibidas por la Convención, la solución de controversias entre países, el desarrollo tecnológico, la cooperación internacional, las sanciones, la investigación del presunto empleo de armas químicas y la eliminación de los arsenales, entre otros. Uno de los artículos de la Convención de mayor relevancia para los lingüistas de la OPAQ es el artículo ii, titulado «Declaraciones y criterios», en el que se explican los conceptos básicos relacionados con las armas químicas. Como la Convención fue traducida por expertos lingüistas a las seis lenguas oficiales de las Naciones Unidas y las versiones en los distintos idiomas se pueden consultar en línea, además de ayudarnos a comprender los conceptos generales sobre los que vamos a traducir, la Convención también nos sirve para consultar la traducción de términos específicos.

Las tres listas de sustancias químicas fueron elaboradas atendiendo al potencial de la sustancia química en cuestión para ser utilizada con fines prohibidos por la Convención.

Los anexos son tres. En el primero, sobre las sustancias químicas, se enumeran las características que deben cumplir dichas sustancias para ser incluidas en una u otra de las tres listas de sustancias químicas, que fueron elaboradas atendiendo al potencial de la sustancia química en cuestión para ser utilizada con fines prohibidos por la Convención (en el primer anexo también figuran las listas con la información básica de cada sustancia). El segundo anexo contiene información relativa a la aplicación y la verificación, incluida una serie de definiciones que resulta de gran utilidad para los lingüistas. El tercer anexo se refiere a la confidencialidad, tema omnipresente en la OPAQ y sobre el que también se traduce con frecuencia.

Otro documento de referencia imprescindible para los lingüistas de la OPAQ es el Manual de estilo de la propia Sección de Lengua Española, de uso interno, que se va actualizando a medida que surgen nuevos términos o expresiones. En el Manual se hace referencia a cuestiones generales sobre la OPAQ, consideraciones prácticas sobre los distintos tipos de documentos con sus formatos correspondientes (encabezamientos, pies de página, signaturas, etc.), el organigrama (con sus divisiones, subdivisiones y cargos), las dependencias y los grupos de trabajo internos, así como a las entidades externas que trabajan con la organización. Una de las partes del Manual que puede resultar de mayor utilidad para los lingüistas es el listado de términos recurrentes en los documentos de la OPAQ, que, además de terminología (en muchos casos técnica, con sus correspondientes e inevitables siglas), también incluye expresiones que se utilizan, por ejemplo, en las decisiones y los proyectos de decisión.

Otro recurso importante para un traductor que empieza a trabajar en una organización tan especializada como la OPAQ son los propios colegas.

Como ya he mencionado, otro recurso importante para un traductor que empieza a trabajar en una organización tan especializada como la OPAQ son los propios colegas. Cuando tuve que enfrentarme a mis primeras traducciones, sin haber tenido apenas tiempo de «digerir» toda la información que había leído, que se acumulaba en mi cerebro sin mucho orden ni concierto, tanto mis compañeros como los inspectores de la OPAQ fueron quienes me echaron un cable. Los compañeros me asesoraban en el trabajo diario, y los inspectores, cuando tenía que traducir informes sobre las inspecciones de la industria. Con suerte, el inspector que había redactado el informe no estaba de misión y podía concertar una cita con él para consultarle mis dudas. Como bien sabe cualquier traductor, tener acceso a los autores de los documentos en lengua original es un verdadero lujo. Si el autor del documento no estaba, siempre podía recurrir a algún inspector hispanohablante para que me aclarase algunas cuestiones técnicas.

Medallón conmemorativo del Premio Nobel de la Paz concedido a la OPAQMedallón conmemorativo del Premio Nobel de la Paz concedido a la OPAQ en 2013

El caso de Siria

Mención aparte merece el caso de las armas químicas sirias. La República Árabe Siria está sumida desde 2011 en una guerra civil en la que se han sucedido las denuncias de empleo de armas químicas. En respuesta a esas denuncias, las Naciones Unidas decidieron investigar los hechos y enviar una Misión Conjunta de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas y las Naciones Unidas para Eliminar el Programa de Armas Químicas de la República Árabe Siria.

El 14 septiembre de 2013, la República Árabe Siria depositó su instrumento de adhesión a la Convención sobre las Armas Químicas, lo que le obligaba a declarar sus existencias de este tipo de armas y a someter sus instalaciones a la inspección del personal de la OPAQ, en cumplimiento de lo dispuesto en la Convención. A partir de ese momento y tomando como base el marco para la eliminación de las armas químicas sirias propuesto por los Estados Unidos de América y la Federación de Rusia, comenzaron las labores de eliminación del programa de armas químicas sirio.

Todo ello sumamente interesante, pero difícil de asimilar cuando no se tiene formación específica en esos menesteres y los plazos de entrega le pisan a una los talones.

En lo que respecta a los «desafíos traductoriles» de estos acontecimientos, hay que tener en cuenta que la retirada, traslado y destrucción del arsenal químico declarado por Siria se realizó utilizando varios métodos y en distintos lugares. Además, en el marco se disponía que la destrucción se llevaría a cabo, en la medida de lo posible, fuera de Siria, con las dificultades logísticas y técnicas que ello implicaba. Como supervisora del proceso, la OPAQ recibió el mandato de presentar informes mensuales a las Naciones Unidas sobre la marcha de los trabajos. Ni que decir tiene que esos informes —y las reuniones que generó esta operación— aumentaron significativamente la carga de trabajo en la OPAQ, incluida la de sus servicios lingüísticos. A ese aumento de la carga de trabajo había que sumar la nueva terminología relativa al transporte y los métodos de destrucción. Además de tratar de entender en qué consistían los procesos de eliminación en tierra firme, incluida la construcción de las instalaciones de destrucción, nos tocó traducir, por ejemplo, sobre procesos de hidrólisis a bordo de un buque en alta mar y trasvases de efluentes entre buques. Todo ello sumamente interesante, pero difícil de asimilar cuando no se tiene formación específica en esos menesteres y los plazos de entrega le pisan a una los talones.

En mis dos años como lingüista de la OPAQ aprendí mucho sobre sustancias y armas químicas, equipos de laboratorio, inspecciones y un sinfín de temas sobre los que jamás hubiera imaginado que tendría que traducir, pero que encontré muy interesantes. En 2013, la OPAQ fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz «por sus grandes esfuerzos para eliminar las armas químicas». A día de hoy, con la destrucción del 97,33 % de las existencias de armas químicas declaradas y la eliminación o reconversión para fines pacíficos de casi la totalidad de las instalaciones de producción de ese tipo de armas, la OPAQ se está acercando a su objetivo.

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