La Linterna del Traductor
Interpretación

La interpretación simultánea remota: comunicación no presencial en tiempos revueltos

Madeleine Cases Silverstone

La interpretación simultánea remota (ISR) ha irrumpido en tiempos de la covid‑19 como la modalidad de interpretación que permite la comunicación multilingüe cuando no es posible la presencialidad.

Aunque esta modalidad interpretativa ya llevaba algunos años de evolución, lo cierto es que su adopción generalizada a causa de la pandemia ha generado dudas y desconfianza entre diversos colectivos. El paradigma de la presencialidad al que tanto nos habíamos acostumbrado tiene que ampliarse para integrar una comunicación en la distancia. Las variables de la cercanía, que incluyen toda la riqueza de matices de la voz, la mirada, la gestualidad y la intensión (es decir, la carga semántica), ceden ante una multiplicidad de especificaciones técnicas que en un principio parecen alejarse mucho de la comunicación.

La labor de los intérpretes profesionales debe ser colaborar como colectivo profesional y garantizar que esta nueva modalidad de interpretación se convierta en una herramienta útil, sólida y sobre todo nuestra. Porque la ISR ha llegado para quedarse, más allá de una pandemia, un volcán o un conflicto. Demos la vuelta al contexto y así podremos aprovechar todo el potencial que nos brinda esta nueva manera de interpretar.
Madeleine Cases Silverstone
Madeleine Cases Silverstone es intérprete de conferencia desde 1990, miembro de la junta directiva de la Asociación de Intérpretes de Conferencia (AICE) y profesora asociada de interpretación en la Universidad Pompeu Fabra. Sus idiomas de trabajo son inglés, español, catalán y francés. Ha brindado servicios lingüísticos primero como traductora y desde 1990 como intérprete en el mercado europeo y en los últimos años viajando por todo el mundo. Su licenciatura inicial en Filosofía marcó desde el principio un profundo interés por la investigación en análisis del discurso y subjetividad. Combina la práctica profesional con la docencia en una búsqueda constante de equilibrio.

En el campo de la interpretación de conferencia, la pandemia de covid‑19 ha sido determinante para la irrupción de la interpretación simultánea remota. A pesar de que hacía algunos años que se sucedían experiencias y estudios, en los países de habla hispana el advenimiento de la ISR ha sido tan rápido que ha costado incluso acuñar un nombre común. En inglés, como suele ser el caso, no hubo ningún problema en comenzar a hablar y escribir de la Remote Simultaneous Interpreting, RSI, y ahí quedó todo. En español, en cambio, existe cierta ambigüedad en cuanto a si adoptar la expresión «Interpretación Simultánea Remota», ISR, o referirse a la «Interpretación Simultánea a Distancia», ISaD. Toda una lección de acrónimos, por cuanto esta dificultad terminológica expresa en gran medida la multiplicidad de opiniones y posturas que existen en el ámbito de la interpretación en el que el español es la lengua principal.

En español, en cambio, existe cierta ambigüedad en cuanto a si adoptar la expresión «Interpretación Simultánea Remota», ISR, o referirse a la «Interpretación Simultánea a Distancia», ISaD.

En principio, la problemática suscitada por la ISR parece sencilla. Las reuniones, eventos y congresos se han considerado algo en lo que la presencia física era obligada, y siempre se ha comentado que el contacto personal que tiene lugar en estas celebraciones es tan importante (o incluso más, según algunos) como el contenido de las ponencias y presentaciones que tienen lugar.

En países de ascendencia anglosajona y en el norte de Europa, la tendencia ha sido la contraria. Las tecnologías de la lengua y la computación analítica incluyeron hace ya bastantes años la comunicación no presencial, y con el paso del tiempo esta disciplina ganó en velocidad cuando se consiguió un notable progreso en el desarrollo de plataformas que incluyen imagen con una sincronía cada vez más depurada, con lo que se obtiene eventualmente la no presencialidad absoluta y completa, con imagen y sonido.

Los intérpretes de conferencia estábamos acostumbrados a criticar lo indecible aquellos congresos en los que algún ponente (…) daba su presentación por Skype.

Películas como Ella, e incluso la benigna eficiencia de Siri primero, y luego todo un repertorio de asistentes virtuales (siempre femeninas en primera instancia, aunque esa es otra historia), no nos alertaron lo suficiente en cuanto al vertiginoso desarrollo de las tecnologías del lenguaje.

Los intérpretes de conferencia estábamos acostumbrados a criticar lo indecible aquellos congresos en los que algún ponente, por causas habitualmente de enfermedad o citas profesionales ineludibles, daba su presentación por Skype. Luego llegaron los webinars, los podcasts… y, casi sin darnos cuenta, la pandemia de covid‑19 nos ha llevado en un abrir y cerrar de ojos a una situación apocalíptica tanto en lo sanitario como en lo profesional.

Todos nosotros nos dimos cuenta de que comenzaba una nueva época, y que había que adaptarse muy deprisa para poder hacer frente a lo que era, a todas luces, la mayor crisis profesional a la que nos habíamos enfrentado como colectivo. ¡Y en todos los idiomas!

Los intérpretes nos vimos sobrepasados por la ingente cantidad de plataformas de interpretación y sistemas de videoconferencia que aparecieron por doquier.

Hubo empresas que desde el principio vieron la oportunidad de obtener un jugoso beneficio contando con la ingenuidad y desesperación de muchos intérpretes, y era posible navegar por internet yendo de curso en curso y de una formación a otra, para obtener preciados y vistosos certificados digitales que en realidad nadie había validado. Los intérpretes nos vimos sobrepasados por la ingente cantidad de plataformas de interpretación y sistemas de videoconferencia que aparecieron por doquier. Incluso en algunos casos estos desarrollos se ofrecían también como agencias de contratación, lo cual motivó el que muchos intérpretes aceptaran trabajar en condiciones más que dudosas con la esperanza de tener trabajo con cierta regularidad. Porque después de las primeras cancelaciones había llegado el colapso absoluto de todo el trabajo previsto en los meses venideros, y no se salvaba nadie. Encontrarse sin trabajo, y, peor aún, sin expectativas de trabajo a corto y medio plazo, hizo que muchos intérpretes se sumieran en el pánico.

Un micrófono y unos auriculares

No obstante, ante una situación de desconcierto, y ante la posibilidad de que la interpretación de conferencia tal como la conocíamos se convirtiera en una actividad en línea realizada en solitario y a distancia, hubo una rotunda reacción de varias asociaciones profesionales de intérpretes y también de grupos de profesionales freelance, para devolver el foco, por así decirlo, a lo que realmente es importante: el trabajo del intérprete como tal. Se daba la situación de que un gran contingente de intérpretes habíamos invertido en auriculares, micrófonos, ordenadores y cables para después tener experiencias nefastas en cuanto a una carga cognitiva insostenible y niveles de estrés imposibles de gestionar. La mayoría descubrimos que trabajar en solitario, y fuera de un entorno audiovisual profesional y estable, conducía a situaciones de gran tensión, amén de descubrir con gran sorpresa que en realidad los problemas y fallos técnicos ocurren en el momento más insospechado y con cualquier tipo de plataforma o solución técnica. La lección está ya aprendida para los intérpretes, y de esta etapa de pocos meses, y de tanta desesperación, ya sabemos cómo encarar la interpretación simultánea remota. La lección está ya aprendida para los intérpretes, y de esta etapa de pocos meses, y de tanta desesperación, ya sabemos cómo encarar la interpretación simultánea remota. Podría decirse que cruzamos el Rubicón… y estamos de vuelta.

La Asociación de Intérpretes de Conferencia de España (AICE) ha celebrado en estos meses más de una reunión por videoconferencia. Precisamente la tecnología que al principio nos causaba mayor desconfianza se convirtió en poco tiempo en un excelente medio de comunicación. Se celebró una reunión específicamente para tratar el tema de la ISR. De allí se han tomado ideas y recomendaciones que la asociación está poniendo en marcha. Quizá lo más fundamental sea transmitir la idea de que la ISR no es un parche: aunque su irrupción haya sido apresurada a causa de la pandemia de covid‑19, llega para quedarse. Pero la ISR no es una tecnología que vaya a destruir toda la interpretación presencial. Es, sencillamente, una nueva modalidad de interpretación a la que nos tendremos que acostumbrar con mayor rapidez y posiblemente con menor discriminación que en el pasado.

Un error inicial fue confundir la interpretación telefónica (…) con la ISR, pensando que la tecnología «añadía» la imagen y que el resto de las variables (incluidas las condiciones de trabajo y los honorarios) no cambiarían.

Un error inicial fue confundir la interpretación telefónica —muy utilizada en la interpretación de servicios públicos— con la ISR, pensando que la tecnología «añadía» la imagen y que el resto de las variables (incluidas las condiciones de trabajo y los honorarios) no cambiarían. Este error de apreciación fue grave, y hubo muchas empresas oportunistas que intentaron rebajar condiciones económicas sin tener en cuenta que se trata de modalidades de interpretación completamente diferentes. Muchos intérpretes de conferencia se confundieron inicialmente también. La interpretación telefónica pertenece al ámbito de la interpretación de enlace, también denominada interpretación bilateral. Se trata de la interpretación de conversaciones activas, diálogos entre (por regla general) dos personas o, en todo caso, grupos reducidos de interlocutores. Cuando este tipo de interpretación se realiza en el marco de las instituciones públicas, como juzgados, dependencias policiales y hospitales, entre otras, se denomina Interpretación de Servicios Públicos o Interpretación de Comunidad.

Audiencia concurrida en una conferenciaLa confusión es fácilmente identificable: en estos casos se trata de diálogos dinámicos, espontáneos y con alternancia de interlocutores, con lo que hay pequeñas pausas, una dinámica concreta y, lo más importante, se trata de lengua hablada en todo momento, en la que existe una constante interacción entre quienes participan en la conversación. No se leen ponencias, no se realizan reflexiones de tipo abstracto, no se plantean tesis ni se explican razonamientos en gran detalle y profundidad. Porque este otro tipo de interlocución es la que se traduce en la modalidad de interpretación de conferencia, ya sea en consecutiva o simultánea. Las diferencias son grandes, y el código profesional por el que se rigen los intérpretes en un caso u otro no es el mismo, ya que las variables a tener en cuenta son distintas también.

Un error posterior fue pensar que, con la adquisición de unos buenos auriculares y un micrófono de calidad, además de un ordenador rápido y el correspondiente cable Ethernet, sería posible emular a la perfección las condiciones de sonido y el funcionamiento de la cabina… en casa del intérprete.

Un error posterior fue pensar que, con la adquisición de unos buenos auriculares y un micrófono de calidad, además de un ordenador rápido y el correspondiente cable Ethernet, sería posible emular a la perfección las condiciones de sonido y el funcionamiento de la cabina… en casa del intérprete. De hecho, y a pesar de que ya hemos descubierto que es imposible obtener la misma experiencia cognitiva y profesional fuera de las cabinas habituales (y aquí incluyo también los estudios de interpretación —a menudo denominados hub por su nombre en inglés— en las instalaciones de las empresas de servicios audiovisuales), hay muchos intérpretes que continúan con esta suposición. En este caso, la variable de más peso es el poder trabajar, después de muchos meses sin haberlo hecho.

En realidad, la ISR está abriendo una nueva ventana a todo un mundo de experiencias profesionales en interpretación. Contando con el debido aprendizaje, un conjunto de intérpretes, empresas de audiovisual, y empresas de organización de congresos y eventos, se podrá llegar a organizar ISR allí donde la interpretación presencial habitual no llegaba. Esto incluye reuniones cortas, conversaciones entre muy pocas personas separadas por muchos kilómetros, congresos híbridos con público en salas diferentes y ponentes en distintos lugares geográficos, encuentros celebrados en lugares con distintos husos horarios, y un largo etcétera. El interrogante que tantos se plantearon al principio —¿la pandemia de covid‑19 u otras similares pueden significar el fin de la interpretación de conferencia presencial?— no tiene razón de ser. La interpretación presencial no acaba aquí, sino que se defiende su importancia y utilidad. Ahora bien, ante circunstancias en las que la presencialidad es imposible, la interpretación remota es una nueva modalidad que consigue mantener abiertos los canales de comunicación internacional. No es solamente una pandemia lo que puede impedir la presencialidad: el volcán islandés Eyjafjallajökull en 2010 causó un parón de actividad en toda Europa que afectó también a los intérpretes. Recordemos que no es solamente una pandemia lo que puede impedir la presencialidad: el volcán islandés Eyjafjallajökull en 2010 causó un parón de actividad en toda Europa que afectó también a los intérpretes. Y en situaciones de terrorismo, o guerra, la presencialidad siempre será peligrosa.

Así que la interpretación remota llega para quedarse, y ahora se trata de que los intérpretes sepamos desarrollar esta modalidad con responsabilidad y ética. Y ello obliga a una reflexión importante que cobra especial significado en estas páginas: no queremos que con la ISR ocurra lo mismo que ocurrió con las tecnologías de la traducción asistida por ordenador. Hay más ejemplos de casos en los que la tecnología sin supervisión ha acabado por dañar gravemente o destruir aquello a lo que supuestamente ayudaba, y el caso de la traducción escrita es muy claro. Las tecnologías que se fueron desarrollando eran tecnologías de ayuda a los traductores profesionales, pero, sin saber muy bien cómo, las empresas tomaron la delantera y las tecnologías se convirtieron, prácticamente, en agencias de traducción. El uso y abuso de una nueva tecnología, que se aplicó antes siquiera de entenderla por completo, llevó a una situación en la que los honorarios profesionales de los traductores tuvieron que ceder. El uso y abuso de una nueva tecnología, que se aplicó antes siquiera de entenderla por completo, llevó a una situación en la que los honorarios profesionales de los traductores tuvieron que ceder. Modalidad por modalidad, se fue dejando de pagar por página o grupo de caracteres para pagar por palabra, en todos los casos excepto, por ahora (¡larga vida!), la traducción literaria. Los matches o pretraducciones realizadas por el programa de traducción asistida (sea cual sea, ya que todos comparten rasgos comunes) dejaron de pagarse. El traductor profesional se convertía en un miembro más de un equipo virtual y el gestor del proyecto ostentaba todo el poder. El pasar tiempo pensando, reflexionando, modificando sintaxis en aras de una mejor traducción se transformó en una actividad de traducción basada cada vez más en la memoria de traducción generada en y por el programa informático, lo que conduce a equivalencias, medidas incluso en cifras porcentuales, que se imponen como solución y que, en realidad, están llevando a una curiosa situación. Miles y miles de traducciones asistidas por ordenador, realizadas buscando más el beneficio económico que la absoluta corrección y adaptación lingüística contextual, nos han llevado a lecturas, en inglés y español, en las que incluso la puntuación (por poner un ejemplo), ha pasado a parecerse muchísimo en ambas lenguas. ¿Por qué? Porque la base de casi todo en un programa de traducción asistida es la frase con punto y seguido, que se utiliza como base generalmente tanto para las actividades de pretraducción como para generar una extensa memoria de traducción de ese mismo programa.

Tenemos que evitar a toda costa que se pretenda estandarizar la interpretación, además de deslocalizarla.Si la interpretación remota no va con cuidado, es muy posible que la trayectoria sea parecida. Tenemos que evitar a toda costa que se pretenda estandarizar la interpretación, además de deslocalizarla. La tecnología que acompaña la ISR es fascinante y muy positiva, y desde luego que se presta a una intensa actividad de investigación académica novedosa y atractiva. Los corpus que se generarán mediante la grabación automática —no nos engañemos— de tantas y tantas interpretaciones remotas que se realizarán van a permitir avances tecnológicos de una gran sofisticación, y al tratarse de la lengua hablada, el valor de todo ese cúmulo de palabras, frases, expresiones, entonaciones y gestión de pausas e intensidad significará toda una multiplicidad de posibilidades computacionales: glosarios dinámicos en pantalla; subtitulación automática en tiempo real; estudios de pronóstico y estadísticas del lenguaje. Varias filas de sillas La lingüística forense también sabrá aprovechar estos corpus ingentes de discurso oral.

Teniendo en cuenta todas estas reflexiones, es muy importante que los intérpretes profesionales sepamos trabajar de manera proactiva y, especialmente, como colectivo. Algo que —como ha sido y es todavía el caso de los traductores profesionales— no suele ser parte de nuestro ADN. Pero el trabajo inmediato que ha comportado la pandemia de covid‑19 nos ha enseñado que, en realidad, trabajar con nuestros «concabinos» y «concabinas» (los intérpretes también tenemos nuestro pequeño argot) es una prioridad. Y el desarrollo de la ISR ha de continuar siendo parte integrante de la actividad de los intérpretes de conferencia. Desde AICE estamos trabajando en la generación de documentos de trabajo para informar a quienes piensan en contratar servicios de interpretación no presencial. También hemos planteado la reflexión acerca de nuestro código deontológico, para defender un trabajo intelectual que debe seguir desarrollándose en las mejores condiciones, ya sea en un contexto de presencialidad o fuera de él. En realidad, trabajar con nuestros «concabinos» y «concabinas» (los intérpretes también tenemos nuestro pequeño argot) es una prioridad. En tiempos de cambio hay que saber abrirse a nuevas oportunidades, en condiciones de responsabilidad y buena preparación profesional.

El multilingüismo y la comunicación internacional no dejarán nunca de existir, porque son la esencia misma de la humanidad. Exploremos pues la ISR como una nueva avenida profesional que viene a sumarse a las demás modalidades de interpretación. Que sepamos conseguir un desarrollo estable, sólido y productivo dependerá de nosotros. Desde AICE, y en colaboración con intérpretes profesionales en distintos lugares del planeta, conseguiremos que la ISR se convierta en otra modalidad de interpretación, a realizar en condiciones profesionales que favorezcan el mejor resultado para todos.

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