La Linterna del Traductor
Panorama: Experiencias pandémicas

Teletrabajo en la empresa de traducción

Ana López García

Como muchas otras empresas, las de traducción también tuvieron que adaptarse rápidamente para que sus empleados pudieran teletrabajar a raíz del confinamiento por la covid‑19. Si bien nuestro trabajo se presta a realizarlo casi en cualquier sitio donde podamos disponer de un ordenador y conexión a internet, no cabe duda de que cambiar las rutinas del trabajo en equipo desde una misma oficina por las del trabajo a distancia desde casa suponía un reto.

Ana López García
Ana López García es licenciada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Granada. Desde 2002, trabaja en SDL Spain, donde actualmente es Principal Translator y trabaja, sobre todo, en proyectos de localización, marketing, informática y electrónica de consumo. También es profesora de Localización Multimedia en el Máster Universitario en Traducción Profesional de la Facultad de Traducción e Interpretación de Granada.

Tantos años teniendo curiosidad por cómo sería trabajar desde casa como mis muchos amigos autónomos, y tuvo que llegar una pandemia para descubrirlo. Tantos años teniendo curiosidad por cómo sería trabajar desde casa como mis muchos amigos autónomos, y tuvo que llegar una pandemia para descubrirlo. Después de casi veinte años saliendo a diario de casa para ir a la oficina, a mediados del pasado marzo me fui unos días de vacaciones y a día de hoy no he vuelto a sentarme a trabajar al lado de mis compañeros.

En realidad sí que había tenido alguna experiencia previa trabajando desde casa. Ya desde hace unos años mi empresa tiene algunas iniciativas en marcha para flexibilizar las condiciones de trabajo de los empleados. Por ejemplo, muchos ordenadores de sobremesa se han ido sustituyendo por portátiles para poder trabajar desde fuera de la oficina si lo necesitamos, y yo ya lo había hecho en alguna ocasión. Por eso, como el día que me iba de vacaciones ya se intuía que aquello del confinamiento se podía hacer realidad, me llevé mi portátil «por lo que pueda pasar».

Sin embargo, esas experiencias anteriores no habían sido del todo buenas: aunque en general podía hacer mi trabajo, muchas tareas se complicaban bastante. Mediante una conexión VPN, se podía acceder a los servidores de la oficina y a prácticamente toda la red de la empresa, pero cosas como copiar un archivo de una carpeta a otra podían convertirse en toda una prueba para la paciencia de cualquiera. Allá fui, sobre todo, a recoger mi estupendo monitor de 24 pulgadas, que no está ya una para dejarse la vista en la pantalla del portátil. ¿La velocidad a la hora de utilizar una memoria de traducción desde el servidor? Un auténtico suplicio. Por eso, la perspectiva de tener que trabajar así durante varios días, quizás unas cuantas semanas (qué ilusos éramos por aquellas fechas) no nos tenía precisamente tranquilos.

Y el fatídico día llegó. Nos confinaron y nos tuvimos que ir todos a trabajar desde casa. Todavía estaba de vacaciones el último día que pasé por la oficina. Desde la empresa nos pusieron todas las facilidades para que pudiéramos seguir trabajando en las mejores condiciones posibles, así que nos permitieron llevarnos a casa todo lo que necesitáramos, además de los ordenadores: monitores, teclados, ratones, incluso sillas… Así que allá fui, sobre todo, a recoger mi estupendo monitor de 24 pulgadas, que no está ya una para dejarse la vista en la pantalla del portátil.

Ya con la nueva oficina montada en la mesa del comedor (mi casa no es muy grande, y mi pareja también tuvo que empezar a teletrabajar, así que había que aprovechar bien los espacios), llegó el momento clave: había que planear bien la coordinación del trabajo entre el equipo. Nuestro departamento de traducción está dividido en varios equipos, cada uno especializado en una o varias temáticas. Esas normas ya conocidas han sido una base fundamental para que todo siguiera funcionando a pesar de haber tenido que cambiar de escenario de una forma tan radical y tan rápida. La mayor parte del tiempo trabajamos solo dentro de nuestro equipo, pero en algunas ocasiones nos podemos ayudar entre equipos, o alguna persona puede cambiar de equipo para adaptarnos a las demandas de los clientes, así que los procesos están definidos de la misma forma para todos. Y esas normas ya conocidas han sido una base fundamental para que todo siguiera funcionando a pesar de haber tenido que cambiar de escenario de una forma tan radical y tan rápida.

Por ejemplo, cada equipo tiene su lista de tareas compartida en Outlook. Cada uno de los miembros del equipo puede filtrarla por su nombre para ver todo lo que tiene que hacer cada día, y en cada tarea incluimos toda la información necesaria para hacer ese trabajo: rutas para acceder a los archivos y los materiales de referencia, instrucciones, recuentos, fechas y horas de entrega… La lista se actualiza automáticamente para todos, de forma que, en cuanto un traductor indica que ha terminado una traducción, el revisor sabe al instante que puede empezar su labor, y además podemos dejarnos cualquier comentario o aviso que queramos que se tenga en cuenta para la revisión o para la entrega. Todo esto, que antes nos servía simplemente para agilizar el trabajo y reducir el número de correos electrónicos que enviamos, ahora se ha convertido en un medio muy eficaz de comunicarnos al instante sin importar que ya no estemos todos sentados en la misma sala.

Foto de un escritorio

La oficina, instalada en la mesa del comedor.

Pero todavía nos quedaba encontrar una solución al problema de la lentitud para trabajar con los archivos del servidor de la oficina. Era lo que más nos preocupaba, ya que para nosotros es imprescindible que, por ejemplo, las memorias de traducción se mantengan siempre actualizadas y disponibles para todos (no es raro que haya en marcha varios trabajos de un mismo cliente de forma simultánea) o que los encargados de gestionar los proyectos reciban los archivos para hacer las entregas a tiempo, sin retrasos inesperados.

Nuestras herramientas de traducción ya tenían desde hace tiempo diferentes funciones para trabajar en la nube. Nuestras herramientas de traducción ya tenían desde hace tiempo diferentes funciones para trabajar en la nube. No solíamos usarlas demasiado porque la verdad es que trabajar desde el servidor local nos seguía resultando más ágil, pero como ya no estábamos todos conectados a ese servidor casi literalmente con un cable directo, había que plantearse aprovecharlas. Y eso hicimos: ahora todas nuestras memorias de traducción e incluso los archivos de los proyectos se comparten a través de un servidor en la nube que, aunque a ratos es algo más lento que la conexión local, es muchísimo más rápido que seguir usando el servidor local a través de una VPN. Y, además, también podemos usar el mismo servidor en la nube para compartir archivos con los traductores autónomos que colaboran con nosotros, así que por esa parte también hemos conseguido agilizar algunos procesos (¡adiós, FTP!).

Con todo esto, otra de las cosas que hemos conseguido ha sido que la jornada de trabajo siga siendo bastante parecida a la de la oficina. Al tener que coincidir con mis compañeros de equipo para coordinar todas las fases de los proyectos, nuestro horario sigue siendo el habitual de una oficina. La única diferencia es que, al no tener que perder tiempo en desplazarme, en mi caso suelo empezar la jornada más temprano para intentar tener más tiempo libre por las tardes. No siempre lo consigo, es verdad, pero también es más fácil hacer una pausa a mitad de la jornada si necesito hacer algún trámite personal, así que en el fondo creo que también nos ayuda a conciliar un poco mejor la vida laboral y la personal.

Una horita de charla de vez en cuando para vernos las caras, contarnos cosas y saber cómo está todo el mundo sienta muy bien, la verdad. Ah, y como casi todos, también hemos tenido Skype y Teams echando humo. Al principio hacíamos reuniones casi a diario y con el tiempo las hemos ido espaciando un poco más, pero de todas formas sigue siendo una buena forma de mantener esa conexión de equipo. Una horita de charla de vez en cuando para vernos las caras, contarnos cosas y saber cómo está todo el mundo sienta muy bien, la verdad.

Es cierto que no es lo mismo que estar juntos en la oficina, donde un rato en la cocina mientras te tomas un café o comes puede servir para arreglar el mundo (o, por lo menos, ese proyecto que te está dando la lata). Pero incluso en ese tipo de aspectos no está del todo mal haber cambiado las rutinas. En algunas épocas he podido recurrir con demasiada frecuencia al menú del día en el bar de abajo o al clásico sándwich de la máquina por falta de tiempo, mientras que en estos meses la comida casera ha sido la protagonista de mi dieta, y eso siempre se agradece. Y otro detalle que también ha cambiado en mi rutina de trabajo es que he reducido drásticamente el uso de auriculares. En la oficina eran imprescindibles para no molestar a los compañeros si te gusta escuchar música para concentrarte, pero estando en casa ya no son necesarios. Eso sí, a cambio hay momentos en los que recorrer el pasillo de mi casa puede ser un poco locura. Como mencionaba antes, mi pareja también está teletrabajando y él ha montado su puesto de trabajo en uno de los dormitorios, así que cada uno solemos tener nuestra propia música. Y cuando alguno se anima y sube el volumen… Más de una vez hemos tenido que cerrar la puerta o avisarnos porque uno de los dos tenía una videoconferencia, y no era cuestión de que pareciera que había una fiesta por detrás.

Para mí, y creo que para todo nuestro equipo, la experiencia del teletrabajo está siendo, a pesar de las circunstancias, positiva. En resumen, para mí, y creo que para todo nuestro equipo, la experiencia del teletrabajo está siendo, a pesar de las circunstancias, positiva. Aunque siga habiendo detalles que pulir, hemos sido capaces de adaptar nuestros procesos rápidamente a la nueva situación y seguir ofreciendo nuestros servicios sin que los clientes noten mucha diferencia. Y aunque seguro que llegará el día en que volveremos todos a la oficina y a nuestras antiguas rutinas, ahora sabemos que también podemos trabajar bien desde casa y hemos abierto la puerta a la posibilidad de seguir disfrutando de esa flexibilidad en el futuro.

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