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La voz de Asetrad: El programa de actividades de Asetrad

Con Soria en el recuerdo

Beatriz Pérez Alonso
Beatriz Pérez Alonso
Beatriz Pérez Alonso es licenciada en filología clásica (Universidad Complutense de Madrid) y traductora técnica de francés. Está especializada en comercio y turismo. Cursó estudios de doctorado en los programas de lingüística indoeuropea antigua, y mitos y religiones de Grecia y Asia Menor. Se ha dedicado en exclusiva a la traducción desde hace unos doce años, con un pequeño intervalo como docente en la Universidad Comillas-icade de Madrid.

Quiero expresar mi agradecimiento a Isabel Hoyos por invitarme a enviar un cariñoso saludo a todas las personas que están participado en el programa de actividades lúdico-culturales de Asetrad, ahora que va tomando forma. También quiero saludar a todas las que no han podido participar por diversos motivos pero han mostrado disposición e interés en hacerlo, y a las que no han participado aún porque no ha habido ocasión pero se han prestado voluntariamente a hacerlo en el futuro. Espero que se me perdone que no cite prácticamente a nadie, pero como sin duda dice un dicho arcano que me acabo de inventar (o que me acabo de inventar que me he inventado), siempre es mejor quedar mal con todo el mundo que solo con alguno, porque lo que a uno le distingue en esta vida no es la capacidad para hacer amigos, sino la de hacer enemigos. Menos en broma, pero sin pasarse: me resulta imposible dar todos los nombres porque ocuparían estas líneas al completo y entonces yo no tendría hueco para decir lo que quiero decir, y para eso me ha invitado Isabel precisamente.

El año pasado comenzamos a ir de visita a museos, a raíz de la exposición que el Prado realizó en Madrid sobre el maestro Rembrandt. Nos lo pasamos estupendamente, aprendimos mucho, disfrutamos más y hemos repetido con otros actos similares en diversas ocasiones. Como cualquier otra gran ciudad, Madrid está llena de cosas interesantes que ver, que a veces se nos escapan por falta de tiempo o por no quedar con otras personas que te obliguen a deshurañizarte. Descubrimos que desplazarse con alguien que haga de guía tiene la ventaja de hacerte disfrutar de las cosas de una manera mucho más provechosa que yendo a la aventura. En estas estábamos cuando se nos ocurrió que tal vez un programa de estas características llenase los espacios vacíos que necesariamente existen entre asambleas, cursos de pago y demás actividades oficiales, y alimentase el espíritu de grupo y camaradería tan necesario en un oficio que aísla tanto como el nuestro y que nos lleva a relacionarnos básicamente por correo, un medio frío donde los haya. Un programa de estas características sirve, además, para conocer los intereses de los socios y darles cabida, y para descubrir talentos de la comunicación, que en Asetrad abundan.

Hasta la fecha hemos podido realizar un curso sobre Excel 2007 en la sede de la asociación, una visita a la Casa Árabe gracias a Irene, una reunión en Alicante gracias a Ana Belén y Paula, y otra en Soria. Personalmente, tuve la suerte de poder asistir al curso de Miriam García y al viaje por tierras sorianas, y como he de encontrar un enfoque para explicar por qué me parece que este programa es algo que debe perdurar —y además me apetece en el alma hablar de Soria, ciudad que se presta a la melancolía y la emotividad—, pues allá voy.

Siempre había querido conocer Soria, y más de una vez me había propuesto programar una ruta del románico, sin llegar a conseguirlo nunca porque requiere un trabajo previo de investigación que la rutina no me deja acometer. Rocío y Ángela lo hicieron generosamente por nosotros y nos llevaron —me atrevería de decir que nos transportaron, porque sin duda algunos de ellos fueron de ensueño— a parajes que solo un lugareño podría considerar en un viaje de fin de semana, por mucho arte que uno tenga preparándolos.

Soria

Quedan para mí en el recuerdo —ese lugar donde se puede volver siempre, como seguramente dijo algún poeta (porque está claro que esto no se me ha ocurrido a mí)— el placer de la excelente compañía de las organizadoras, amén de la de Ana, Martina, Diana, Margaret y Manolo, la singular historia del sepulcro de San Pedro de Osma en Burgo (personalmente no fui capaz de resistirme a comprar una copia del mapamundi del beato, que he colocado en mi despacho con todo el empaque que el objeto merece), los antiguos fondos marinos convertidos en escarpados riscos del Cañón del Río Lobos que —estoy segura más que convencida— son parte del cielo en la Tierra, las inolvidables vistas desde la Cueva Grande del templo románico que la purifica, la atalaya de Uxama colgada del vacío desafiando al vértigo, la caída de la tarde en Calatañazor con la dorada puesta de sol desde el castillo, el Duero desde la mole impresionante de San Saturio, el monasterio de San Juan, y una deliciosa comida con mi familia, ya de regreso, al mismo pie de la colegiata de la bellísima Medinaceli. Me dejo parte en el tintero, claro está, pero como dijo Cirano —esta vez sí que me veo capaz de mencionar la fuente—, es mi secreto.

Gracias a todos. Volver arriba

Soria

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