La Linterna del Traductor

EDITORIAL

CARTAS AL DIRECTOR

LA VOZ DE ASETRAD

El programa de actividades de Asetrad

TECNOLOGÍA APLICADA A LA TRADUCCIÓN

Pildoritas tecnológicas

TRADUCCIÓN CIENTÍFICA Y TÉCNICA

TRADUCCIÓN JURÍDICA

TRADUCCIÓN LITERARIA

TRADUCCIÓN AUDIOVISUAL

TERMINOLOGÍA

TRIBUNA ESTUDIANTIL

PANORAMA

Otras asociaciones

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

COLOFÓN

Escritores traductores

No solo de pan vive el traductor

Las ilustraciones de este número
Colofón: Las ilustraciones de este número

Paisajes de una vida

Llorenç Serrahima
Llorenç Serrahima

Llorenç Serrahima es traductor médico profesional y artista aficionado. Empezó a hacer sus primeros pinitos con el dibujo allá por 1973, en un taller de un pintor barcelonés que le enseñó a mantener las luces y las sombras dentro de unos límites razonables para dar verosimilitud a la imagen. Más adelante, ya a finales del siglo pasado, dio el salto al color y a la pintura de la mano del pintor ADOLF, de quien tras varios años de aprendizaje recibió los rudimentos de la mezcla de colores que daría otra vida a sus imágenes. Muchas horas de práctica, muchos pinceles y muchas pinturas más tarde, y un proceso de selección en el que han caído bastante más telas de las que han sobrevivido, ha acumulado una pequeña colección de obras que decoran su propio despacho. Son otra manera de ir escribiendo un diario de sensaciones a lo largo de los años.

En esta segunda colaboración con La Linterna del Traductor me he decidido por presentar una selección de paisajes que he ido pintando en un intervalo de quince años. Algunos tienen el simple valor de haber llenado unas tardes de ocio, otros fueron pintados en compañía de alguien que pintaba conmigo, y alguno revela una inquietud más profunda en busca de un estilo de expresión nuevo. Son un conjunto de obras pintadas al óleo o con pintura acrílica utilizada como el óleo, que reflejan momentos más o menos diversos de mi vida, aunque todos ellos relacionados entre sí por el gozo de las horas pasadas pintando. Cada uno de ellos me cuenta una historia íntima, especial, como debe ser con cualquier obra de arte. Seguramente a ti, amigo lector, te contará otra historia distinta, que espero te haga sentir bien por un instante. Porque el arte es eso, crear una obra para provocar un sentimiento en el espectador. Si el sentimiento es agradable para quien la contempla y desea volver a sentirlo, es decir, desea volver a ver la obra, la obra es buena. Si el sentimiento no es lo bastante agradable, la obra no es buena. Si no provoca ningún sentimiento, no es arte. Por eso, a la hora de escoger los trabajos que se expondrán a la mirada del público, uno siempre duda si la elección será acertada o no. Algunos, como Cantàbric, Delta del Llobregat o Parc Central, formaron parte de la exposición colectiva celebrada el pasado mes de septiembre en el porche del claustro del monasterio de Sant Cugat. Otros han pasado directamente del caballete a las paredes de mi casa o a una estantería donde aguardaron su oportunidad para ser expuestos, en compañía de muchos otros que allí siguen. Ahora que aparecen a la luz pública espero que todos ellos generen algún sentimiento de satisfacción, por leve que sea.

© Llorenç Serrahima
Volver arriba
Compartir
Reproducción parcial o total de contenidos o ilustraciones sólo con autorización por escrito de la redacción y citando autor y fuente.