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María Barbero

Con cierta frecuencia se leen afirmaciones —más o menos apresuradas— relativas a fallos de traducción que se arrastran desde épocas antiguas y que han dejado su huella sobre distintas manifestaciones culturales y artísticas de las culturas occidentales. ¿Quién no ha oído hablar del imposible camello que pasa por el ojo de la aguja, de topónimos de hilarante y dudosa etimología o de sorprendentes zapatitos de cristal?

En este apartado de traducción literaria queremos abrir un nuevo capítulo temático que tratará precisamente de estos fallos traductoriles con raigambre histórica, sean reales o imaginarios. Comenzaremos hablando de uno de los supuestos errores en la traducción de la Biblia de san Jerónimo.

El presente artículo es una reelaboración de un texto mío que apareció como mensaje en la lista de correo de Asetrad el día 20 de enero de 2011.

M. Barbero
M. Barbero nació en Carta­gena. Es­tu­dió Filología Ale­ma­na en España (Sala­man­ca, 1985) y Lite­ratura y Ci­ne­ma­to­grafía del Expresionismo en los Estados Unidos (Amherst, 2001). Se dedica a la traducción técnica (fitosanidad, plásticos y maqui­naria, especialmente) desde 1986. Es socia fundadora de Asetrad y miembro de Tremédica. Pertenece al comité editorial de Panace@ y dirige desde sus comienzos esta segunda época de La Linterna del Traductor.

En el año 2004, los estadounidenses Ian Caldwell (graduado en Historia en Princeton en 1998) y Dustin Thomason (con estudios de Medicina y Antropología en Harvard y graduado en Columbia en 2003) publicaban en su ópera prima The Rule of Four (editado en español por la editorial Roca en el año 2004 bajo el título de El enigma del cuatro) la afirmación de que en la escultura de Buonarroti se representa a un Moisés cornudo porque san Jerónimo se equivocó al traducir la Biblia y confundió el verbo hebreo que significa «irradiar luz» por el sustantivo griego que significa «cuernos»:

The horns have nothing to do with being a cuckold. The riddle was literal: who gave Moses horns? It's from a mistranslation of the Bible. When Moses comes down from Mount Sinai, Exodus says, his face glows with rays of light. But the Hebrew word for 'rays' can also be translated as 'horns'—karan versus keren. When Saint Jerome translated the Old Testament into Latin, he thought that no one but Christ should glow with rays of light—so he advanced the secondary translation. And that's how Michelangelo carved his Moses. With horns.

Ian Caldwell & Dustin Thomason (2005): The Rule of Four. Londres: Arrow Books, p. 213.

Moisés

Esta misma afirmación hace tiempo que corre como reguero de pólvora por Internet. Incluso tiene ya un lugar de honor en la Wikipedia en español:

La estatua se representa con cuernos en su cabeza. Se cree que esta característica procede de un error en la traducción por parte de San Jerónimo del capítulo del Éxodo, 34:29-35. En este texto, Moisés se caracteriza por tener karan ohr panav («un rostro del que emanaban rayos de luz»), lo que San Jerónimo en la Vulgata tradujo por cornuta esset facies sua («su rostro era cornudo»). El error en la traducción es posible debido a que la palabra «karan» en hebreo puede significar «rayo» o «cuerno».

Si algo hay tan ambiguamente positivo como negativo en la rauda difusión de la información en esta era de Internet es precisamente la rapidez con que se transmiten las leyendas urbanas, las etimologías supuestas, las afirmaciones acríticas y los conocimientos injustificados y no cotejados. Basta con situarlos estratégicamente y darles difusión entre población poco erudita para que su presencia se multiplique en webs y blogs, se transmita a través de listas de correo y redes sociales y adquiera de esta forma, al fin, carta de ciudadanía en el jardín del conocimiento humano.

Así, lo que para un laborioso historiador pudo ser una hipótesis no respaldada, para el lector poco exigente que se conforma con beber de fuentes no cotejadas de Internet se convierte en realidad. No sería de extrañar que en breve, por tanto, esta curiosa explicación de los cuernos del Moisés de Miguel Ángel (por no hablar de otras representaciones pictóricas y escultóricas de un Moisés con cuernos) fuera considerada indiscutiblemente cierta. Porque el mecanismo de repetir muchas veces una mentira para convertirla en verdad parece funcionar extraordinariamente bien en esta época de enciclopedismo falso y acrítico en la que vivimos.

Por mi parte, tras haber examinado este asunto y haber revisado bastante bibliografía, considero que la idea del error de traducción de san Jerónimo en este caso es tan apócrifa y falsa como muchas de las brillantes y facilonas interpretaciones simbolísticas a las que tan aficionado es Brown, otro autor estadounidense de bestsellers, en su Da Vinci Code.

Para explicar mi postura he de ir por partes.

  1. En el proceso de traducción de la Vulgata, san Jerónimo tenía a su disposición tanto los textos hebreos como el texto griego (concretamente, la Septuaginta). Sabemos que Jerónimo de Estridón (alias san Jerónimo) dominaba el griego, mientras que sus conocimientos del hebreo eran más rudimentarios (aunque se trasladó a vivir a Belén para aprender el idioma).
  2. En el Éxodo (34, 29) de la versión septuaginta se menciona a Moisés bajando del Sinaí. El verbo que se utiliza en griego es dedocastai (algo así como «glorificar»), en el sentido de que el rostro de Moisés estaba «resplandeciente», «henchido de divinidad» o cosa semejante (la versión de Reina Valera de la Biblia dice aquí: «Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios»).
  3. Sin embargo, al llegar a ese versículo, los postulantes del error de traducción afirman que san Jerónimo
    • deja la versión griega y toma la hebrea;
    • se encuentra con el verbo hebreo qaran y, en lugar de darle el significado original hebreo de «irradiar luz», que sería el adecuado a este contexto, se decide por darle el significado que ese mismo verbo tiene en Salmos, 69, 31 («Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey, o becerro que tiene cuernos y pezuñas», en la Reina Valera),
    • y a continuación , en latín, escribe «Quod cornuta esset facies sua», que literalmente significaría «que su rostro estaba cornudo».

Ahí se queda el lector anecdótico: san Jerónimo se equivoca porque confunde una palabra hebrea que puede significar «luz» con una griega que significa «cuernos».

Pero quedarse con esta explicación resulta, a mi entender, bastante arriesgado. San Jerónimo es un traductor muy culto que tiene a su disposición el texto griego, en el que para qaran aparece dodicastai, que significa «glorificado» y que no tiene nada que ver con cuernos. Suponer que Jerónimo leyó qaran en hebreo y asumió precipitada y erróneamente que significaba lo mismo que el keras griego es dar un salto demasiado apresurado, teniendo en cuenta que

Por lo tanto, me inclino a asumir, más bien, que la razón de que san Jerónimo se decidiera a verter el griego como «Quod cornuta esset facies sua» sea que en esa expresión (cornuta) hubiera en su día un simbolismo teológico que somos incapaces de identificar en este siglo.

Amón Ra

Figura 1: El dios egipcio Amón Ra, con cuernos de autoridad

Zeus

Figura 2: Imágenes del dios Zeus con el tocado de cuernos de carnero

Efectivamente: si leemos en algo más de profundidad la obra de san Jerónimo, resulta que

Alejandro Magno

Figura 3: Representaciones cornudas de Alejandro Magno

Moisés con cuernos

Figura 4: Medalla judía en la que se representa a Moisés dotado de cuernos

Aunque parezca guasa, los cuernos de Moisés han dado mucho que hablar desde que apareció la Vulgata. Si bien en culturas antiguas la cornamenta es símbolo de poder, de fortaleza (de edad y de sabiduría, puesto que el animal astado es más maduro y experto que el que no tiene cuernos), el significado exacto del simbolismo jeronimiano se pierde pronto, como demuestra el hecho de que en In omnes beati Pauli Apostoli epistolas, super 2 Co. III, Lectio II, santo Tomás de Aquino se viera en la necesidad de explicar públicamente que Moisés no llevaba cuernos. La razón: para el cristianismo medieval, la cornamenta había pasado a ser símbolo de posesión demoníaca. Hay caracterizaciones medievales de judíos con cuernos, presentados como aliados con el demonio. De ahí que incluso haya habido quienes interpreten erróneamente la creación del Moisés cornudo de Miguel Ángel como un signo antisemita del papado romano de la época.

Para ajustar el texto de la Biblia a un lenguaje más actualizado y no tener que dar tantas explicaciones sobre los cuernos (que, como ya digo, pasaron a tener un significado completamente diferente a «fuerza» o «poder» durante la Edad Media), la Iglesia modificó esa voz en la traducción de san Jerónimo. Pero quiero insistir en que el cambio no se hizo porque la de Jerónimo fuera una mala traducción, sino porque la gente ya no entendía la imagen.

Quede dicho todo lo anterior como constatación de que los tiempos cambian y los símbolos cambian. Igual que para un lector actual llevar cuernos no tiene nada que ver con posesión demoníaca, sino más bien con infidelidad de la pareja, los jeronimianos cuernos de Moisés no son una mala traducción, sino la expresión de una simbología largamente perdida.

No quiero terminar sin recomendar la lectura de un interesante artículo disponible online. Se trata de la tesis de Bena Medjuck, que dedica un total de 120 páginas a disertar sobre los cuernos de Moisés. El trabajo contiene una interesante bibliografía. Otro artículo al respecto se puede encontrar aquí. A partir de la página 60, Antonio Ruiz de Elvira aporta una fundada explicación sobre la eliminación de la palabra cuernos en traducciones posteriores de la Biblia.

Como interesante y digestivo colofón sirvan también los dos articulitos que dedica Gerardo Jofre al tema en una acreditada web de arqueología (1 y 2).

Y para el que tenga ganas de trabajar con fuentes en papel resultará imprescindible el libro de una acreditada especialista en historia del arte medieval, Ruth Mellinkoff: The Horned Moses in Medieval Art and Thought. Eugene (Oregon, EE. UU.): Wipf & Stock Publishers, 1997. En Google Books se encuentra disponible un extracto de la versión de este libro aparecida en 1970 en University of California Press. La edición más moderna del mismo se puede adquirir en Amazon en edición rústica.

Y con esto termino. Como decía en el mensaje original que envié en su día sobre este asunto, no es que la exégesis bíblica sea lo mío, pero por puro sentido de la honradez me fastidia que dos autores estadounidenses de bestsellers con un diccionario  en  la  mano  vengan  a  enmendarle  la  plana  al  patrón  de  los traductores.

Moisés

Figura 5: Moisés en la Biblia de Bury (s. xii). Apréciense los cuernos

Moisés en Kelby

Figura 6: Representación danesa de Moisés cornudo en Kelby (año 325)

Grabado veneciano

Figura 7: Grabado veneciano de 1521. Obsérvese el Moisés cornudo

Moisés de Ribera

Figura 8: En el siglo xvii, Ribera ya pinta a un Moisés sin cuernos. En lugar de estos, lleva unos rayos de luz que lo glorifican

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