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Blanca Rodríguez
Blanca RodríguezBlanca Rodríguez estudió traducción e interpretación en la Universidad de Vigo, es traductora profesional desde el 2001 y viajera, más frustrada que realizada. Formó parte del equipo fundador de La Linterna en su primera etapa, durante la que fue jefa de redacción, y ha sido columnista de Intercambios, boletín de la división de español de la ata, e integrante de la junta directiva de la agpti. En el mundo de la cooperación, es voluntaria desde el año 2000 de la ong gallega Implicadas no Desenvolvemento, de cuya junta directiva es secretaria en la actualidad. Conoce de primera mano los proyectos de la organización en la India y Etiopía, participó en la Cumbre Mundial del Microcrédito en Canadá (2006), imparte numerosas charlas y cursos sobre cooperación al desarrollo y coordina el ciclo formativo Vanakkam!, que todos los años, desde 2007, ofrece la oportunidad de conocer en el terreno el trabajo de Implicadas en la India.

Muchísimo antes de encontrar mi vocación de traductora me di cuenta de que el mundo era profundamente injusto y sentí la necesidad de hacer algo al respecto. No tengo claro en qué momento surgió esa consciencia, pero sí que no recuerdo cuando no existía, así que debió de ser en mi más tierna infancia. Sí me acuerdo con total nitidez de mi indignación hacia Greenpeace cuando recibí su contestación, negativa, claro está, a mi entusiasta carta en la que me ofrecía para amarrarme a superpetroleros, centrales nucleares o cualquier otro lugar igualmente peligroso para mí y la naturaleza. Tenía 13 años.

El cabreo y la decepción por la experiencia con Greenpeace me hicieron olvidarme un poco del tema hasta que, a principios del 2000, descubrí en mi facultad un cartel de un curso de voluntariado y me apunté. No tenía ni idea de cuánto iba a cambiar mi vida aquel curso, pero el caso es que allí descubrí Implicadas no Desenvolvemento, una ong gallega que por aquel entonces acababa de cumplir dos años, y el flechazo fue inmediato.

Blanca Rodríguez
Blanca Rodríguez
Blanca Rodríguez

Once años después, sonrío con cierta ternura al pensar en aquella chavalita que acudió a su primera reunión como voluntaria y que no se enteró de nada. Por aquel entonces los folletos de Implicadas eran fotocopias en blanco y negro que hacíamos de extranjis en la facultad, y yo me moría de rabia cuando atendía una mesa en alguna feria solidaria porque la gente no cogía nuestro material «hecho en casa». Desde entonces, no solo nuestro material ha mejorado sensiblemente, sino que hemos publicado libros, unidades didácticas e incontables artículos en diversos medios. Tenemos tres webs y dos blogs y nos siguen más de 1300 personas en Facebook. Hemos participado en la Cumbre Mundial del Microcrédito, hemos organizado congresos internacionales y hemos conseguido que Implicadas sea un referente en temas como género y cooperación o microcrédito a través del enfoque de los grupos de ayuda mutua (que introdujimos por primera vez en Etiopía).

En los trece años de existencia de Implicadas, hemos sido partícipes, a través de los proyectos que desarrollamos con nuestras ong compañeras en la India y Etiopía, de un proceso que les ha permitido salir del círculo de la pobreza extrema a casi un cuarto de millón de personas. Un proceso que a mí, personalmente, me ha permitido conocer a gente increíble, de la que te devuelve la fe en la humanidad, tanto en las aldeas de la montaña etíope como en los suburbios de la India y, por supuesto, en mi propia tierra, porque el equipo de Implicadas está compuesto por las personas más entusiastas y comprometidas que me he encontrado, y a las que tengo la suerte de llamar mis amigas.

Hemos pasado por momentos difíciles, como el actual, en el que nuestros esfuerzos en la campaña 1 de 200 por obtener una base asociativa suficiente para mantener nuestro proyecto para la erradicación del infanticidio femenino en la India no están teniendo los resultados que esperábamos, pero el camino que he recorrido en estos once años —y que me resulta imposible sintetizar en 500 palabras— ha sido la experiencia más enriquecedora y satisfactoria de mi vida.


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