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Crowdsourcing, traducción colaborativa, comunitaria y CT3

Estefanía Pérez Jiménez

Crowdsourcing, traducción colaborativa, traducción comunitaria, CT3... Es probable que al lector le suenen todos estos términos y que incluso sea experto en su significado, pero también es posible que aún no tenga muy claro si son intercambiables o si existe algún tipo de diferencia o matiz que los distinga. En este artículo intentaremos arrojar un poco de luz sobre este tema. Nos basaremos principalmente en artículos y blogs escritos por profesionales de la traducción y cuyas referencias se pueden hallar en la bibliografía. En un tema tan actual como este, Internet es nuestro principal aliado.

Estefanía Pérez
Estefanía Pérez Jiménez tiene 24 años y es licenciada en Traducción e Interpretación por la Uni­ver­si­dad Pablo de Olavide. Al finalizar la carrera, se fue a Londres para trabajar como lectora de español en Roehampton University, donde impartió clases y colaboró tanto en las asignaturas de español como en las de interpretación bilateral. Actualmente es estudiante del Máster  en Traducción e Interpretación de la Universidad de Granada y trabaja como correctora de español.

Para comenzar, explicaremos qué significan todos los términos citados al principio: analizaremos la relación que existe entre ellos y revelaremos a qué se refieren exactamente. Finalmente, expondremos las diferentes reacciones que han provocado estos nuevos modelos de trabajo en los traductores y qué impacto pueden provocar en su futuro.

Grosso modo, la traducción comunitaria, el crowdsourcing y la traducción colaborativa son distintas formas de conseguir una traducción completa a través de un grupo de traductores formado por un gran número de miembros, ya sean lingüistas profesionales, amateurs, proveedores de servicios lingüísticos o voluntarios. Quizá este sea el motivo de que se confundan tan a menudo, pues comparten un mismo fin y algunos medios, aunque existen ciertas diferencias que los separan.

Por una parte, la traducción comunitaria consiste en traducir un gran volumen de contenido en poco tiempo gracias a la participación de un grupo de voluntarios o usuarios de un servicio específico, una página web, etc. En este caso, no existe la figura de ningún profesional que revise el producto final. Un buen ejemplo de ello son los fansubs, pues la mayor parte del contenido subtitulado por aficionados no suele someterse a ningún control de calidad.

Por otra parte, el crowdsourcing y la traducción colaborativa surgen cuando en un solo proyecto de traducción participa un grupo heterogéneo, compuesto por traductores voluntarios, contratistas o empleados. En esta ocasión sí se cuenta con la colaboración de profesionales que velan por la calidad final del proyecto. Un claro ejemplo de este modelo de trabajo es Facebook: los usuarios traducen a través de una plataforma que hay en la misma red social, y un profesional se encarga de revisar el producto final.

En cuanto a las siglas CT3 (traducción comunitaria, colaborativa y crowdsourcing), cabe destacar que se trata de un neologismo que la organización Common Sense Advisory creó con el fin de englobar todos estos nuevos modelos de trabajo que acabamos de explicar. Cuando utilizamos estas siglas nos referimos a aquella forma de trabajar en la que, independientemente de que exista o no la figura de un profesional, un gran número de personas de diferentes partes del mundo se ofrece para colaborar en un mismo proyecto de traducción mediante Internet.

Probablemente ya seáis conscientes de que esta nueva forma de trabajo ha dado lugar a un cambio de paradigma realmente innovador en el mercado laboral durante los últimos tiempos. Y, como suele ocurrir con cualquier innovación, surgen diferentes opiniones  enfrentadas. En este caso encontramos personas que no solo apoyan este nuevo modelo, sino que también participan en él; y otras que se muestran reacias y opinan que perjudica tanto a los profesionales (volumen de trabajo, descenso de los ingresos, posible desprestigio, etc.) como a la calidad del producto.

El debate está abierto. No obstante, cada vez son más los interesados en este tipo de modelo de trabajo, sobre todo grandes empresas ajenas al mercado de la traducción, como Facebook, Twitter o LinkedIn, que necesitan obtener resultados en un breve periodo de tiempo. Sin duda, aunque también les suponga un gasto económico, termina siendo más rentable en todos los sentidos (tiempo y dinero).

Llegados a este punto, no podemos terminar sin formular dos grandes preguntas: ¿qué sucederá con los traductores profesionales?, ¿realmente estos modelos de trabajo constituyen una amenaza para ellos? Son numerosos los blogueros que analizan la situación (véase la bibliografía), pero la mayoría suele llegar siempre a la misma conclusión: no se puede prescindir de los traductores profesionales, pues son los que verdaderamente dominan las estrategias específicas para obtener un proyecto de calidad. Por tanto, es muy probable que sean ellos mismos quienes, en última instancia, se encarguen de la revisión y la gestión de los proyectos, mientras que las tareas de traducción, sobre todo en el caso de grandes volúmenes y textos no especializados, recaerían en manos de la comunidad de usuarios. Asimismo, no debemos obviar que existen ciertas traducciones que solo podrán realizar los profesionales: las jurídicas y juradas, algunas publicitarias (en las que se exija confidencialidad) y las que sean muy técnicas.

Resulta curioso observar cómo, siempre que surge alguna novedad que causa un impacto tan positivo entre las empresas más importantes, se disparan las alarmas automáticamente, sin ni siquiera analizar cuáles son los pros y los contras de la situación en cuestión. Hace ya algunos años, ocurrió lo mismo con las herramientas TAO (traducción asistida por ordenador). Muchos pensaban que el volumen de trabajo de los traductores descendería con estas herramientas, y ahora mismo son sus principales aliadas. Por ello, quizá la solución no resida en mostrarnos reacios ante las nuevas formas de trabajo que vayan apareciendo, sino en hacernos un hueco para poder desarrollar nuestras capacidades sin que se nos infravalore.

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