Cristina López González es
segoviana de nacimiento y de
espíritu, aunque actualmente
reside en Madrid. De vocación
docente desde su más tierna
infancia, estudió filología inglesa,
pero tras sufrir en sus
carnes la situación de las aulas,
decidió dar un giro a su carrera profesional.
En estas estaba cuando descubrió
que eso que hacía para familiares y amigos
de poner en español lo que venía en inglés
en un libro se llamaba
traducir y que, además,
había estudios específicos ¡e incluso
gente que vivía de ello! Decidió, pues, emprender
la aventura, formándose primero
con un posgrado en traducción, trabajando
luego en una agencia de traducción y,
finalmente, estableciéndose como autónoma.
Salvo asuntos legales y económicos,
le gusta tocar todos los palos, porque
tiene una curiosidad tremenda por todo
tipo de ámbitos; y, si bien reconoce sentir
cierta debilidad por la ciencia y la tecnología,
también ha hecho sus pinitos en el
mundo literario.
La variación de tonos de las hojas en
otoño, la textura de una alfombra, un
portón finamente tallado, el reflejo de
un viandante en el reluciente pomo de
una puerta, el colorido de una tienda
en la que las prendas se organizan por
tonalidades, los detalles de los edificios
a cuyos pies caminamos a diario...
En nuestro devenir cotidiano nos cruzamos
con cientos de estas pinceladas
de belleza, pero se diría que el hombre
moderno ha perdido la habilidad
de mirarlas y hacerse consciente de su
presencia.
Las imágenes seleccionadas para ilustrar
este número de La Linterna no son
nada del otro mundo desde el punto
de vista técnico o estético, pero quiero
compartir con vosotros algunos de
esos pequeños detalles que he podido
captar con mi cámara.
Aunque el resultado final no se parezca
en mucho al observado, espero que
estas instantáneas os ayuden a descubrir
vuestras propias pinceladas de lo
cotidiano. 

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