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Nuestra nueva sede

Beatriz Pérez Alonso

Visitamos la nueva sede de Asetrad, y aprovechamos para poner cara a nuestras ya veteranas colaboradoras, Celia Palacios y Mariana Pérez.

Consuelo Berges Rábago (1899-1988). Intelectual y escritora española de ideas políticas republicanas, fue deportada por los alemanes en 1943 desde Francia a España, donde evitó la cárcel gracias a la garantía de unos familiares. Inhabilitada por el régimen franquista para ejercer cualquier otra actividad, se centró en la traducción del francés, un idioma que dominaba desde niña, y obtuvo en 1956 el prestigioso premio Fray Luis de León por la traducción de la «Historia de la España cristiana» de Jean Descola. Creó en 1982 el premio de traducción Stendhal, que es anual desde 1990, con el que se premian las traducciones de libros del francés al castellano. Consuelo Berges luchó por dignificar las condiciones laborales de los traductores y reivindicó los derechos de autor. En 1955, junto con la traductora chilena Marcela de Juan, fundó la Asociación Profesional de Traductores e Intérpretes. Sus archivos de trabajo se pueden consultar en la actual sede de Asetrad.

Quedamos una tarde de junio en un bajo del número 60 de la calle Andrés Mellado. Se trata de un apartamento muy coqueto en la planta baja del edificio. Hasta ese momento, la sede de la asociación estaba en la Gran Vía, en un pequeño despacho de un bloque de oficinas, junto a la Plaza de España. Con los años se habían ido acumulando demasiados bártulos, por lo que, unas semanas antes de la visita, se había procedido a su traslado a la actual ubicación, al que contribuyeron algunos socios madrileños.

Observo que, en poco tiempo, el piso ha pasado de ser un auténtico caos a un agradable lugar de trabajo. Llevaba años vacío, así que ha habido que acometer labores de limpieza y alguna pequeña reforma. La Fundación Consuelo Berges, gestora de los premios Stendhal instituidos por esta traductora (ver recuadro), tenía disponible el piso en cuestión. ¿Quién mejor que una asociación de traductores para ocuparlo y cuidar de su archivo de trabajo? Además, el alquiler contribuirá a nutrir la dotación del premio, dado que los derechos de la señora Berges, con el paso del tiempo, lógicamente han ido a menos con la aparición de nuevas traducciones de las mismas obras que ella tradujera.

Me esperan allí Margaret Clark, vocal de comunicación de Asetrad,  Celia y Mariana, nuestra contable. Me apetecía rendir en La Linterna del Traductor un pequeño homenaje a los ángeles guardianes de Asetrad, y la presentación de la sede me pareció una buena ocasión para ponerles cara. Ya conocía a Celia, nuestra secretaría ejecutiva, que trabaja en exclusiva para Asetrad desde hace unos años. Hemos coincidido cuatro o cinco veces en cursos y otros acontecimientos, dado que suele hacer acto de presencia en casi todos para encargarse de las gestiones. Amante de la lectura, los viajes y el senderismo, Celia es la persona que lleva el diario de la asociación y que atiende a los socios. Le pregunto si le damos mucha guerra... Me dice que no, tan amablemente que hasta me lo creo. Me cuenta algunas anécdotas telefónicas bastante divertidas.

Mariana es de Granada. Lleva con nosotros desde 2007 en calidad de técnico superior administrativo, ya que la contabilidad de una asociación sin ánimo de lucro es similar a la de una sociedad anónima y requiere firmes conocimientos de la materia. Se encarga de la gestión administrativa, la contabilidad y la fiscalidad de la asociación. A lo largo de su vida, ha trabajado para diversas empresas, además de para el Estado, y cuenta con una amplia experiencia docente en el sector.

Charlamos las cuatro en un tono más que distendido, sentadas alrededor de una mesa. Yo comento, por septuagésima vez en las últimas tres semanas, que me hace mucha ilusión que tengamos una sede con ventanas. Tengo una especie de obsesión con ese tema. Mariana me cuenta que, antes de trabajar para Asetrad, no sabía nada de traducción y reflexiona sobre la considerable envergadura que ha adquirido la asociación en poco tiempo. Coincidimos en que Margaret ha sido una persona decisiva en todo ese proceso, pero Margaret comenta que en realidad ha sido un trabajo de todas las juntas que han pasado por la asociación.

La asamblea de Asetrad se había celebrado pocas semanas antes. Tras un dilatado periodo en el cargo que ha contribuido a afianzar la asociación, Margaret decidió no volver a presentarse como presidenta, pero antes de dejar el cargo, dejó gestionado con la Fundación Consuelo Berges el traslado de la sede a este lugar. Yo iba a ponerme en tono campanudo a preguntarle si la nueva sede era su legado, y sobre el posible cansancio del cargo, pero me comenta que de cansancio nada, que se lo ha pasado estupendamente siempre y que lo que ocurre simplemente es que está convencida de que era preciso un relevo generacional. Sin embargo, seguirá en la Junta llevando las labores de comunicación y como representante de este órgano en Madrid.

Empleadas de Asetrad

De izquierda a derecha: Margaret Clark, Celia Palacios Doiztúa
y Mariana Pérez Fernández

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