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Traducción audiovisual: Del papel a la pantalla (I)

Sense and sensibility

Reyes Bermejo y Elena Bernardo

En esta ocasión contamos con Luis Magrinyà y Quico Rovira-Beleta, que se encargaron de llevar al papel y a la pantalla un gran clásico, la obra de Jane Austen Sense and Sensibility. Esta obra responde a una forma de trabajo frecuente, con un traductor para cada modalidad.

Luis Magrinyà es un gran conocedor de la literatura británica del siglo xix. Actualmente trabaja como editor en Alba Editorial, actividad que compagina con la de escritor. Por esta labor fue galardonado con el Premio Ciudad de Barcelona en 2011 con su obra Habitación doble.

Luis Magrinyà: Juicio y sentimiento, Alba editorial, 2011 (la primera edición de esta traducción apareció en Rialp en 1993)

Quico Rovira-Beleta comenzó su carrera como traductor para doblaje en 1985 y es el autor de las versiones españolas de películas tan conocidas como Algunos hombres buenos,  Salvar al soldado Ryan o la saga Star Wars, y de las traducciones de algunas series inolvidables, como Aquellos maravillosos años o Canción triste de Hill Street. Su último trabajo acaba de llegar a los cines: Las aventuras de Tintín y el secreto del unicornio.

Quico Rovira-Beleta: Sentido y sensibilidad, Ang Lee (1995)

¿De qué documentación dispuso en el momento de abordar la traducción?

L. M.: Debo empezar diciendo que esta traducción la hice hace ya mucho; se publicó por primera vez en 1993. Así que es posible que no me acuerde de muchas cosas. Respecto a la documentación, creo que habría agradecido un tratado sobre carruajes y otro sobre el terrible fenómeno de las rentas en la Inglaterra de la época. Pero al no tener ni uno ni otro tuve que arreglármelas lo mejor que supe.

Q. R-B.: Cuando traduje la película solo me dieron el guión original en inglés, aunque creo recordar que era un guión bastante completo, con indicaciones aclaratorias para todas aquellas frases o expresiones que podían plantear dudas.

Yo, por mi parte, me compré el libro para utilizarlo como obra de consulta, algo que suelo hacer casi siempre que me toca traducir y/o adaptar películas basadas en obras literarias, pues resulta muy útil como apoyo a la hora de inspirarse para una óptima traducción de la película.

Cuando realizó la traducción, la autora había fallecido hacía mucho tiempo. ¿Echó de menos poder ponerse en contacto con ella? ¿Por qué? En caso necesario, ¿pudo contar con algún especialista que le ayudara?

L. M.: En aquellos años no existían aún Internet ni el correo electrónico, de modo que, si Jane Austen hubiera estado viva, habría tenido que comunicarme con ella por carta. No sé si lo hubiera hecho. Ahora la inmediatez del correo electrónico elimina bastante el sentido de la discreción; para escribir una carta, uno se lo pensaba más.

Juicio y sentimiento fue mi tercera traducción (y casi última) y me sentí, impensablemente, muy cómodo con ella. No recuerdo grandes problemas, la verdad, ni necesidad de consultar especialistas. No sé por qué, pero en seguida le cogí el truco, supongo que porque es un tipo de literatura que me gusta mucho y que se aviene con mi manera de escribir.

Q. R-B.: No, en el caso de esta película, evidentemente, no cabía la posibilidad de contactar con la autora de la novela. Tampoco lo eché de menos, pues en general, y principalmente debido a las prisas (un guión de una película se suele traducir en una semana más o menos), no es habitual contactar con el autor.

En cuanto a especialistas, en el caso que nos ocupa, Sentido y sensibilidad, no contacté con ninguno, aunque en otros casos (Master & Commander, por citar un ejemplo) sí he tenido contacto con especialistas.

¿Hubo contacto entre el traductor de libro y el de la película?

L. M.: No lo hubo. Pero a mí me dio la impresión, cuando vi la peli doblada, de que se había consultado mi traducción. No lo sé, pueden ser imaginaciones mías.

Q. R-B.: Ocurre lo mismo que en el caso anterior. Debido a las prisas, principalmente, no solemos tener contacto con el traductor de la novela. Solo en algún caso excepcional se ha dado esa circunstancia. Pero por norma general hacemos nuestra traducción independientemente.

¿Hubo alguna restricción lingüística o alguna exigencia de adaptación impuesta por la editorial o la productora? ¿Se mostraron la editorial o la productora dispuestas a ayudar para dilucidar cuestiones, hacer elecciones, etc.?

L. M.: No hubo ninguna restricción. La traducción, además, fue una propuesta mía que la editorial aceptó encantada, así que de ella solo recibí facilidades. Trabajé con mucha tranquilidad.

Q. R-B.: En mi caso creo recordar que solo me dijeron que cuidara mucho el lenguaje, para adaptarlo a la época en la que transcurre la película, e hicieron hincapié en que cuidara la parte de los poemas que aparecen en ella. La distribuidora (que es con quien tratamos) suele, en casos especiales como este, pedir la traducción, además de la adaptación, para revisarla. Suelen ser películas que se cuidan mucho.

¿Pudo seguir las fases de corrección o estar presente en las de doblaje o subtitulado?

L. M.: No recuerdo si vi galeradas. Pero, como he dicho, la editorial se portó siempre muy bien conmigo; si no las vi, debió de ser porque no quise verlas. No tenía ningún miedo de que mi texto fuera transformado sin avisarme. Y no lo fue.

Q. R-B.: Creo recordar que no estuve presente físicamente en el caso del doblaje (o quizá solamente alguno de los días de grabación), pero sí recuerdo haber mantenido un contacto muy directo con la adaptadora y directora de doblaje de la película, Marta Angelat, para tomar decisiones definitivas conjuntas en algunos casos complicados. En general, en casos de películas, digamos, «difíciles», el contacto entre traductor, adaptador y director de doblaje suele ser habitual y muy fructífero, y esa colaboración se suele ver reflejada positivamente en el resultado final.

¿De qué modo abordó los términos peculiares o los neologismos, si los hubo?

L. M.: Bueno, ya he comentado lo de los carruajes y las rentas. Con los años, al reeditar la traducción, la revisé y descubrí algunos escafurcios, como que había confundido una «medio hermana» con una «cuñada». Por lo demás, Jane Austen es una autora deliciosamente neutra. La dificultad estaba en adaptar el lenguaje social y sus formalidades. Tenía que seguir siendo formal, pero que no pareciese de cartón piedra, como en tantas traducciones de clásicos.

Q. R-B.: Consultando distintas fuentes (entre ellas la traducción de la novela) pude resolver posibles dudas que se me planteaban al principio, como los tratamientos entre personajes, la musicalidad del lenguaje de la época, los distintos poemas, etc. para conseguir el resultado final, del cual me siento muy orgulloso.

Juicio y sentimiento

Portada de Juicio y sentimiento,
traducida por Luis Magrinyà

¿Ha visto la película el traductor del libro? ¿Qué sensación produce ver «su libro» llevado al cine?

L. M.: Vi la película en su día y luego por la tele. Siempre me ha gustado. Creo que Ang Lee hizo un magnífico trabajo. Recuerdo una escena en que Elinor (Emma Thompson) regañaba a su madre por comprar filetes, un lujo que no se podían permitir. Eso no estaba en la novela, pero era un detalle que expresaba que la habían entendido muy bien.

¿Buscó el traductor de la película las equivalencias exactas en el libro y las adoptó? ¿Se sintió constreñido por tener que adaptarse a una traducción preexistente de esta obra, en forma de libro?

Q. R-B.: Como ya he comentado anteriormente, suelo utilizar el libro como obra de consulta en aquellas películas basadas en una obra literaria.

No recuerdo muy bien el caso que nos ocupa (la traduje hace ya quince años), pero es muy probable que consultara fragmentos concretos del libro en numerosas ocasiones, e incluso que me inspirase en algunos de ellos para traducir los diálogos de la película.

De todos modos, siempre hay que hacer una nueva traducción, ya no solo por la cuestión de los derechos de autor, sino porque en la película, al no ser lenguaje escrito sino hablado e ir condicionado por la imagen, también hay grandes diferencias entre sus diálogos y los de la novela.

¿Podría hacer algún comentario con respecto a la elección del título de la obra en castellano, puesto que el del libro y el de la película difieren?

L. M.: «Sentido y sensibilidad» es, perdónenme, un disparate. Es un calco automático, hecho sin pensar. ¿Qué significa «sentido» ahí? Nunca se dice de alguien que «tiene sentido»; puede decirse de cosas, para expresar que algo no es absurdo; pero jamás se aplica a personas: en todo caso se diría «buen sentido». Juicio y sentimiento era ya un título de una traducción de los años 40 y me pareció muy ajustado; encontré otro de esa época, Cordura y sensibilidad, pero era como de monja. Ahí la polisemia de «juicio» queda inmediatamente resuelta por oposición a «sentimiento»: nadie piensa que nos referimos a un «juicio» penal. En cuanto a «sentimiento», en español desde el siglo XVIII a la sensibilidad del corazón, a la que hace referencia el título, siempre se ha llamado «sentimiento».

Q. R-B.: No recuerdo muy bien cómo llegó a tomarse la decisión de poner ese título, pero por regla general, en la traducción de películas, la elección del título prácticamente nunca es cosa del traductor o del adaptador. De ello se suele encargar el departamento de marketing de la propia distribuidora. A mí personalmente también me hubiera gustado un título más lógico, como Sensatez y sentimiento, por ejemplo. Creo recordar que ni siquiera me pidieron propuestas de título.

En algunas ocasiones sí que se ha consultado al traductor y/o al adaptador —muy pocas, la verdad— pero aun así la decisión final siempre la acaba tomando la distribuidora.

Ha habido incluso ocasiones en las que he advertido a la distribuidora de algún error (incongruencias, fallos de traducción) en el título, y en principio siempre ha parecido que iban a tener en cuenta mi advertencia, aunque al final no siempre han hecho los cambios pertinentes.

¿De qué plazo dispuso para hacer la traducción? ¿Cuántas palabras tiene su traducción, aproximadamente?

L. M.: No lo recuerdo, pero fue un plazo más que razonable. Ya he dicho antes que trabajé con mucha tranquilidad. La traducción tendría unas 180 000 palabras, si no me he equivocado con el cálculo.

Q. R-B.: En el caso de Sentido y sensibilidad no recuerdo muy bien de cuánto tiempo dispuse, pero por lo general solemos tener una semana o diez días para la traducción de la película.

El guión de traducción que entregué en su día, aunque está escrito en el formato de entonces, WordPerfect, consta de unas 15 000 palabras (una vez reconvertido a Word).

¿Tiene algún comentario para añadir acerca de la especificidad de la traducción literaria o audiovisual?

Q. R-B.: En este caso concreto, debido precisamente a la dificultad que conlleva traducir una película basada en una obra literaria, me siento muy orgulloso del resultado de mi trabajo, tanto en la traducción del guión de la película como de los poemas que aparecen en la misma, y recuerdo que disfruté muchísimo traduciendo.

Es más, hace un par de años se puso en contacto conmigo un club de lectura de Jane Austen por Internet, «El Salón de té de Jane» y me dijeron que mi traducción del soneto 116 de Shakespeare les había encantado.

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