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II Curso de Traducción Médica en Santiago de Compostela

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II Curso de Traducción Médica
Santiago de Compostela, 24-25 de febrero de 2012

Manuel Saavedra

Los días 24 y 25 de febrero Fernando Navarro impartió en Santiago de Compostela la segunda parte de su curso de traducción médica, organizado por la Asociación Galega de Profesionais da Tradución e da Interpretación (AGPTI), en la que abordó, como temas principales, el concepto de fidelidad en el ámbito de la traducción médico-farmacéutica y la traducción de los nombres de fármacos y medicamentos.

La jornada del viernes 24 comenzó con una charla magistral de Navarro sobre el concepto de fidelidad en traducción médico-farmacéutica que, según él, se basa en la fidelidad con el autor —qué dice, qué quiso decir y qué hubiese querido decir—, por una parte, y la fidelidad con el lector —siguiendo los principios de naturalidad, precisión y claridad—, por otra. Se trata, por tanto, de un concepto diferente al que propugnaba García Yebra —decir todo lo que dice el original y no decir nada que el original no diga—, aplicable en traducción literaria, pero no en la traducción médica, campo en el que los textos no se distinguen por estar tan impecablemente escritos como en aquel.

Tras esta exposición teórica, los asistentes al curso realizamos distintos ejercicios de traducción partiendo de las ideas expuestas. Así, con relación a la fidelidad al autor, comenzamos viendo algunas palabras que, a priori, no deberían entrañar dificultades para el traductor, pero que pueden complicar nuestro trabajo según el contexto (¿qué dice el autor?), como flu (que puede ser «gripe», pero también «gastroenteritis» —intestinal flu—) o finger (que es «dedo», pero en ocasiones se utiliza para referirse a todos los dedos excepto el pulgar). Nuestra labor como traductores se complica todavía más cuando debemos mantener la fidelidad a lo que quiso decir el autor, dado que será nuestra misión corregir los errores en que este haya incurrido, como en la oración Five males and sex females were included in the study. Por último, en cuanto a qué hubiese querido decir el autor, nos encontramos, sobre todo, con referencias de tipo cultural, como virologistes hexagonaux, que no podremos traducir palabra por palabra, o geográfico, como Ministère de la Santé, que no deberemos dejar en nuestro texto sin explicitar a qué país pertenece.

En relación con la fidelidad al lector vimos, en primer lugar, el concepto de naturalidad, aquel que provoca que descartemos leche humana para traducir human milk y nos hace optar por leche materna. Abundando más en este concepto, Navarro nos presentó los resultados de un trabajo publicado en Panacea, para demostrarnos que la naturalidad también afecta a palabras del léxico común que se utilizan con frecuencia en el lenguaje biosanitario. Por ejemplo, un médico esperará encontrar en cualquier historial médico «el paciente refiere», pero no «el paciente describe» o «el paciente indica»; o «los signos de la enfermedad, pero no «los síntomas de la enfermedad». En cuanto a la precisión, Navarro explica que el español es un idioma más preciso que el inglés y, para demostrarlo, utiliza algún ejemplo, como Human immunodeficiency virus type 1 envelope glycoprotein precursor oligomerization, cuya sintaxis en inglés genera dudas, pero que una vez expresado en español constituirá una oración mucho más exacta. La ambigüedad y la polisemia del inglés también constituyen una fuente de problemas para el traductor, que deberá combatirlos aplicando el principio de claridad. En inglés, una palabra como control tiene multitud de significados que en español podremos traducir de distintas formas en función del contexto. De este modo, un estudio controlado se convertirá en un estudio comparativo; las constantes no se controlaron, sino que se midieron, también en el grupo de referencia —no en el grupo control—.

Tras el descanso, continuamos viendo cómo aplicar el concepto de fidelidad en dos textos: uno en francés y otro en inglés. Entre las innumerables cuestiones que surgieron en torno a este ejercicio, podemos destacar varias ideas, aplicables a la traducción en general entre el inglés y el español, como el cuidado que hay que tener con las preposiciones, dado que en muchos casos son falsos amigos, o con el abuso de los adverbios de modo terminados en –mente.

Ya en la segunda jornada, celebrada el sábado por la mañana, abordamos un tema harto interesante dentro del ámbito de la traducción médico-farmacéutica: la traducción de los nombres de fármacos y medicamentos. Esta cuestión constituye un reto, puesto que partimos de que existen más de 60 000 nombres de medicamentos y que la propia palabra que se utiliza en inglés para designarlos a todos —drug— es polisémica y se refiere a tres conceptos distintos en español: droga, fármaco (drug substance) y medicamento (drug product).

No tendría sentido reproducir aquí lo visto en esta sesión, dado que tanto los problemas ante los que se puede topar cualquier traductor médico como las estrategias de traducción aparecen recogidos en un artículo del propio Fernando Navarro.1 No obstante, cabe incidir en la diferencia que existe entre el nombre de un fármaco y el nombre de un medicamento. Las denominaciones comunes de los fármacos son sustantivos comunes; por tanto, van en minúscula y llevan artículo cuando corresponde, aunque la tendencia suele ser imitar el uso del inglés y no utilizarlo. Las denominaciones comunes internacionales (DCI, o INN por sus siglas en inglés), que publica la OMS, son las más utilizadas. Por su parte, los nombres de los medicamentos son marcas comerciales, es decir, nombres propios: se escriben con mayúscula y no llevan artículo. El recurso principal de documentación para traducir estos nombres son los vademécums2. Antes del descanso tradujimos distintas recetas reales —con las que quedó demostrado que la caligrafía de los médicos no es ininteligible solo en España— e hicimos un ejercicio de traducción del alemán, con el que incluso nos atrevimos aquellos que no trabajamos con este idioma.

Para concluir el curso, Fernando nos propuso trabajar con una serie de cómics que se publican en una revista inglesa dirigida a médicos españoles, Spanish Doctors. En estos textos se presentaban numerosos problemas de traducción a partir de situaciones cotidianas en cualquier hospital o ambulatorio, dado el abundante número de eufemismos que utilizan los pacientes británicos —sirvan down below o bits (genitales) como paradigma— y la no menos numerosa cantidad de siglas que emplean allí médicos y enfermeros —IV (intravenoso), EDD (fecha probable de parto), ELSCS (primer parto con cesárea), FBC (hemograma) o MCS (cultivo y antibiograma), por citar algunas—. Jerga médica, al fin y al cabo, que también existe y se utiliza en el centro médico más próximo a nuestra casa, independientemente del lugar en que residamos, y que quizá sea uno de los aspectos que más dificultades presenta a la hora de documentarse en este ámbito de la traducción.

Espero que en 2013 los traductores que residimos en Galicia tengamos la oportunidad de asistir a una nueva edición de este curso.

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1 Fernando A. Navarro, «La traducción de los nombres de fármacos y medicamentos: Zantac, penicillin G, aspirin, EPO, dipyrone, viagra, AZT, dilantin, sirolimus…», en: Consuelo Gonzalo García y Pollux Hernúñez (coord.), CORCILLVM: Estudios de traducción, lingüística y filología dedicados a Valentín García Yebra, Madrid: Arco libros, 2006, p. 547-566. [ISBN: 84-7635-648-X].

2 Cada país tiene su propio vademécum. El de España, por ejemplo, puede consultarse en www.vademecum.es.

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