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Las ilustraciones de este número

Contexto

CONTRAPORTADA

Editorial

Ojalá vivas tiempos interesantes
                     (Maldición china)

Hasta ahora, los editoriales de esta publicación han sido amables y poco comprometidos, mirando hacia dentro de la asociación o de la propia revista. No es nuestra intención hacer política, ni muchos menos servir de palestra para los intereses de nadie. No obstante, estamos ahora en un momento en el que sentimos que tenemos que decir algo más que el consabido «no os perdáis los artículos de este número, que son fascinantes» (que lo son, además de variados, pero ese es otro tema). Y esperamos que se nos disculpe por ello.

En los últimos tiempos, asistimos a un grado de crispación económica y social internacional sin precedentes y que nos afecta a todos, bien anímicamente, bien en nuestros bolsillos. Además, nuestro colectivo, constituido en su mayoría por profesionales independientes, es especialmente vulnerable, por dos motivos: en primer lugar, porque en épocas de crisis, el sector servicios suele ser el primero en resentirse, y en segundo, porque los autónomos son normalmente el eslabón más débil de la «cadena alimentaria», ya que no están protegidos por unos ingresos mínimos ni, en la mayoría de los casos, por una buena cobertura social que les ayude a subsistir en épocas de vacas flacas.

En un contexto como este, el recurso más común —e incluso diría que el más socorrido— es subirse al carro de la crispación, dedicarse a echar leña al fuego y arremeter contra alguien. ¿Quién? Da igual, el caso es desahogar la frustración: busquemos un culpable. Al fin y al cabo, ya lo dijo hace tiempo un colega: «nada es tan energizante como una buena bronca». Aunque sea virtual, añado.

Así, cada vez es más habitual que leamos en blogs, listas y otros foros virtuales encendidos debates que buscan alinear a nuestros colegas en bandos muy diferenciados: veteranos contra recién licenciados, traductores literarios contra traductores técnicos, colegas que cobran «mucho» contra colegas que cobran «poco» (y viceversa, en cada uno de los casos). Las consignas son variadas. Tiremos a dar contra los recién llegados, ridiculicemos sus opiniones y dejemos que sean nuestros chivos expiatorios o, por el contrario, ridiculicemos a los colegas veteranos y echémosles la culpa de los vicios del mercado. Arremetamos contra quienes, desde el ejercicio de su legítimo derecho —ya que esto es una economía de libre mercado— deciden hacer rebajas a sus clientes habituales, o contra quienes tienen la suerte de haberse sabido vender bien (aquellos a los que algunos llaman «traductores estrella») y por eso siguen facturando.

Es un espectáculo lamentable, y muchos estamos asistiendo a él con bastante perplejidad. ¡Qué desperdicio de energías y creatividad! Precisamente en estos tiempos tan «interesantes» que nos ha tocado vivir, deberíamos hacer todo lo contrario y organizarnos, asociarnos, apoyarnos, defendernos... En definitiva, ayudarnos. Dar consejos a los colegas, pero respetando lo que tienen que aportar y las necesidades personales de cada uno; ser comprensivos con los recién llegados, que se han encontrado con este panorama, y ni siquiera cuentan con una cartera de clientes a la que aferrarse, porque parten de cero; no dedicarnos al divismo fácil de hacer polémica a costa de los compañeros de profesión; no censurar a los demás en función de las tarifas que cobran (ni por altas ni por bajas) y entender que hay que vivir y dejar vivir...

Vivir y dejar vivir: junto a organizarnos y ayudarnos, casi lo más importante en estos momentos.

Dicho lo anterior: sí, en este número hay artículos muy interesantes. Un buen número de personas, relacionadas de una forma u otra con nuestra profesión, han cedido horas de su tiempo libre, y a veces, incluso de su trabajo, para que sus colegas aprendan, descubran, disfruten o simplemente se sientan más acompañados en su lucha diaria. Podemos decir con orgullo que, desde la directora, hasta la fotógrafa que ilustra el número, pasando por todos y cada uno de los colaboradores, ninguno cobra ni un céntimo por su trabajo en La Linterna, y no obstante, tenemos el honor de contar entre nuestros colaboradores a colegas de una enorme talla profesional y humana, que han decidido hacer algo constructivo en favor de la profesión. Un ejemplo de la acción positiva y el corporativismo constructivo que defendemos y deseamos fomentar. Esperamos que los lectores sepan apreciarlo.

Isabel Hoyos

 

Como siempre, gracias por leernos.


Isabel Hoyos, jefa de redacción

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