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Sara Risco López

Cuando me invitaron a escribir este artículo, al leer las historias que han aparecido anteriormente  en esta sección, me di cuenta de que mi historia no es probablemente la más típica. Porque en mi caso la traducción es algo a lo que llegué de pura casualidad, como el último tumbo de una carrera que iba en todos los sentidos menos en línea recta...

Sara Risco
Licenciada en comunicación audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, Sara Risco se trasladó a Bruselas, Bélgica, donde reside en la actualidad, para ampliar su experiencia audiovisual como periodista radiofónica. Tras contactos esporádicos con el mundo de la traducción, finalmente en 2008 pasó a integrar las filas del equipo de marketing en Nu Skin Enterprises, donde se encarga de la comunicación y traducción de los contenidos destinados al mercado español.

Cierto que siempre me ha gustado traducir: como buena procrastinadora, me pasaba horas y horas traduciendo, por ejemplo, cuentos de Roald Dahl en vez de estudiar para mis exámenes. Cierto que me planteé estudiar traducción e interpretación tras acabar la selectividad (como quinta o sexta opción), y cierto que acababa siendo el primer recurso como trabajo alimenticio en la época de estudiante y las estancias en el extranjero. Pero de ahí a convertirlo en mi profesión, era algo que no se me había pasado por la cabeza hasta que no me pusieron la oportunidad delante.

Tras pasar un año con una beca Erasmus en Bruselas y terminar mis estudios de comunicación audiovisual en Madrid, me encontré volviendo a Bruselas con una beca para trabajar en una radio española. Al acabar este periodo, encontrar un trabajo «de lo mío» resultó más difícil de lo esperado, teniendo en cuenta que mi conocimiento de los idiomas nacionales (francés-neerlandés) distaba de ser perfecto y que el bruselense medio habla fácilmente tres idiomas, y en muchos casos también el español, lo que hacía bastante difícil hacer valer la carta del «español nativo».

Cuando llevaba tres años viviendo en Bélgica, y tras haber probado todas las ramas de la parte baja de la oferta laboral para extranjeros, entré en una empresa de cosméticos con un modelo de negocio particular: la venta directa. Un modelo que me resultaba especialmente interesante sobre todo desde el punto de vista de la comunicación. Tras unos meses en el servicio de atención al cliente, tuve la oportunidad de pasar al equipo de marketing local como encargada de relaciones públicas para España y traductora. He de decir que el trabajo de traducción solo toma un 70 % de mi trabajo, y el resto consiste en actuar como enlace entre el equipo de marketing y las necesidades específicas del mercado español, como la organización de eventos y el contacto con los medios de comunicación.

Aunque me sigo considerando en cierta medida una «intrusa», creo que mi formación en comunicación audiovisual es de gran ayuda para un puesto como el mío, donde lo más importante es trasladar el tono y la intención de los textos que traducimos y evitar la traducción literal que a veces puede parecer forzada, sobre todo porque una gran parte del material que manejamos está dirigido a la promoción. Al contrario que con otro tipo de comunicaciones que requieren más precisión y donde lo importante es la fidelidad a la fuente para evitar confusiones, aquí lo importante es que el texto no parezca una traducción, sino que parezca escrito especialmente para «él», nuestro cliente o distribuidor.

[En este trabajo] lo importante es que el texto no parezca una traducción, sino que parezca escrito especialmente para «él», nuestro cliente o distribuidor

Otra razón que convierte mi trabajo en un tanto atípico es que el departamento de traducción se compone de una sola persona por idioma. Este hecho, por supuesto, tiene su lado bueno y su lado malo. El lado bueno es, obviamente, que no hay que luchar con nadie para que una traducción sea aceptada, que puedo tomar tantos riesgos como quiera y que si quisiera reemplazar algún documento por un pasaje de El Quijote pasaría algún tiempo antes de que alguien se diera cuenta. El lado malo está en que es difícil medir la calidad de la traducción y localizar y corregir posibles vicios… Por suerte, todo esto queda contrarrestado en parte por las propias características de nuestra compañía. Al dirigir nuestras traducciones a una red interna de distribuidores con los que mantenemos un estrecho contacto, es relativamente fácil conocer cómo acogen los textos. Es divertido ver a veces cómo, tras días rompiéndonos la cabeza para traducir algún término característico de nuestra industria sin quedar plenamente satisfechos, los propios distribuidores, con amplia experiencia en el sector, ya han encontrado su propia solución y pueden, en algunos casos, incluso implementar cambios. Porque esta es otra de las ventajas de ser el único traductor de tu idioma: no hay que ajustarse a un estilo ni negociar cada párrafo. Para las piezas más comprometidas, como podrían ser los materiales impresos de promoción que la empresa pone a la venta (folletos, catálogos…) en los que la calidad es primordial, solemos incluir en las rondas de revisión a colegas nativos de otros departamentos, para asegurar la máxima calidad del texto final.

Somos un equipo pequeño —para Europa occidental, tres traductoras internas (ES, FR y DE) y tres externas (NL, IT y PT)— por lo que, dentro de lo solitario que, por naturaleza, es el trabajo del traductor, siempre estamos en contacto para resolver dudas, comentar inconsistencias o encargarnos de coordinar suplencias en caso necesario. En este punto es necesario contar con un traductor externo en el que tengamos plena confianza ya que, al menos en mi caso, considero mi responsabilidad que todo el contenido en español mantenga cierta consistencia y un alto estándar de calidad, y es inútil encargar un trabajo a un traductor externo para ahorrarnos tiempo si después vamos a perder ese tiempo en correcciones. Nos ajustamos estrictamente a los horarios de oficina normales, de lunes a viernes, y esa es otra de las ventajas de trabajar en este tipo de empresa, nunca hay traducciones tan urgentes que no puedan esperar hasta el lunes. Somos libres de utilizar nuestro tiempo y recursos de la forma que nos parezca más eficaz. Al no ser el español uno de los idiomas mayoritarios de trabajo, el volumen no suele ser tal como para necesitar apoyo externo, salvo en contadas ocasiones.

Es inútil encargar un trabajo a un traductor externo para ahorrarnos tiempo si después vamos a perder ese tiempo en correcciones

La naturaleza de los textos que nos llegan no podría ser más variada: desde subtitulado de vídeos a contratos legales, pasando por traducción de eslóganes y mensajes telefónicos o contenidos para la web… incluso alguna que otra interpretación simultánea en eventos. Esto es lo que hace a este trabajo tan interesante para mí, la capacidad de cambiar el lenguaje y el tono para adaptarnos a los diferentes públicos y canales. Además, al traducir textos provenientes de todos los departamentos de la compañía, tenemos una visión muy general de su funcionamiento. Contamos con una coordinadora de traductores para toda Europa que se encarga de alinear los 17 idiomas con los que trabajamos y actúa de nexo entre el solicitante de la traducción y el equipo de traductores.  En el caso de una empresa de tamaño medio como la mía, todas las etapas del proceso de creación de textos están reunidas: te has encontrado con el creador de los contenidos en el autobús, con la redactora delante de la máquina de café, le has ido a robar unas gominolas a la coordinadora de traductores y has comido con la diseñadora. Si algo no te queda claro o crees que se podría hacer de otra manera, no hay más que comentárselo.

Al formar parte de la plantilla interna de la empresa se nos exige un conocimiento profundo del funcionamiento y estructura de la misma, por lo que asistimos regularmente a reuniones en las que se dan a conocer las diferentes estrategias de comunicación, se lanzan productos o se crean eventos, y a menudo estamos en contacto con el equipo de traducción al completo, donde podemos exponer nuestra opinión sobre cómo mejorar los procesos y la comunicación. Poder intercambiar opiniones con los traductores de 17 idiomas diferentes que trabajan desde sus propios mercados es muy enriquecedor y nos da una amplia perspectiva de lo que significa traducir en diversas partes de Europa.

Uno de los aspectos más gratificantes de estar integrado en el departamento de marketing local es que a menudo podemos ver el uso que se da a nuestros textos: comprobamos cómo interactúan los distribuidores con la página web, cuál es su opinión sobre los materiales impresos y si han comprendido bien el funcionamiento de las diferentes estrategias. Creo que esto es algo muy difícil de conseguir cuando se trabaja como autónomo con diversos clientes, donde una vez que el texto sale de nuestras manos no hay forma de saber si ha conseguido su objetivo.

Creo que, por el tipo de persona que soy, uno de los alicientes de mi trabajo es poder venir a la oficina y trabajar en equipo. El trabajo del traductor es muy solitario, así que siempre es un respiro el poder interactuar con los colegas, aunque eso implique madrugones y horas pasadas en transporte público. En Bélgica las condiciones laborales son bastante buenas en cuanto a flexibilidad de horarios y vacaciones, así que de momento no echo de menos la libertad que me daría trabajar como autónoma, aunque es una posibilidad que no descarto si mis circunstancias cambiaran o necesitara más libertad geográfica.

Hablando de cuestiones geográficas, hace ya siete años que vivo en Bélgica, donde llegué justo después de acabar mis estudios, por lo que se puede decir que he desarrollado toda mi vida adulta aquí, así que ya lo considero mi casa. Es cierto que sobre todo al principio y sin hablar bien el idioma es difícil integrarse, pero en general los belgas, sobre todo en Bruselas, con un 30 % de extranjeros, son muy acogedores y nunca te hacen sentir como un inmigrante. Este es el «efecto imán» que comentamos muy a menudo. Mucha de la gente que está aquí siempre consideró que su experiencia belga sería transitoria, y finalmente nos encontramos haciendo de esta ciudad nuestro hogar, en mi caso, siete años y contando…

En definitiva, a pesar de que para mí es el entorno más normal del mundo, me doy cuenta cuando hablo con otros traductores, de que una compañía internacional con departamento de traducción incorporado no es necesariamente el medio natural del Homo traductoris y comporta una forma de trabajar específica, que resulta especialmente interesante para los que nos gusta probar un poco de todo y nos estimula de vez en cuando salir de nuestro texto y mirar alrededor sintiéndonos parte integrante de los engranajes de una compañía. Para el traductor que prefiere dedicarse de lleno a la traducción puede resultar demasiado caótico un entorno que no necesariamente facilita la profundización en la traducción pura. Sea cual sea nuestra preferencia, la posibilidad queda ahí.

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