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Gabriel Álvarez. 1Q84

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1Q84

Libros 1Q84

Murakami, Haruki: 1Q84, libros 1 y 2
Murakami, Haruki: 1Q84, libro 3
Tusquets Editores, Barcelona, 2011
Traducción de Gabriel Álvarez Martínez

La relación que guarda 1Q84 con su pseudohomónima 1984 bien merecería un neologismo. 1Q84 no es una parodia de su predecesora, no es una imitación ni es una emulación; la una está inspirada en la otra, encaja bien en la definición de homenaje, pero si al empezar a leerla me hubieran contado que tenía un homenaje en mis manos, no habría acertado a imaginarme algo tan atrevidamente sui generis como es esta extensa novela y, una vez leída, me digo que, ciertamente, de Haruki Murakami se podría esperar algo más que una recreación en Tokio, capital de Asia Oriental, del relato que tiene lugar en Londres, capital de Oceanía. No va por ahí la cosa, no. 1Q84 es una referencia a 1984 con correspondencias tan palpables que se me antoja que el novelista nipón ha querido decirnos que en la primera obra hay claves para descifrar los enigmas de la segunda, que nos quiere obligar a prestar atención a detalles que de otra forma nos habrían pasado desapercibidos. Si tal es el caso, me parece un juego interesante.

Para empezar, lo del título es fácil, y el propio autor nos lo explica: en japonés, la pronunciación del número nueve, /kju/, coincide con la de la letra q (y con la del signo de interrogación). También nos pone el narrador al tanto sobre el paralelismo entre el Gran Hermano y la Little People, esa caterva igualmente esquiva y omnipresente que constituye una de las creaciones más desconcertantes. Pero las conclusiones de cajón para quienes no hayan leído 1984 acaban aquí. Los admiradores de Orwell podrán, sin embargo, captar algunos guiños más: en ambos casos hay un libro dentro del libro que resulta muy revelador de la situación en la que se desenvuelven las historias, la protagonista femenina lleva una doble vida de ciudadana ejemplar o anodina por un lado y de delincuente subversiva por otro, y los protagonistas son antihéroes en el sentido de que tienen un poder y un conocimiento escasos o nulos para esquivar los peligros que los acechan y para salir de los atolladeros hacia los que se ven arrastrados. Ahondando algo más, se detectan referencias más sutiles, tal vez meras apreciaciones mías: en las últimas páginas de 1984 surge una disquisición sobre la percepción de la realidad, se llega a decir que esta se encuentra «dentro de nuestra mente» y de paso se insinúa que «[en el “Partido”] podemos crear un sistema dual de astronomía»1; ¿tiene esto algo que ver con un extraño fenómeno celeste que observa algún personaje de 1Q84? En la primera de estas obras es recurrente la frase de que dos más dos son cuatro; ¿inspiró esto a Murakami para dar a sus personajes quebraderos de cabeza relacionados con el cómputo de elementos para los que los dedos de una mano sobran? Los lectores me disculparán el laconismo y comprenderán que este es necesario para no destripar la trama.

Se observan, por otra parte, antítesis y divergencias. Cabe destacar que 1Q84 es de carácter más social y menos político. Aquí no se nos muestra una maquinaria estatal que aplasta, pero sí una madeja de tentáculos invisibles que asfixia. No hay fuerzas del orden monolíticas que ejerzan una represión brutal pero, desde la sombra, unos entes escurridizos despliegan un amplio poder por medio de corruptelas y extorsiones. En cuanto a los personajes de 1Q84, prácticamente sobre todos ellos gravitan además los problemas de la soledad extrema, el fanatismo religioso, la desestructuración familiar y la violencia machista; es este cóctel cáustico el que sustituye a la opresión industrial de 1984

Y suspendo en este punto la retahíla de horrores para no provocar en los lectores una zozobra disuasoria. He de aclarar que quien espere un dramón inmenso quizá se sorprenda gratamente al ver que en esta creación nadie parece conocer el quebranto. Lejos de pintar al detalle el dolor sufrido o de incitar de alguna otra forma a la compasión, la narración obvia en su mayor parte los sentimientos de los personajes, no se detiene demasiado en lo que piensan, abunda más en lo que hacen y, sobre todo, se caracteriza por unos diálogos vibrantes. El lector deambula por entretenidas digresiones, se recrea con los platos saboreados entre las páginas y siente su curiosidad estimulada por la erudición de la que hacen gala los personajes: quien no se enfrasca en la lectura de Proust sabe citar a Chéjov, y quien no, lleva la navaja de Occam por brújula… eso sin olvidar que también disfrutan de un refinado gusto musical y que casi todos son unos cracks en sus respectivos campos. La ficción de Murakami, en suma, destila una vitalidad de la que carece 1984 y a mi juicio no reúne los requisitos de las distopías.

Hasta aquí la comparativa. 1Q84 es una muestra de originalidad en toda regla y da que comentar más allá de una crítica en que se la supedite al clásico orwelliano. ¿Qué es y cómo es 1Q84? ¿A qué género pertenece? La mejor respuesta pasa por explicar qué no es. Va de mundos paralelos, pero no describe un multiverso a lo Phillip Pullman en el que te desplazas descaradamente de un universo a otro cual si de estaciones de metro se tratara. Tiene grandes dosis de realismo, y magia a raudales, pero a ratos esta predomina sobre aquel, por lo que no la encasillaría en el realismo mágico. Recuerda por momentos la angustia identitaria y otras rarezas de las películas de David Lynch, pero el hilo argumental no llega a conformar el nudo gordiano de tales largometrajes. Hará las delicias de los amantes del género policíaco, pero hay demasiados elementos ajenos a este que pueden despistar. Incurre en ñoñería en numerosos pasajes, pero es mucho más que una novela de amor. En definitiva, es un mamotreto proteico que, salvo si se considera una novela total, se me hace inclasificable.

La traducción

Siento la tentación de extender el mejor elogio al traductor de 1Q84, Gabriel Álvarez, decir que su labor me ha pasado desapercibida, pero mi deformación profesional no me dejará mentir. A estas alturas, ya me es imposible leer un texto traducido sin entornar los ojos para comprobar si se transparenta el original tras el papel (ya se trate de un idioma que conozca o, como en este caso, que desconozca), no puedo por menos de pertrecharme de mis mejores periscopios, lupas y rayos X para detectar la menor mácula. Tras este preámbulo, tengo que decir que todos los análisis dan negativo: no atisbo la menor torpeza; no he adivinado ningún parche que fuera preciso para salir del paso ante un juego de palabras de traducción imposible, no he barruntado que en ningún punto se hubiera perdido una referencia cultural… Y lo he intentado. Muy al contrario: el texto español es fluido, razonablemente castizo y, ¡gran logro!, normal.

Por último, comentaré, sin emitir ningún juicio de valor, que las notas al pie de página me parecen más frecuentes en 1Q84 que en la mayoría de las obras traducidas que leo, y tengo la sensación de que ello se debe a que la cultura en que se enmarca es especialmente distante de la nuestra. Hay un par de ellas imprescindibles: una, aquella en la que se explica a qué viene el galimatías del título; otra, la que nos desvela el significado del apellido de la protagonista, Aomame («guisante» o «soja verde»), un dato sugerente, si tenemos en cuenta que el último capítulo se titula «Como una legumbre en su vaina». Las demás quizá sean algo superfluas, pero para mí no es ninguna molestia interrumpir la lectura para atender a las explicaciones, acostumbrado como estoy a tener que indagar sobre el contexto. Se podrá alegar que esto será una rémora para el lector medio, pero personalmente, dado que todo lo demás está en orden, no me estorban, sino que las agradezco.

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1 Orwell, George: 1984, Jorge A. Mestas Ediciones S.L., Madrid. 2006.

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