La Linterna del Traductor
NÚMERO 8

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Los juegos del hambre

En esta segunda entrega de nuestra serie de entrevistas a los traductores literarios y audiovisuales de una misma obra, hemos elegido Los juegos del hambre (The hunger games), de Suzanne Collins.

Reyes Bermejo

Reyes Bermejo es licenciada en filología inglesa y en traducción e interpretación. Es traductora y correctora autónoma desde 2003 y en los últimos años su trabajo ha estado muy vinculado a los estudios de grabación, por lo que se ha especializado en la traducción de contenidos audiovisuales. Es socia de Asetrad y de Atrae.

Elena Bernardo

Elena Bernardo llegó a la traducción en 1997, después de trabajar durante un lustro como periodista tanto en Francia como en España. Desde hace unos años, sin dejar de lado la traducción de textos de índole comercial, se dedica también a la traducción de libros. Es socia de Asetrad y de Acett.


La primera entrega de la saga llegó a España en 2009, publicada por la editorial RBA, de manos de Pilar Ramírez Tello, que ha traducido toda la trilogía. La lucha por la supervivencia de sus jóvenes personajes fue un éxito mundial, y en muy poco tiempo el libro se tradujo a 26 idiomas. Con el aval de este éxito literario, el cine no tardó en llevar la historia a la gran pantalla, y la película se convirtió enseguida en la cuarta más taquillera de la historia. En España, donde se estrenó en marzo de 2012, la ha distribuido Warner Bros; en la versión doblada, debemos los diálogos a Eva Garcés. Las dos traductoras nos desvelan cómo nació el ave sinsajo y por qué es tan difícil que se produzca el encuentro entre el traductor de un libro y el de una película.

Los juegos del hambre

Pilar Ramírez Tello: Los juegos del hambre, RBA (2009).

Pilar Ramírez Tello es traductora de inglés a español, especializada en traducción literaria y técnica. Ha traducido medio centenar de libros para editoriales como RBA, Random House Mondadori o Gigamesh, entre ellos parte de las Grandes novelas de H. G. Wells, la trilogía de Los juegos del hambre de Suzanne Collins y Guerra Mundial Z de Max Brooks… y a pesar de ello sigue viva.

Eva Garcés: Los juegos del hambre, Gary Ross (2012).

Eva Garcés Rebollo comenzó su carrera como traductora audiovisual en 1997, nada más acabar la licenciatura en Traducción e Interpretación en ICADE, Universidad Pontificia de Comillas. Es la traductora de películas tan conocidas como El código Da Vinci, 300, Infiltrados Origen, de las sagas de Sherlock HolmesEl hobbit, Las crónicas de Narnia, Resacón en Las Vegas, de la trilogía de El caballero oscuro o de las últimas películas del agente 007. Además, durante muchos años ha sido profesora de traducción audiovisual en la Universidad Pontificia de Comillas. Entre sus últimos trabajos cabe destacar Lo imposible, Skyfall o Argo, ganadora del Oscar a la Mejor Película en 2013.

Cuando le encargaron la traducción, ¿le facilitaron algún tipo de documentación? ¿Cuál es la documentación de apoyo que se precisa a la hora de abordar una traducción como esta?

P. R. T.: No me facilitaron ninguna documentación, que yo recuerde. La documentación de apoyo es sobre todo necesaria cuando se trata de series y tú no has traducido las anteriores entregas. Por ejemplo, si otro traductor hubiese traducido Los juegos del hambre y a mí me tocara traducir la segunda parte, En llamas. Me ha sucedido en alguna ocasión y, aunque en esos casos la editorial no me proporcionó las entregas anteriores, yo las adquirí por mi cuenta y procuré tenerlas en mente al hacer la traducción. Si se trata de novelas de ciencia-ficción, fantasía y similares es esencial para mantener los neologismos. Por lo demás, mucho Google y consultas a otros colegas.

E. G.: Dispuse de la novela traducida; ya la tenía en casa. Al abordar la traducción de un guión basado en una novela siempre hay que leerla y utilizarla como referencia. Cuando se traduce una película se debe buscar toda la documentación de apoyo disponible, e intentar respetar todo lo que se pueda, sobre todo la terminología. En mi caso, intento respetar la novela en la medida de lo posible y solo cambio una frase cuando creo que se puede mejorar. Por citar un ejemplo, hay casos, la gran mayoría, en los que en una novela se traducen las canciones o los poemas sin respetar las rimas; en ese caso, yo siempre intento aprovechar todo lo que puedo de la canción o el poema, pero buscando las rimas.
 
¿Le fue posible ponerse en contacto con la autora para consultar dudas? En caso necesario, ¿pudo contar con algún especialista que le ayudara?

P. R. T.: No, en este caso no pude ponerme en contacto con la autora. No recuerdo si llegué a intentarlo, a decir verdad, ya que al final conseguí resolver todos los rompecabezas terminológicos.

E. G.: No, no lo consideré necesario. Los traductores audiovisuales solemos disponer de una semana para realizar la traducción de una película, así que en ese escaso tiempo solo podemos aspirar a traducir el guión y a respetar en la medida de lo posible la novela para que los seguidores de la obra encuentren similitudes y no se sientan decepcionados. En este caso no necesité la ayuda de ningún especialista, pero cuando se traducen guiones cinematográficos suele ser lo habitual, pues siempre tenemos que recurrir a un policía, a un militar o a un cura, entre otros, para conseguir una traducción natural. Lo difícil de este tipo de traducción no es entender el original, sino saber cómo expresaría una frase cierto profesional haciendo honor a su jerga.

¿Hubo contacto entre el traductor del libro y el de la película?

P. R. T.: No, ninguno.

E. G.: No. El escaso plazo que nos dan para traducir un guión cinematográfico no nos deja tiempo para mucho. En el caso de la traducción audiovisual, a veces el traductor sí puede hablar con el director de la película para aclarar algún concepto o saber qué estilo de traducción desearía ver en el doblaje de su película.

¿Hubo alguna restricción lingüística o alguna exigencia de adaptación impuesta por la editorial o la productora? ¿Se mostró la editorial o la productora dispuesta a ayudar en el proceso de traducción?

P. R. T.: En mi caso, no hubo ninguna restricción ni imposición. He estado repasando los intercambios de mensajes con la editorial y no veo que hablásemos sobre problemas concretos de la traducción.

E. G.: No la hubo. Normalmente el traductor de guiones cinematográficos suele respetar la traducción de la novela en la medida de lo posible, teniendo en cuenta que en el cine la mayoría de las frases son parte del diálogo y deben tener ante todo naturalidad.

¿Pudo seguir las fases de corrección o estar presente en las de doblaje?

P. R. T.: Sí, normalmente me envían las galeradas corregidas y me dan un tiempo para que las revise e indique si estoy de acuerdo o no con ellas. Suelen respetar lo que decida, al menos en esta editorial en concreto.

E. G.: No, no estuve presente. Normalmente el ajustador, que es el siguiente profesional que trabaja con la traducción, suele respetar la terminología de la traducción cuando el traductor señala que la ha sacado de la novela, y acorta o cambia determinadas palabras del texto con el fin de que «quepa en boca», como se dice en el argot.

¿De qué modo abordó los términos peculiares o los neologismos?

P. R. T.: En esta novela había neologismos. Los analicé con relativa tranquilidad e intenté entender el proceso que había seguido la autora para crearlos. Una vez averiguado el origen (de qué palabras partía, por qué las había usado y con qué intención), intenté repetir el mismo proceso, pero en español. Es cuestión de hacer varias combinaciones hasta encontrar la más adecuada o realista. Por ejemplo, en Los juegos aparece un pájaro llamado jabberjay. Llegué a la conclusión de que la palabra jabberjay está compuesta por jay, que es un pájaro (arrendajo o azulejo en español) y jabber, que quiere decir farfullar o hablar atropelladamente. Después de meterlo todo en la batidora para intentar dar con un nombre que sonara medianamente bien, a pájaro, por así decirlo, convertí el jabber en charla y el jay en las dos últimas letras de arrendajo, de ahí el charlajo. El sinsajo, por cierto, es una mezcla de charlajo y sinsonte (mockingbird).

Por poner otro ejemplo de dificultad, esta vez con los nombres propios, creo que uno de los más entretenidos fue Foxface. En el libro, así es como bautiza la protagonista a una de las participantes. En español, aunque la palabra zorro puede emplearse para describir a un hombre astuto, la palabra zorra se utiliza como insulto, un sinónimo vulgar de prostituta (el cambio de connotaciones entre el masculino y el femenino en español da para una tesis doctoral, imagino). Obviamente, cara de zorra o zorra quedaban descartados... Por tanto, busqué un animal que diera a entender astucia, como en inglés, y por eso acabé llamándola la comadreja.

E. G.: En este caso, respeté los términos que aparecían en la novela traducida, pues creo que es importante que los admiradores de la obra literaria encuentren similitudes y vean que se han respetado esas palabras que, aún con nostalgia, resuenan en su cabeza. Para mí no supone ningún problema respetar la terminología de una obra, pues creo que los lectores lo agradecen. Sí sería un problema, en cambio, no poder cambiar frases para aportarles mayor naturalidad, desde mi punto de vista, o no poder facilitar una traducción diferente cuando la de la obra no me parezca acertada, pero todo eso puede hacerse respetando la terminología de la novela traducida. No tendría mucho sentido cambiar, por citar un ejemplo, la palabra sinsajo, que con tanto cariño recordarán los lectores de la novela. Sería muy desconcertante para ellos encontrarse con una terminología distinta a la de la obra literaria.

Pilar, ¿ha visto la película? ¿Qué sensación produce ver «su libro» llevado al cine?

Sí, la vi. Me hizo muchísima ilusión, creo que incluso lloré un poquito en el cine. Es una sensación muy extraña. Otros estarán ya acostumbrados, como los traductores audiovisuales, pero oír en la gran pantalla las palabras que te has inventado tú (sinsajo, sin ir más lejos) es precioso.

¿De qué plazo dispuso para hacer la traducción? ¿Cuántas palabras tiene su traducción, aproximadamente?

P. R. T.: Son unas 100 000 palabras en idioma de destino; traducirlas me llevó tres meses y tres semanas. Podrían haber sido cuatro meses completos, pero me enviaron el libro en papel y hubo algún problemilla logístico.

E. G.: En mi caso, la traducción tenía unas 8 500 palabras, y me dieron una semana para traducirlas.

¿Tienen algún comentario que añadir acerca de su especialidad de traducción?

P. R. T.: En el caso de la traducción literaria en general, hay varios detalles que la distinguen de otros tipos de traducciones, como las tarifas bajas, los derechos de autor, el que tu nombre quede ahí (para bien o para mal)... Con la audiovisual comparte, por ejemplo, que en un mismo libro (o en una misma película, videojuego, etcétera) tengas que documentarte sobre buques de la segunda guerra mundial y palabrotas de los años setenta. Pero, sobre todo, traducir es traducir, al margen del texto que tengas entre manos. Si nos referimos a este libro en concreto, debo decir que siempre lo guardaré en un rinconcito del corazón, por la cantidad de alegrías que me ha reportado.

E. G.: Lo que distingue a la traducción audiovisual de la literaria es el tiempo del que se dispone para realizarla. Una semana es muy poco tiempo para abordar la traducción de una obra cinematográfica, pues normalmente este tipo de traducción implica sumergirte en un argot recién creado, que a veces aún ni siquiera se recoge en los diccionarios publicados.

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