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NÚMERO 9

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Interpretación social: rasgos, dilemas y profesionalización

Anne Martin
Anne Martin es doctora en traducción e interpretación por la Universidad de Granada y licenciada en traducción e interpretación por la Heriot-Watt University (Edimburgo). En la actualidad es profesora titular de universidad de la Universidad de Granada y coordinadora del Máster en Interpretación de Conferencia de la misma universidad. Ha dirigido varias tesis doctorales sobre interpretación social, entre otros temas. Es miembro del Grupo COMUNICA: Observatorio Permanente sobre la Interpretación en los Servicios Públicos de España. Sus líneas de investigación incluyen la formación en interpretación, la interpretación en los servicios públicos y la ideología en interpretación. Entre sus publicaciones relacionadas con el presente artículo se encuentra el libro Crossing Borders in Community Interpreting, publicado en 2008 por John Benjamins junto con C. Valero.

Es intérprete de conferencia y miembro de AICE (Asociación de Intérpretes de Conferencia de España).

Introducción

La interpretación social (IS) o interpretación en los servicios públicos es uno de los géneros más antiguos de interpretación, aunque estos términos solo han empezado a usarse en España en los últimos quince años. Se refieren a un género de interpretación que tiene lugar entre personas que no hablan la lengua oficial de un país, por una parte —inmigrantes, refugiados, turistas y, en algunos países, población indígena— y, por otra, los servicios públicos de ese país, tales como la sanidad, la educación, los servicios sociales y la Administración de Justicia. Este tipo de interpretación existe para facilitar el acceso a los servicios públicos de aquellas personas que no hablan la lengua mayoritaria y para permitir a los profesionales de esos servicios públicos cumplir con su obligación de prestar un servicio de calidad.

La interpretación social suele cobrar relevancia cuando un país empieza a recibir contingentes significativos de extranjeros que no hablan la lengua mayoritaria. En el caso de España, el influjo de inmigrantes se ha ralentizado en la actualidad debido a la situación económica pero, a partir de la década de los noventa y hasta 2008, España pasó en poco tiempo de emisor a receptor de inmigración a gran escala. Como consecuencia de esta nueva realidad, se produjeron cambios demográficos, sociales y culturales que crearon nuevas necesidades en el seno de la sociedad, cambios para los que las infraestructuras no siempre estaban preparadas.

Rasgos característicos de la IS

La interpretación en ámbitos sociales difiere en numerosos aspectos de otros géneros de interpretación como la interpretación de conferencia, realizada en congresos o instituciones internacionales. Tiene una serie de rasgos característicos que le confieren un carácter bastante diferenciado. Por una parte, la interpretación social se da en el seno de una sociedad, entre los integrantes de la misma, por lo que es intrasocial (Pöchhacker, 1997). En las situaciones de interpretación social los integrantes hablan en su propio nombre y no forman parte de una delegación en un encuentro internacional, que es la situación intersocial típica de la interpretación de conferencia. Por otra parte, las lenguas más comunes empleadas en este género de interpretación no suelen ser los principales idiomas europeos, como en el caso de la interpretación de conferencia, sino idiomas y dialectos de menor difusión en Europa que no suelen enseñarse en nuestros centros escolares y facultades. Esto tiene especial relevancia, ya que los participantes en estos encuentros suelen proceder de culturas muy dispares y no necesariamente tienen conciencia de la gran brecha cultural que les separa. En este sentido, cabe recordar que las manifestaciones culturales no se limitan a palabras supuestamente «intraducibles», sino que abarcan aspectos intangibles tales como actitudes, formas de ver la vida y las relaciones sociales, todo lo cual puede dificultar la comunicación. Un buen ejemplo son las distintas concepciones sobre salud y enfermedad que existen en distintas culturas, incluidas las causas de determinadas enfermedades.

No solo existe una diferencia entre los interlocutores en cuanto a cultura, sino que, normalmente, también se da un desequilibrio significativo en cuanto a poder y estatus. Ciertas entrevistas en ámbitos de servicios públicos (por ejemplo, médico-paciente; juez-testigo/imputado) ya de por sí presentan esta característica, que se ve acrecentada considerablemente cuando hay una diferencia lingüística y cultural entre las partes. El representante de los servicios públicos, en numerosas ocasiones, tiene el poder de facilitar o no un bien como la salud, la libertad, la vivienda o el asilo político, lo que para el participante menos poderoso repercutirá de forma importante o incluso crucial en su vida.

Como ya se ha hecho evidente, la interpretación social casi siempre tiene lugar en una situación de entrevista, por lo que se trata de interpretar una interacción y no un monólogo o discurso. Esto conlleva no pocas dificultades para el intérprete. Su labor consiste en favorecer el establecimiento de una relación entre los participantes, relación que va construyéndose y evolucionando sobre la marcha, conforme progresa la conversación, al igual que en toda interacción.

Condicionantes para el intérprete

Todas estas características condicionan el trabajo del intérprete que media en estos entornos. Por una parte, la situación condiciona la técnica de interpretación utilizada, casi siempre la consecutiva dialógica o bilateral, que obliga a cambiar constantemente de dirección lingüística con mucha rapidez. En algunas ocasiones también se utiliza la técnica de simultánea susurrada y de vez en cuando, sobre todo en ámbitos judiciales, la traducción a vista. Por otra parte, la cercanía física con los interlocutores hace que este tipo de interpretación sea mucho más interpersonal. El intérprete está más expuesto y visible que en otros géneros de interpretación: no goza de la protección psicológica que confiere la cabina de interpretación simultánea en ámbitos de interpretación de conferencia, por ejemplo. No solo es testigo de las tensiones de un encuentro de esta naturaleza sino incluso, a veces, víctima de ellas. Esto puede crear no pocos dilemas para el intérprete: la narrativa tradicional sobre el intérprete lo considera un componente invisible que facilita la comunicación pero no actúa como participante en el encuentro comunicativo como tal. Sin embargo, es muy difícil mantener esta supuesta invisibilidad cuando el intérprete, en estas situaciones, está físicamente muy visible, constantemente negociando posibles malentendidos que le asaltan en múltiples frentes (Valero-Garcés y Martin, 2008). En este tipo de encuentros, el estrecho contacto con los participantes coloca a veces al intérprete ante situaciones delicadas en las que las partes quieren atribuirle funciones y responsabilidades que van más allá de lo que normalmente se entendería como los límites de su papel. Es muy frecuente que al intérprete se le pida que realice otras tareas no relacionadas con su función de intérprete, tales como la recopilación de información, o la emisión de opiniones sobre lo expresado por parte del inmigrante, etc., asignándole más bien el papel de ayudante general del profesional del servicio. En este sentido, no es infrecuente que un agente policial, durante la declaración de un inmigrante sin papeles, por ejemplo, le pregunte al intérprete si cree que aquel dice la verdad, o le pida que detecte la autenticidad de su acento para, supuestamente, poder comprobar su lugar de origen. Por otro lado, el inmigrante puede llegar a pedir al intérprete que conteste en su lugar a las preguntas ofreciendo la información que más probablemente vaya a provocar una respuesta favorable a sus objetivos.

Muchos intérpretes sociales proceden del grupo minoritario y, por tanto, empiezan con desventaja: son percibidos casi automáticamente por la Administración como defensores de su grupo étnico, y por los miembros de ese grupo como un aliado natural.

No es difícil entender que alguien que se encuentra en una situación problemática (por ejemplo hospitalizado, detenido o víctima de un delito) y que lleva tiempo sin poder comunicarse con las personas que le rodean, considere al intérprete no solo como facilitador de la comunicación sino como un verdadero sostén emocional al que el alófono atribuye más poder y responsabilidad de la que tiene en realidad.

Profesionalización

Evidentemente, todo intérprete debe resistir cualquier intento de asignarle estas tareas y responsabilidades adicionales que en la mayoría de los casos no puede cumplir y que, de todas maneras, comprometen necesariamente su neutralidad (Martin y Abril, 2002; Hale, 2007). Existen estudios (Cambridge 1999; Pöchhacker y Kadric 1999) que demuestran que la ausencia de un perfil claro por parte del intérprete, y su consiguiente extralimitación, pueden acarrear resultados perjudiciales para los interlocutores, sobre todo para la parte débil. Por eso es tan importante que tanto el intérprete como los profesionales de los servicios públicos tengan una idea clara sobre la naturaleza del papel del intérprete.

Lamentablemente, este no es el caso en los países donde la interpretación en los servicios públicos no está profesionalizada, que son la mayoría, y entre los que se incluye España. En España la respuesta a las necesidades de comunicación es esporádica y poco estructurada, al igual que ha ocurrido y sigue ocurriendo en muchos otros países. El único campo con una estructura mínimamente organizada en cuando a la interpretación es el ámbito judicial. Es cierto que en los últimos años ha habido cierto reconocimiento de la necesidad de disponer de estructuras para superar las barreras lingüísticas. Por ejemplo, la provisión de un servicio de traducción e interpretación en ámbitos policiales es objeto de un concurso público desde 2008; numerosas consejerías de salud han contratado un servicio telefónico para hospitales y centros de salud; algunos hospitales han contratado intérpretes de forma permanente. Sin embargo, si bien se está empezando a vislumbrar el reconocimiento de la necesidad, no hay exigencias en cuanto a la formación de las personas que prestan el servicio. En algunos casos, en ámbitos policiales y judiciales la prestación del servicio de interpretación se adjudica a empresas privadas y apenas hay requisitos en cuanto a las personas contratadas como intérpretes. En otros ámbitos nos encontramos con que, a menudo, se trata de voluntarios o miembros de la familia o del círculo cercano del alófono y, en la gran mayoría de los casos, personas sin formación específica. Tanto los periódicos como la bibliografía sobre interpretación social, en aquellos países donde no se ha profesionalizado, están repletos de ejemplos que nos indican las consecuencias inaceptables de dejar esta tarea en manos no profesionales: la mujer víctima de violencia de género cuyo intérprete es el mismo agresor; el niño que actúa como intérprete entre sus padres y sus profesores; el familiar que hace de intérprete y oculta un diagnóstico desfavorable en un intento de proteger al paciente; el intérprete, autor de un delito, que incrimina al compañero inocente…

Numerosos autores (Pöchhacker, 1999; Ozolins, 2000; Hale, 2007, entre otros) señalan que los pilares de la profesionalización de la interpretación social son precisamente la formación y la acreditación de las personas que ejercen esta actividad, así como la obligatoriedad, por parte de las instituciones públicas y privadas de un país, de recurrir solo a estas personas acreditadas. Esto se perfila como la única forma de garantizar la calidad del servicio prestado y, por tanto, los derechos de los usuarios.

En España hay iniciativas formativas en marcha, notablemente en la Universidad de Alcalá, que podrían sentar las bases para uno de estos pilares de la profesionalización. Por otra parte, en octubre de 2013 entra en vigor la Directiva 64/2010 de la UE sobre el derecho a traducción e interpretación en los procesos penales, que prevé un sistema de acreditación para garantizar la calidad y profesionalidad en la interpretación en este sector pero que, una vez asentado en el ámbito de la justicia penal, podría ser trasladable a otros servicios públicos. Es de esperar que, en un futuro no lejano, estas estructuras puedan servir de base para una verdadera profesionalización de una actividad especializada que requiere el dominio de unas técnicas cognitivas muy complejas. Solo de esta manera se podrá garantizar el acceso a los servicios públicos para todos, en condiciones de igualdad, y que dichos servicios cumplan su obligación de prestar una atención profesional y de calidad a toda la sociedad.

Bibliografía

Cambridge, Jan. «Information Loss in Bilingual Medical Interviews through an Untrained Interpreter». The Translator, 5, núm. 2 (1999), p. 201-220.

Hale, Sandra. Community Interpreting. Basingstoke (RU): Palgrave Macmillan, 2007. [Traducido al castellano como La interpretación comunitaria: La interpretación en los sectores jurídico, sanitario y social. Granada: Comares, 2010.]

Martin, A. y Abril, I. «Los límites difusos del papel del intérprete social». En Valero, C. y Mancho, G. (ed.). Traducción e interpretación en los servicios públicos: Nuevas necesidades para nuevas realidades [CD-ROM]. Alcalá de Henares: Universidad de Alcalá Publicaciones, 2002, p. 55-60.

Ozolins, Uldis. «Communication Needs and Interpreting in Multilingual Settings: The International Spectrum of Response». En Roberts, R. et al. (ed.). The Critical Link 2: Interpreters in the Community. Ámsterdam; Filadelfia: John Benjamins, 2000, p. 21-33.

Pöchhacker, Franz. «'Is There Anybody Out There?' Community Interpreting in Austria». En Carr, S. E. et al. (ed.). The Critical Link: Interpreters in the Community. Ámsterdam; Filadelfia: John Benjamins, 1997, p. 215-225.

Pöchhacker, Franz. «'Getting Organized': The Evolution of Community Interpreting». Interpreting, 4 núm. 1 (1999), p. 125-141.

Pöchhacker, Franz y Kadric, Mira. «The Hospital Cleaner as Healthcare Interpreter: A Case Study». The Translator, 5, núm. 2 (1999), p.161-178.

Valero-Garcés, C. y Martin, A. (ed.). Crossing Borders in Community Interpreting. Definitions and Dilemmas. Ámsterdam; Filadelfia: John Benjamins, 2008.

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