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¿Cómo elegir un buen teclado?

Del mismo modo que un peluquero o un sastre necesitan unas buenas tijeras, un pintor o un maquillador un buen pincel, las personas que escribimos durante horas a diario deberíamos contar con un buen teclado de ordenador, porque los bolígrafos y las plumas estilográficas se han quedado obsoletos, por mucho que los añoremos. En materia de teclados, la variedad es muy amplia: en el mercado proliferan múltiples opciones que se adaptan a todos los gustos y presupuestos. No existe un teclado ideal, porque cada persona tiene unas necesidades concretas, incluso unas manías difíciles de cambiar. La solución pasa por encontrar el producto que mejor se adapte a nuestros usos y costumbres. En este artículo hacemos un repaso de los tipos y variedades de productos que podemos encontrar a la venta para tomar una decisión más acertada en la elección de un teclado.

José-Luis Morais
José-Luis Morais es licenciado en Traducción e Interpretación y trabaja funda­men­tal­mente desde el francés al español y al gallego. Sus ámbitos de especialidad son la traducción creativa, la medicina alternativa y el turismo.

A la hora de comprar un teclado, las tiendas físicas tienen sus limitaciones en cuanto a la variedad de existencias. Incluso en las grandes superficies, el surtido suele ser muy reducido porque la mayoría de usuarios no le concede demasiada importancia al teclado y se conforma con el que venga incluido con el ordenador que se compren. El nicho de mercado se limita a las personas que pasan su jornada laboral tecleando y son conscientes de que la ergonomía es un factor esencial de bienestar y salud (véase el artículo «Ergonomía y traducción») y, cada vez más, a la creciente comunidad de aficionados a los videojuegos. En cambio, la venta en línea facilita mucho las cosas, porque disponemos de un sinfín de tiendas virtuales donde comprar el producto que buscamos en apenas unos minutos y recibirlo cómodamente en casa al cabo de unos días. No obstante, tienen un gran inconveniente: la imposibilidad de ver el producto físicamente, de tocarlo, apreciar la calidad de sus materiales y, sobre todo, poder probarlo para comprobar si se ajusta a lo que buscamos. En un comercio físico sí que podemos comprobar la dureza de las teclas, el sonido que producen y los aspectos físicos del teclado, pero no podemos probar su capacidad de respuesta porque no suelen estar conectados a una pantalla. Peor aún, están expuestos de tal manera (estantes altos e inclinados) que la «prueba» no se ajusta a la realidad porque nada tiene que ver con la postura que adoptaríamos al utilizarlos en condiciones reales. La única solución consiste en comprar el teclado y probarlo en casa durante el tiempo que dispongamos para ejercer nuestro derecho de desistimiento, cuya duración oscila normalmente entre una semana y un mes.

Por otro lado, cabe tener en cuenta que los teclados no son universales en la distribución de las teclas. Cualquier teclado nuevo es compatible con cualquier ordenador, pero la disposición de las teclas varía de un país a otro (QWERTY, AZERTY…), incluso las teclas de función, que desaparecen o requieren una tecla «Fn» para añadir modos, sobre todo en ordenadores portátiles. Así pues, de poco nos sirve encontrar un teclado en Internet o en el extranjero que se ajuste a nuestras necesidades y presupuesto si presenta una disposición que nos es ajena (como la ausencia de la letra «ñ» o de las tildes para quienes escribimos en español habitualmente), porque tendremos que reaprender a mecanografiar, aunque también existen soluciones para paliar este problema; por ejemplo, se puede definir la disposición o el tipo de teclado en la configuración del sistema operativo y optar por comprar plantillas de etiquetas o pegatinas para identificar las teclas.

TECLADOS DE ORDENADOR

Factores decisivos

  • Diseño y estética
  • Forma y ergonomía
  • Estabilidad y adherencia
  • Conexión (con o sin cable)
  • Tecnología de pulsación

Los factores que pueden influir en la toma de decisión pueden ser muy variados y depender de los gustos o necesidades de cada persona, desde el diseño hasta la forma, pasando por los materiales o incluso la estética. Podemos empezar por determinar si preferimos un teclado inalámbrico o con cable. En el primer caso, quizás será más cómodo prescindir de cables por una cuestión de orden, armonía visual o incluso practicidad y libertad de movimientos: útil para apoyar el teclado en el regazo, ya sea por cambiar de postura o tener que reorganizar la mesa de despacho en un momento dado para consultar grandes diccionarios, por ejemplo, o tomar notas a mano mientras hablamos por teléfono (un hábito difícil de superar aun teniendo un ordenador delante). El inconveniente de los inalámbricos son las pilas, porque no solo suponen un gasto adicional —mínimo o no tanto, en función de los modelos— sino también la molestia de toparnos con errores de respuesta que se acentúan cuando se van gastando las pilas y de tener que prever pilas de repuesto para no quedarnos colgados. Otra ventaja de los inalámbricos es poder cambiar de un teclado a otro en un abrir y cerrar de ojos sin necesidad de desenchufar nada ni desenrollar cables enmarañados: este aspecto es muy práctico para quien redacta textos en alfabetos diferentes (un teclado «occidental» y otro para árabe, chino o cirílico). En general, los teclados con cable son más fiables y su capacidad de respuesta y reacción es mayor. Además, por muy molesto que nos pueda parecer el cable, el teclado no se suele trasladar del escritorio a otra mesa. La estabilidad y la adherencia del teclado también son importantes, porque un teclado que resbala o se mueve encima de la mesa supone un incordio. Además de pulsaciones accidentales, nos obliga a recolocarlo cada vez en su sitio, con su consecuente pérdida de tiempo y crispación de nervios. La estabilidad no solo depende del peso del teclado, sino de sus materiales y topes antideslizantes, así como del material de la propia mesa: madera, metal o vidrio. Convendría evitar los vades (esas carpetas que se utilizan tradicionalmente en la zona de escritorio de las mesas de despacho) debajo del teclado, que son muy estéticos y prácticos para la caligrafía, pero un tormento para teclear porque no paran de menearse en la mayoría de los casos.

Teclado ergonómico

Sculpt Ergonomic Desktop de Microsoft
reclinable por delante

En cuanto a ergonomía, es preferible que la parte delantera esté un poco más levantada. Muchos teclados incluyen unas patillas que permiten elevar la parte trasera, pero obligan a forzar demasiado el ángulo de la muñeca. Sería idóneo que el teclado quedase a una altura correcta, de manera que los codos formen un ángulo recto. A tal efecto, las mesas o sillas de altura regulable resultan muy prácticas. Ni que decir tiene que una buena mecanografía (con los diez dedos) también es importante, no solo para teclear más rápido, sino también para no forzar posturas inadecuadas, además de evitar tendinitis y dolores cervicales, por las incesantes subidas y bajadas de la mirada de la pantalla al teclado. Asimismo, en el mercado podemos encontrar teclados ergonómicos por su forma: curvados y con diferentes inclinaciones de teclas. El objetivo no es otro que favorecer una posición de manos y muñecas más natural; sin embargo, no siempre es fácil acostumbrarse a ellos, por eso existen variantes: desde ligeramente ergonómicos hasta muy ergonómicos (partidos por la mitad, en colores no reflectantes y con una disposición de teclas muy estudiada para adaptarse a la anatomía y posición natural del cuerpo humano).

Tecnologías de pulsación de teclas

Las teclas de un teclado pueden dividirse en cuatro categorías principales: virtuales, de membrana, de tijera o mecánicas. Las virtuales no son físicas, sino que se trata de una imagen de teclas proyectadas sobre una superficie. Un sensor determina qué tecla se está pulsando. Los teclados virtuales podrían acabar por imponerse a tenor de la evolución informática y tecnológica, pero en la actualidad no presentan una gran ventaja para personas que le dan mucho uso al teclado porque su capacidad de respuesta no está todavía muy bien desarrollada. Si tecleamos con rapidez, el sensor no siempre reconoce todos los caracteres tecleados y nos encontramos con palabras incompletas que nos hacen perder tiempo para reescribirlas correctamente.

Teclados de membrana

Teclado de membrana

Teclado de membrana (bocabajo)

Son los más habituales en los últimos años, sobre todo por una cuestión de abaratamiento de costes de fabricación. Todas las teclas están ubicadas sobre una misma estructura que cubre el teclado: una membrana de goma en forma de burbuja debajo de cada tecla. Al pulsar una tecla, esta debe recorrer una determinada distancia hasta llegar al tope, donde se encuentra un componente metálico que crea un cortocircuito al entrar en contacto con la membrana y detecta la pulsación. La tecla regresa a su estado original gracias a la burbuja que empuja la tecla hacia arriba. Entre sus cualidades cabe destacar la delgadez de su diseño y el silencio absoluto al teclear, además del tacto —en función de los gustos—, que es más gomoso y blando, como en el mando a distancia de un televisor.

Teclados con mecanismo de tijera

Son muy comunes en ordenadores portátiles y similares a los de membrana en su aspecto, pero con un sistema de activación muy distinto. Disponen también de una membrana, pero las teclas van unidas al teclado por un mecanismo de tijera que impulsa la tecla hacia arriba después de pulsarla. El recorrido es más corto que en los teclados de membrana (el contacto entre la tecla y la membrana se produce mucho antes) y no es necesario pulsar la tecla hasta el tope para que se produzca el cortocircuito que activa la pulsación. Por tanto, son idóneos para teclear con mayor rapidez y son muy silenciosos, además de ser más duraderos que los teclados de membrana, pero tienden a perder precisión cuando no se golpea en el centro de la tecla. Otra variante es el mecanismo de mariposa de Apple, que es más ancho y más estable. El resultado son unas teclas con un recorrido todavía más corto porque sobresalen menos, en línea con la ambición de la marca de la manzana por la delgadez más absoluta.

Teclado de tijera

Teclados mecánicos

Por lo general, son mucho más duraderos y resistentes que los demás. Los teclados mecánicos son los tradicionales de las primeras generaciones de la informática, inconfundibles al tacto y al oído porque recuerdan a las extinguidas máquinas de escribir, pero ya no son lo que eran (salvo raras excepciones como determinados modelos de IBM de los años ochenta). En la actualidad, han evolucionado muchísimo y no debemos descartarlos por prejuicios de dureza y lentitud o por considerarlos pasados de moda. Cada tecla cuenta con un mecanismo individual, con un resorte metálico que genera un contacto al pulsar la tecla y la empuja hacia su posición original al soltarla. Aunque las teclas son muy altas y pueda parecer que su recorrido es demasiado elevado, no hace falta pulsar la tecla hasta el final para que se detecte la pulsación. Por consiguiente, se reduce el ruido y el cansancio de los dedos. A priori, el único inconveniente achacable a estos teclados es el ruido que generan, que puede ser un obstáculo para personas silenciarias; pero cabe señalar que esa «melodía» puede ser un gran aliciente para el subconsciente porque motiva a seguir tecleando. Además, existen diferentes tipos de switch (mecanismo de cada tecla) que varían de más blandos a más duros y que suelen clasificarse por colores. Con un teclado mecánico puede parecer que estamos aporreando las teclas a oídos de otra persona, pero nada más lejos de la realidad, porque la suavidad y precisión aceleran el proceso. Por último, la pulsación en un teclado mecánico es más exacta y rápida: es más difícil equivocarse de tecla y se reducen en gran medida las pulsaciones accidentales.

Con la proliferación de los videojuegos, los teclados mecánicos están gozando de un gran éxito por su resistencia y precisión, pero su utilidad transciende de los adictos a los juegos y representan una magnífica opción para usuarios habituales de teclados, aquellos que pasan la mayor parte de su jornada laboral «dándole a la tecla». Además de su robustez, las teclas conservan el mismo tacto y prácticamente la misma respuesta, no se degradan ni se quedan atascadas o menos sensibles que otras por el uso más habitual de unas teclas con respecto a otras. Otra característica de estos teclados es el peso, bastante superior a los demás tipos de teclados, porque sus componentes suelen ser de muy buena calidad. En realidad, este hecho puede ser una ventaja de estabilidad, porque evita los molestos movimientos del teclado que puedan producirse mientras escribimos.

Retroiluminación

Teclado mecánico con retroiluminación personalizable

Por otro lado, los teclados mecánicos destinados a «jugones» (también conocidos como teclados de gaming, que suena más molón) suelen caracterizarse por su retroiluminación, que se puede personalizar con distintos colores y con diferentes combinaciones para iluminar solamente determinadas teclas en función de las necesidades (comandos más habituales en un momento dado). Si bien nos puede parecer demasiado colorista o festivo en un principio, puede ser muy práctico para identificar de un simple vistazo unos atajos de teclado o unas teclas muy recurrentes que utilicemos habitualmente como, por ejemplo, las combinaciones de teclas recurrentes en un programa de traducción asistida por ordenador: nos ayuda a ubicarlas al instante y a memorizarlas con la práctica.

Opciones de los teclados

Teclado numérico: absolutamente útil y recomendable. Muchas marcas apuestan por prescindir de él por cuestiones de estética minimalista, abaratamiento de costes o inutilidad para el usuario medio, que apenas lo utiliza. Sin embargo, es muy práctico para teclear números con mayor rapidez, que se traduce en mayor productividad —ergo, mayor rentabilidad— y, sobre todo, para teclear los atajos de teclado de códigos ASCII que no disponen de tecla propia, como las comillas latinas, el símbolo de grado, el espacio duro, la raya o los puntos suspensivos, por citar tan solo algunos ejemplos imprescindibles. Si bien es cierto que podemos crear atajos de teclado personalizados para solventar la ausencia de teclado numérico, es posible que algunos no nos funcionen porque interfieran con atajos propios de determinados programas. Además, estaremos obligados a volver a configurarlos si cambiamos de ordenador. Por consiguiente, es preferible memorizar las combinaciones de teclas de los códigos ASCII que más utilicemos porque siempre nos van a funcionar en cualquier ordenador.

Botones de acceso directo: no son imprescindibles, pero pueden resultar muy útiles para agilizar determinados procesos y evitar el uso repetido del ratón, cuyo abuso va en contra de los preceptos de la ergonomía. A modo de ejemplo, los comandos para subir o bajar el volumen del sonido si recibimos una llamada telefónica, o los comandos de reproducción o pausa para un archivo de vídeo o audio cuando estamos haciendo una transcripción o consultando material gráfico de contexto para una traducción determinada. Estos botones varían de un teclado multimedia a otro porque dependen del fabricante. En ocasiones, también es posible personalizar los comandos que se pueden ejecutar con algunos botones programables para acciones concretas (por ejemplo, abrir un programa determinado o activar un atajo de teclado), pero estas combinaciones se perderán cuando cambiemos de teclado u ordenador. Ahora bien, también hay fabricantes que permiten almacenar estas macros en nuestra cuenta de usuario para recuperarlas después de haber formateado el ordenador o cuando adquirimos un teclado nuevo… de la misma marca, obviamente, porque la fidelidad es requisito indispensable.

Mantenimiento

Un último aspecto importante cuando hablamos de teclados, si bien descuidado a menudo, es la limpieza del teclado. Además de la proliferación de bacterias a placer en su superficie, el polvo tiende a acumularse con suma facilidad y rapidez en los intersticios de las teclas y por debajo. Con cierta regularidad, conviene pasarle la aspiradora con el cepillo apropiado o incluso un plumero (con el ordenador apagado para que no se vuelva loco). En el caso de las teclas, se puede recurrir al alcohol de 90° o cualquier solución desinfectante y un trozo de algodón, pero con cuidado de no frotar demasiado, a riesgo de ver cómo desaparecen los caracteres grabados en las teclas cuando la calidad de los acabados es mediocre. Afortunadamente, la tecnología siempre está de nuestro lado para ir evolucionando de acuerdo con las necesidades o particularidades de los diferentes tipos de usuarios. Los más torpes ya podemos dormir tranquilos sabiendoTeclado lavable que existen teclados «todoterreno» que resisten a todo, como el Washable Keyboard K310 de Logitech [foto], una fantástica opción para los más pulcros y los incondicionales de las bebidas calientes para trabajar delante del ordenador. Con este teclado lavable, la reacción natural de echar el café por fuera tras una tremenda carcajada cuando un cliente nos pide una tarea sobrehumana en condiciones imposibles y a precio de risa ya no será un peligro para la integridad del teclado.

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