La Linterna del Traductor
NÚMERO 9

EDITORIAL

LA VOZ DE ASETRAD

INTERPRETACIÓN

Reseña del taller «Con cabina o sin ella: la simultánea y yo»

TECNOLOGÍA APLICADA A LA TRADUCCIÓN

Pildoritas tecnológicas

TRADUCCIÓN CIENTÍFICA

TRADUCCIÓN JURÍDICA

TRADUCCIÓN LITERARIA

TRADUCTOLOGÍA

TERMINOLOGÍA

TRIBUNA ESTUDIANTIL

ENCICLOPEDIA

PANORAMA

Otras asociaciones

Traductores por cuenta ajena

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

Traducido por:

COLOFÓN

Vena literaria

No solo de pan vive el traductor

Las ilustraciones de este número

Contexto

Se non è vero...

CONTRAPORTADA

Colofón

Se non è vero...

Contexto

En el número 8 os propusimos que nos enviarais vuestras anécdotas relacionadas con la profesión. Todos sabemos que cuando en un mismo lugar coinciden dos o más traductores, intérpretes o correctores, es cuestión de minutos que alguno cuente alguna «batallita» y que los demás cuenten a continuación las suyas. Y es que nuestras profesiones se prestan mucho a todo tipo de situaciones extrañas que son a veces hilarantes, a veces delirantes y otras, simplemente de vergüenza ajena. Damos las gracias a las once almas generosas que han compartido con nosotros sus anécdotas, porque somos conscientes de que a veces, en estos casos, la prudencia puede más que las ganas de juerga. Desde la redacción hemos añadido otra, más que nada para dar ejemplo y que no se diga.

Ganadora del sorteo Lost in Translation

Durante el Congreso X Aniversario de Asetrad se realizó, al finalizar la presentación de La Linterna, un sorteo entre los participantes en el certamen del número anterior, Lost in Translation. La mano inocente fue nuestra directora, María Barbero, y la agraciada fue Alice Floury, a quien le ha correspondido un ejemplar del Diccionario de uso de las preposiciones españolas de Emile Slager, donado por Asetrad. ¡Enhorabuena, Alice!

A continuación podéis leer dieciséis anécdotas, una de ellas, con foto incluida. Aunque esta última podría parecer poco pertinente, porque este certamen no iba de carteles con errores de traducción, hemos decidido incluirla porque fue tomada durante un viaje de fin de carrera, y no hemos podido evitar sentir una cierta ternura al imaginarnos el horror de todos aquellos traductores e intérpretes en ciernes, con la sensibilidad lingüística a flor de piel, mirando horrorizados el cartel del ascensor…

Nuestro agradecimiento a Monse Beltrán, Marcella Bracco, André Höchemer, Miguel Jelelaty, José Sergio Pajares, Mónica Parcet, Empar Paredes, Pilar Ramírez, Blanca Rodríguez, Llorenç Serrahima y Beatriz Villena.

Esperamos que lo disfrutéis.


Anécdotas

1) La revolución de ¿las revistas?
>Monse Beltrán

En una traducción sobre tropas de pacificación hablaban de cómo vigilar que los soldados cumplieran las normas. Una de ellas hablaba de magazines in the weapons. La traductora, que iba con prisas, se olvidó de mirar el diccionario y tuvo un cruce de cables. «Si en la revolución de los claveles, los soldados ponían claveles en el cañón de las armas, estos estarán relajados leyendo revistas y las colocarán ahí mismo». Y ni corta ni perezosa puso como uno de los elementos que se debían vigilar que «los soldados no tuvieran revistas en las armas». Por supuesto, al llegarle la corrección comprobó que magazine significa «cargador».


2) De cuando un intérprete debe aprender a cerrar los ojos… y la boca.
Marcella Bracco

Interpretación simultánea durante un curso para bomberos sobre operaciones de rescate en caso de incendios en túneles de carreteras de montaña. El ponente advierte: «Vamos a mostrar ahora unas imágenes muy crudas sobre las víctimas del incendio en el túnel del Mont Blanc».
Aparece la imagen de una de las víctimas. Mi compañera de cabina (una sin experiencia, ni formación, a la que habían contratado simplemente por «ser italiana», todo hay que decirlo) la mira fijamente y tras unos segundos de silencio, suelta: «¡Ahivaaaaaaaaaaaaaaaaaa!»


3) Hasta que la muerte las junte
André Höchemer (Alemol)

Una vez acompañé a una alemana para asistir a la incineración de su marido, que había residido en España. La sorpresa fue que se encontró con una amante… Me encargó «espiarla» y traducirle todo lo que aquella gritaba entre lloros. Luego me tocó mediar entre las dos mujeres, dos curas y dos empleados del tanatorio para averiguar quién se quedaría con las cenizas, que ambas querían. Omití palabrotas y suavicé la disputa entre las dos, aunque sin cambiar el contenido, claro. De repente, la esposa propuso pedir dos urnas y compartir las cenizas. Los curas se horrorizaron, pero los del tanatorio no tenían pegas, y así se hizo. Sólo duró una hora, pero se me hizo eterno…


4) Trabajo en equipo
Miguel Jelelaty

Una vez que estaba interpretando mientras que mi compañera de cabina se estaba poniendo ciega mandando y recibiendo mensajes con el Facebook, una de las asistentes que no había parado de mirarnos maravillada durante toda la sesión, vino a la cabina para decirnos que le parecía alucinante lo que hacíamos porque «uno traduce a la velocidad de la luz y lo va escribiendo en el ordenador mientras el otro lee la traducción en voz alta para que el público se entere». Ninguno de los dos le contestamos.


5) Pide la palabra…
Miguel Jelelaty

En una conferencia en la que estaba solo en cabina, la ponente empezó a hablar con el micro sin encender y sin caer en que no la oía nadie (y el intérprete aún menos). Me puse a gesticular en la cabina y la azafata se acercó perpleja, entonces le grité «El micro, el micro», acompañando el grito con un gesto de la mano para que entendiera mejor y, ni corta ni perezosa, se acercó a la ponente que seguía hablando con el micro apagado, sacó el micro de su soporte y ante la mirada atónita de la ponente me trajo el micro rauda y veloz a la cabina. No se llevó una torta de milagro.


6) Perfectamente (des)equipado
Miguel Jelelaty

En una universidad de prestigio de Madrid, me contrataron para interpretar a una eminencia que venía de Egipto a hablar de su país. Les di mi tarifa y les pregunté si tenían material de interpretación o necesitaban montar una cabina. Después de consultarlo, me dijeron que esto se haría en el anfiteatro que estaba perfectamente equipado para la interpretación. El día que llegué, descubrí que el dichoso anfiteatro estaba efectivamente equipado con una preciosa cabina que no tenía nada dentro. Ni consola, ni cableado, ni micrófonos, ni nada de nada. Por no tener, no tenía ni siquiera una mesa y una silla. Un pelín frustrante.


7) Cafés incluidos
Miguel Jelelaty

En una oficina técnica querían interpretación para una reunión de expertos. Como no cabía una cabina en la sala, les dije que se podía montar una consola de interpretación en otra sala contigua sin problema, entonces me dijeron que me la podían montar en la cocina y que intentarían no molestarme mucho durante la reunión porque tratarían de no entrar demasiado a la cocina a usar la Nespresso y el microondas. Le dije que de eso ni hablar y me contestaron que los intérpretes éramos demasiado tiquismiquis, si total, un café no tardaba ni 30 segundos en hacerse.


Anécdota

8) De telelfonos y niños en vela
José Sergio Pajares Nievas

Hace unos años realizamos un crucero por las islas griegas con motivo del viaje de fin de carrera. A todos casi nos dio un síncope cuando al montarnos en el ascensor del barco vimos que, en caso de emergencia, lo mejor era utilizar el boton de Alama (sic) o el telelfono (sic). Sin embargo, el ataque al corazón llegaría poco después, cuando vimos que se nos avisaba de que, como una medida de seguridad, los niños no podían dormir en la parte superior de la cama. Normal, no fueran a caerse y tener cualesquiera desafortunados accidentes.

 


9) Sorpresa estadística
Mónica Parcet

En unos textos escritos por un autor al que todos los que tuvieron el dudoso placer de tratar con él describían unánimemente —en la más caritativa de las versiones— como «pagado de sí mismo», nos topamos con la siguiente afirmación: «Jede zweite Frau im Alter von 20 bis 40 Jahren verhütet mit der Pille; im Alter von 20 bis 39 ist es jede Siebte» que, traducida, viene a decir: «Una de cada dos mujeres entre los 20 y los 40 años utiliza la píldora como método anticonceptivo, mientras que entre las de 20 a 39 años lo hace una de cada siete». ¡Menudo poderío el de las mujeres de 40, que consiguen subir el porcentaje de mujeres que toman la píldora del 14,28 % al 50 % ellas solitas!


10) El motor del futuro
Empar Paredes

Hace ya tres años, en la memoria de un proyecto que me había encargado un cliente nuevo, me encontré más de una sorpresa. Mis favoritas: «En el Audi A8, el éxito del llamamiento de los menús Audi drive select montados en serie es el botón CAR» para, sujetaos, «Im Audi A8 erfolgt der Aufruf des serienmäßigen Audi drive select Menüs über die CAR-Taste» (cuando el original significa algo así como «En el Audi A8, se accede al menú Audi drive select incorporado de serie mediante la tecla CAR» pero, claro, el diccionario dice que «Aufruf» es «llamamiento» y el verbo «erfolgt» suena parecido a «Erfolg» = «éxito»); y «El motor del futuro se dirige hacia los gases residuales calientes, de momento, mediante el catalizador de oxidación del motor» para «Vom Motor kommend werden die heißen Abgase zunächst durch den motornahen Oxidationskatalysator geleitet» (que sería «Procedentes del motor, los gases de escape caliente se conducen primero por el catalizador de oxidación cercano al motor», pero entenderéis que hablar del «motor del futuro» tiene más gancho).


11) Un pirata fashion-victim
Pilar Ramírez Tello

Hace unos años traduje una novela romántica de corte histórico cuyo protagonista era un pirata de los de toda la vida que se camelaba (más que nada, porque la chica era tonta) a una muchacha virgen y tal. El caso es que la novela transcurría a principios del s. xix, y el pirata, como debe ser, llevaba coleta. Pero cuando sale la novela a la venta, me entero de que la editorial y la correctora han decidido cortarle la coleta al pirata. Es decir, cada vez que la autora hace referencia a la dichosa coleta, la frase desaparece. ¿Por qué? Porque, según la editorial, lo de llevar coleta está pasado de moda, queda muy de años ochenta y no les gustaba. De hecho, en la contracubierta del libro aparece una ilustración del pirata con su pelico corto. Aluciné en colores y me pregunté qué pensaría la autora si lo supiera, claro.


12) Se aceptan sugerencias
Blanca Rodríguez

En una época en la que yo traducía del inglés al gallego menús de teléfonos móviles para un famoso fabricante de teléfonos móviles, me llegó un comentario de la persona que revisaba en aquel momento, en el que argumentaba que no se podía usar el término infravermellos para infrared, porque en gallego vermello solo se utilizaba para el color rojo. En el sistema que seguíamos, el revisor no proponía soluciones, solo marcaba los fallos y el traductor los aceptaba y los corregía o los rechazaba y explicaba por qué. Una lástima, porque me hubiera encantado conocer su propuesta.


13) Vulcanizado
Blanca Rodríguez

Hace muchos años, revisé la traducción de un curso del MIT. Había un problema en el que el profesor —que tenía que ser trekkie, sí o sí— utilizaba el universo Star Trek para plantear el problema en sí, pero evidentemente la persona que lo había traducido no tenía ni idea de lo que eran los Vulcan, y le dio por interpretar que Vulcan era el material del que estaba hecha la nave. Acabó montándose semejante lío que el problema no tenía ni el más mínimo sentido. Por desgracia, no conservo los archivos y no puedo contarlo con más detalles.


14) El poder de los acuerdos de confidencialidad
Llorenç Serrahima

En el año 2002 recibí un encargo de un laboratorio de veterinaria con sede en Alemania: traducir una carta circular para sus vendedores donde se advertía que un laboratorio de la competencia parecía estar alterando los datos de un ensayo científico. La circular instruía cómo se debían analizar los datos presuntamente manipulados y cómo rebatirlos ante el cliente.

Aproximadamente tres semanas más tarde, recibí un encargo del laboratorio acusado en el trabajo anterior, que también era cliente mío, aunque ocasional. Una circular rebatiendo los argumentos que difundía un laboratorio de la competencia, que argumentaba falsamente que los datos que ellos habían publicado sobre un ensayo clínico estaban manipulados. Tuve mis dudas, pero dado que no pensaba comunicar el contenido a nadie, traduje la argumentación y la mandé al cliente.

Todavía hubo una segunda traducción que hacer para el primer laboratorio y una última para el segundo, que también pasaron por mis manos. Hice todas las traducciones para ambos clientes y las cobré según la tarifa acordada, sin que ninguno de los dos clientes tuviera ninguna queja.


15) El menú del día
Beatriz Villena

Mi anécdota entra más en la categoría de correcciones exigidas por los clientes. Una vez, un cliente de un país hispanoamericano se empeñó en que tenía que cambiar todos los menús que aparecían en mi traducción por menuses, porque según él, ese era el plural correcto de menú. Me costó convencerlo de que estaba equivocado.


16) Tanto monta, monta tanto
Isabel Hoyos

Hace años, una agencia me pidió un presupuesto para una traducción de 40.000 palabras EN>ES. El texto final, muy técnico, iba a tardar una semana en estar listo, pero para evaluarlo me podían facilitar un documento traducido que les había pasado el cliente final. El documento, en sus versiones en inglés y castellano, me pareció difícil, pero viable. Acordamos las condiciones, y mientras llegaba el archivo final me puse a buscar información e incluso me compré un diccionario especializado. Como suele pasar en estos casos, mientras tanto, otro cliente me ofreció un suculento trabajo para esas mismas fechas, oferta que rechacé.

Cuando llegó el documento que había que traducir, se me cayó el alma a los pies: ¡estaba en castellano, y lo que necesitaban era una inversa! En la agencia estaban tan sorprendidos como yo, pero eso no me consoló, como os podéis imaginar…

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